El próximo sábado, 22 de octubre, se celebrará en Moca un simposio sobre Horacio Vásquez, auspiciado por la Oficina Senatorial de la Provincia Espaillat, la Academia Dominicana de la Historia, el Archivo General de la Nación, y la fundación que lleva su nombre.

Horacio Vásquez encarnó el liderazgo más largo y profundo que ha tenido el país. En 1894 participó, junto a Gregorio Luperón, en una revolución contra Lilís. Se exilió en Puerto Rico y allí organizó la Junta Revolucionaria de Jóvenes con el propósito de desterrar el despotismo. En 1899 encabezó el Movimiento 26 de Julio que culminó con el ajusticiamiento de Lilís de manos de Mon Cáceres Vásquez y Jacobito de Lara, entre un grupo de mocanos que participaron en la gesta.

En septiembre de 1899 asumió la presidencia provisional y convocó a elecciones mediante una proclama en la que exponía la esencia de su credo liberal: “yo no quiero satisfacer mis propias ambiciones, creando condiciones que perpetúen el despotismo haciéndolo más poderoso. Por el contrario, espero ver realizados mis deseos por medio de la práctica de métodos liberales y procedimientos honrados que han sido el ideal de toda mi vida. Por tanto, el gobierno que presido garantizará la libertad más absoluta y la honradez más estrictas en las elecciones venideras.”

En 1903 formuló un programa provisional de gobierno basado en la honradez, desarme, desarrollo agrícola, y educación pública.

Los avatares de la vida política lo llevaron a declinar la candidatura presidencial en 1905, a pesar de que era el líder del partido horacista, y respaldar la de su primo hermano Ramón (Mon) Cáceres Vásquez. Horacio entró en contradicción con algunos de los funcionarios y líneas políticas de ese gobierno. En 1909 decidió irse a un exilio voluntario.

En carta privada que en 2011 dirigió a Mon Cáceres Vásquez, lo exhortó a que “reflexione, Señor Presidente, esperando que su natural deseo por la grandeza cívica le permitirá oír mis palabras con el mismo sentimiento fraternal con que yo las expreso, y las cuales llevan el fervor de mi deseo por la salvación de nuestro país y la verdadera restauración de las instituciones democráticas.”

Ha habido partidarios de uno o del otro que se dieron a la tarea temprana de separarlos por medio de intrigas; y después de que Mon cayó lamentable y cobardemente asesinado por mentes dementes y manos insanas, ha habido otros que han continuado hasta nuestros días alimentando esas intrigas y actuando con mezquindad. En el plano familiar la vida se encargó de volver a unir a esos troncos.

En su período constitucional de gobierno entre 1924 y 1930, Horacio Vásquez protegió a la industria nacional y la agropecuaria, ejecutó un amplio plan de desarrollo de la infraestructura de salud (hospitales y acueductos), educativa (escuelas e institutos agrícolas), vial (carreteras, puentes y caminos); agropecuaria (obras de riego y promoción de cultivos), puertos.

Uno de sus grandes pilares fue la firma del Tratado de Límites con Haití, suscrito en 1929, acompañada con una política de asentamientos humanos en la frontera.

Joaquín Balaguer escribió que “si por algo ha de pasar Horacio Vásquez con resplandores de inmortalidad al libro de la historia, es por la colonización de las fronteras. Esa es la obra más llamada a dar a nuestra nacionalidad vida imperecedera.”

En el gobierno de Horacio hubo progreso, bienestar y crecimiento institucional.

En 1929 solicitó la presencia de una misión financiera presidida por Charles Dawes, ex vicepresidente de los Estados Unidos y premio Nobel de la Paz, que en un contexto de casi recesión mundial hizo recomendaciones difíciles de cumplir, como reducir compromisos financieros contraídos; reformular contratos que se estimaban sobrevalorados; crear las leyes de presupuesto, obras públicas y contabilidad; y las oficinas del Contralor y Auditor General. El gobierno de Horacio las puso en vigencia con objeto de fortalecer la institucionalidad e introducir mayor transparencia en el manejo de los recursos públicos.

Trujillo lo derribó, cegado por la ambición de poder y riqueza, y encargó a sus intelectuales que dañasen la imagen de Horacio para que dejara de ser símbolo cívico y de lucha por la democracia y las libertades, labor reforzada hasta nuestros días con la pinza introducida por relacionados de quienes alimentaron la división entre los primos.

El manifiesto lanzado por Horacio Vásquez después de derrocado, constituye un legado para su pueblo. Copiamos un par de párrafos. “Puedo mirar hacia atrás sobre el panorama de mi gestión gubernativa, sin temor de hallar en el una sombra que pudiera angustiarla: impulsé el progreso nacional, acaté la ley, conservé la libertad y respeté la dignidad del ciudadano. Mantuve inalterablemente las características de un gobierno civil, venciendo los obstáculos que le oponían nuestras tradiciones de arbitrariedad; quise darle brillo a las instituciones, relegadas por la violencia o el despotismo a una existencia apagada y secundaria a través de casi toda nuestra historia.” Y agregaba: “abandono el poder con las manos limpias de oro y de sangre y el espíritu libre de remordimientos y de odios; y puedo afirmar con veracidad absoluta que la única perturbación que conturba mi ánimo en estos momentos se refiere al porvenir de la patria que he amado con todas mis fuerzas toda mi vida.”

Horacio Vásquez cometió errores políticos, como humano que era. Pero, por su credo liberal e institucional, defensa de las libertades, y honestidad a toda prueba, ahora más que nunca es un ejemplo a seguir por la juventud dominicana. La Fundación Horacio Vásquez se propone poner de relieve la dignidad y principios con que asumió la vida pública en compañía de su ejemplar esposa, y poetisa, Trina de Moya de Vásquez. Se propone, además, lograr que las autoridades nacionales hagan suya la idea de la creación de un museo en su pueblo de Moca destinado a honrar su memoria, y que la residencia situada en Tamboril en la que pasaron sus últimos años de vida sea rescatada de las ruinas y convertida en casa museo.

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