El diseño de un sistema político debe hacerse como si fuera una obra de ingeniería, es decir, sabiéndose que existen leyes que deben ser aplicadas para evitar que el edificio institucional se caiga o resulte inoperante.

La separación de los poderes, promovida por Montesquieu, o el sistema de pesos y contrapesos, establecido en la constitución de los Estados Unidos, son leyes de diseño que contribuyen a la solidez del edificio institucional.

La República Dominicana es un país de gobierno unitario, es decir, un sistema en el cual la soberanía no está dividida como ocurre en los sistemas federales en los cuales existen dos niveles de soberanía interna: la federal o nacional y la estatal o local. Por eso, en los Estados Unidos por ejemplo, hay una policía estatal, una del condado, de acuerdo a las diferentes soberanías.

Ahora que se habla de descentralización en la República Dominicana se debe pensar muy bien cuáles serán los mecanismos que se utilizarán para evitar que las fuerzas centrífugas hagan colapsar el sistema, pues es sabido que a mayor independencia administrativa deben imponerse mayores controles y sistemas de consecuencias para evitar que la corrupción o el mal uso de los recursos destruyan el experimento.

Con unas instituciones de control que no funcionan o lo hacen mal, como la Cámara de Cuentas, y con un sistema judicial que ha sido incapaz hasta ahora de juzgar y penalizar los delitos administrativos, el esfuerzo descentralizador tiene pocas posibilidades de éxito.

Para descentralizar eficientemente, hay que crear los sistemas de control y de consecuencias cónsonos con la libertad que se otorga, o el resultado será el caos.

atejada@diariolibre.com

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