Va un señor a un banco y pide prestado un millón de pesos. Sale contento: TIENE un millón de pesos que antes no tenía. Entra otro y pide igualmente un millón de pesos. Sale contento pero preocupado: DEBE un millón de pesos (más los intereses) que antes no debía.

Eso es economía doméstica, pero si lo movemos a escala de cuentas nacionales... los patrones no son tan diferentes. La preocupación mostrada por Luis Abinader y el equipo de economistas del PRM tiene una base sólida.

El Congreso aprueba cuanto préstamo le envía el Ejecutivo. Lo aprueban alborozados, más con la satisfacción del que “resuelve” que con la preocupación por una deuda que engorda y engorda en dólares... en una economía que apenas los produce.

En cualquier clase de economía enseñan que no se pide prestado para pagar intereses o gasto corriente. Que se pide prestado para generar riqueza, no para pretender crecimiento.

De acuerdo con las cifras expuestas por el PRM el país debe 33,180 millones de dólares a una tasa de interés promedio del 9%. Eso es mucho dinero a una tasa muy alta. El dato más preocupante: al pago de los intereses de la deuda se destinará el equivalente al 28% de los ingresos tributarios. Los países no quiebran, se decía. Todavía tenemos capacidad de endeudamiento, se insiste. Estamos aparentemente en esa etapa: pedimos dinero prestado y celebramos que nos lo den sin pensar mucho en el pago.

Y en este esquema se cruzan dos variables complicadas: las plantas a carbón de Punta Catalina que están pasando de ser el proyecto estrella a un soberano incordio y los daños por las lluvias. Un escenario complicado.

IAizpun@diariolibre.com

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