EN DIRECTO|25 jul 2013, 12:00 AM|3|POR Rosa Mariana Brea Franco

La muerte del padre en la niñez

La muerte del padre en la niñez representa una pérdida muy sensible que requiere darle la debida atención para evitar problemas en el desarrollo futuro del niño.

Cuando nos referimos a los padres, incluimos no sólo a los padres biológicos sino a los padres que adoptan o aquellas personas que los reemplazan y que tienen un rol preponderante en la crianza.

Todos nosotros somos de alguna manera producto de nuestros padres. Aunque decidamos conscientemente no seguir su ejemplo, todos tenemos parte de ellos, de quienes nos criaron; sabemos que los primeros siete años de vida de una persona, son cruciales para el desarrollo futuro de la misma.

Ambos padres son necesarios para el desarrollo de la vida de un ser humano. La figura del padre, aunque esté presente desde el nacimiento, se comienza a sentir más en la vida de un niño a partir de los dos años, cuando logra irse independizando de la madre. A través del padre, el infante comienza a salir de ese núcleo protector que ha formado con la madre. El padre "invita" al niño a conocer el mundo, le da seguridad, apoyo, le transmite una identidad, y complementa la visión del mundo que le ofrece la madre.

Aunque en este artículo nos estamos enfocando en la pérdida del padre por muerte, muchas enfermedades físicas y mentales y algunas situaciones pueden provocar una "muerte" en vida: accidentes trágicos que provocan estados comatosos, demencias y encarcelamiento, entre otras circunstancias dolorosas. La persona esta física o simbólicamente presente, pero psicológicamente y emocionalmente ausente.

Ha prevalecido a través de los años la creencia de que a los niños se les debe proteger de la muerte, aun si es uno de los padres que muere. Hoy día se sostiene con seguridad de acuerdo con múltiples investigaciones, que al evitar, y por consiguiente, no asistir a los niños en sus pérdidas (aun las más tempranas), los exponemos a que desarrollen problemas emocionales en su vida futura.

Es de vital importancia, no sólo que a los pequeños se les ofrezca una adecuada explicación de la muerte, de acuerdo con la etapa del desarrollo del niño, sino que se le ofrezca asistencia para entender y procesar el duelo. Hay tres necesidades esenciales en los niños que pierden una figura parental que deberán tomarse en cuenta:

1) El niño pequeño que pierde a su padre deberá en la medida que crece, y con la ayuda de sus familiares, crear una imagen realista de quién fue su padre, y la relación que tuvo con él, aunque fuera por corto tiempo. Esto se hace mostrando fotografías, vídeos, relatos de anécdotas vividas con el padre, contadas por familiares y amigos.

2) Los niños deberán crecer con la pérdida, ir entendiéndola mejor, a medida que crecen.

3) Si el padre está ausente, desaparecido o ha fallecido, se debe tratar de que se acerque a otros familiares masculinos que pueden servir de soporte, como abuelos, tíos, padrinos...

Hay factores que pueden inhibir una adecuada respuesta del duelo en los niños (Rando):

-Incapacidad manifiesta para enfrentar el duelo de parte de la madre o hermanos mayores.

-Incapacidad de la madre o familiares cercanos para enfrentar la expresión del duelo en los niños, esto se da muchas veces por desconocimiento de cómo deben vivir los niños un duelo sano.

-No recibir ninguna explicación de la forma que murió el padre, dejando una estela de misterio y ambigüedad en el niño.

-Inestabilidad en la familia después de la pérdida.

-Sentimientos de culpa no reconocidos ni identificados.

-Asignación de parte de los adultos de roles y responsabilidades no adecuadas para la edad del niño.

Cuando la familia queda muy devastada por la pérdida, el niño como un mecanismo de defensa natural pospondrá el duelo.

Muchas veces, los niños presentan reacciones tardías, cuando al tener más edad, internalizan lo que significa no tener a un padre. De aquí se desprende la gran realidad de que el proceso de duelo, tanto para los niños como para los adultos, independientemente que sea aceptado o no, nunca concluye del todo. Se debe aprender a vivir con la pérdida, logrando encauzar la vida positivamente, pero recordando, no olvidando la importancia de esa relación significativa.

rosabrea@yahoo.com

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