El primero de los pactos debiera ser el pacto político. Los demás se caerían de la mata si se logran consensos mínimos que garanticen su permanencia.

Cuando la Estrategia Nacional de Desarrollo logró el consenso sobre los tres pactos, el fiscal, el eléctrico y el educativo, estaba partiendo de un acuerdo básico que no fue objetado por nadie en su momento.

Luego vinieron las elecciones y la aparente ruptura de ese consenso sobre diferentes aspectos de la vida nacional, que obliga a una nueva ronda de acuerdos básicos.

Obsérvese que no estamos hablando de apoyos políticos al gobierno de turno, sino de acuerdos sobre el contenido de los pactos que aseguren su vigencia independientemente de quién detente la Primera Magistratura del Estado o tenga mayoría en el Congreso.

Es evidente que ese consenso se está dando en el proceso político con la designación de la Junta Central Electoral y tendrá que darse en otras decisiones estatales. Por tanto, la oposición no puede levantar banderas sobre este punto y el Gobierno debe evitar romper ese logro. Piensen en el país del futuro.

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