|Turismo|
| 15 NOV 2016, 12:00 AM

Dos décadas de servicio en la industria sin chimeneas

A los 20 años de haber iniciado sus operaciones, Altocerro tiene las características de una empresa adulta

 Vista de Altocerro, cuya solidez empresarial se puede apreciar con objetividad después de cuatro lustros.
Vista de Altocerro, cuya solidez empresarial se puede apreciar con objetividad después de cuatro lustros.

Con motivo de celebrar este año el vigésimo aniversario del Hotel Altocerro en Constanza, quiero dejar plasmadas algunas ideas de lo que ha sido y es este proyecto turístico.

Altocerro fue ideado, diseñado y construido por su único dueño, el arquitecto Daniel Matías Abreu, con el apoyo de su esposa Mercedes Angelina Meléndez Valencia (Nini), fallecida en el año 2004.

El arquitecto Matías es un destacado hijo de Constanza, pueblo al que ha dedicado su esfuerzo profesional en los últimos años; un visionario que, con su ilusión, su trabajo tesonero y su creatividad, desarrolla este innovador proyecto ecoturístico con recursos propios, “poniendo todos los huevos en una sola canasta y viendo veinte años después, que ya tiene varios pollitos”, pues fabrica incluso los blocks, viguetas, bovedillas y tejas para el consumo del proyecto.

Las instalaciones de Altocerro han sido desarrolladas en una lometa de más de 50,000 metros cuadrados, a 1,100 metros sobre el nivel del mar, con una hermosa vista panorámica del Valle de Constanza.

Inicia sus operaciones con ocho villas, para hoy, cuatro lustros después, contar con 34 villas independientes, dos suites anexas a dos villas, un hotel con ocho habitaciones y dos suites, para un total de 68 habitaciones.

Cuenta además con un Centro de Convenciones, único en la zona, con salones cerrados cuya capacidad abarca entre 60 y 300 personas, ideal para seminarios, conferencias, bodas, retiros espirituales y cenas de gala. Dispone también de área de camping, canopy, terrazas con vista al valle, el Kiosco del Agua, minimarket, restaurante, huerto donde se cultivan de manera orgánica los vegetales y las frutas que se consumen en el hotel, vivero reproductor para mantener la ornamentación del hotel siempre con hermosas plantas.

Al abrir sus puertas Altocerro en el año 1996, se relanza el turismo de la zona.

El nombre de Altocerro es tomado, previa autorización de su autor, del título del libro “Crónicas de Altocerro” escrito en el año 1966 por el reconocido intelectual Virgilio Díaz Grullón, amigo personal del arquitecto Matías y compañero de tertulias literarias.

Altocerro ha sido un reto, un desafío, que nace para fortalecer la industria turística dominicana, con el propósito de crear conciencia sobre la necesidad de propiciar un ambiente adecuado para las actividades ecológicas y recreativas del turismo.

Dos decenios de Altocerro han sido posibles gracias al trabajo en equipo y a la unidad familiar, a la responsabilidad asumida por cada uno de los descendientes de la familia Matías Meléndez con Daniel a la cabeza: David, es su primer gerente de operaciones; Mariam, desde que comienza el hotel es la gerente de reservaciones, eventos y grupos; Danielín asume la gerencia cuando David pasa a dedicarse a su empresa de alimentación y Mariel, a su regreso al país procedente de España, dirige las relaciones públicas y las comunicaciones.

Importante también dar las gracias a la capacidad de servicio de sus empleados, quienes han demostrado fidelidad a la empresa en tiempos normales y en momentos de crisis. Hay que resaltar en ellos el respeto y la calidad del servicio ofrecido a los clientes, lo que se puede constatar con el Certificado a la Excelencia Trip Advisor recibido por segundo año consecutivo, como resultado de un trabajo constante, de un servicio de calidad, de una infraestructura adecuada y de la opinión de los clientes, que durante estos 20 años han hecho de Altocerro su segunda casa en la montaña, porque han encontrado en este espacio el lugar ideal de descanso.

El paso del tiempo ha demostrado que este proyecto no solo era factible, sino que un hotel con la particularidad de Altocerro constituía una necesidad para la zona montañosa de la cordillera central y para el país.

Ver los jardines de Altocerro es recordar que los propietarios son personas que valoran la ecología, que se han empeñado en hacer de este hotel más que un jardín, un oasis donde se preserva lo que nos ha regalado la naturaleza, y esto se puede observar en cada una de las plantas que 20 años después permanecen: los cipreses, las acacias, las trinitarias, los gri-gri, estos últimos definiendo la entrada al proyecto con sus múltiples diseños. Al caminar por los agradables espacios del hotel, los visitantes se pueden deleitar viendo conejos, palomas, patos, gansos que complementan la vista.

El acogedor restaurante ha mantenido la tradición y en el menú aún se conservan platos emblemáticos de la cocina de Altocerro: ovejo al romero, conejo al vino y los tradicionales perdigones, entre otros.

Hoy, 20 años después, Daniel Matías Abreu puede situarse como un paradigma entre los miembros de su generación: su amor a la patria quedó manifestado en su lucha política dentro del Movimiento 14 de junio, así como en su participación en noviembre de 1963 en la insurrección encabezada por Manuel Aurelio Tavárez Justo, en el frente guerrillero Gregorio Luperón, concentrado en Samaná. Su visión empresarial con la construcción de Altocerro confirma esa devoción a su país.

Constanza y el país tienen motivos para celebrar los 20 años de servicio en la industria sin chimeneas de Altocerro.

“Poniendo todos los huevos en una sola canasta y viendo 20 años después, que ya tiene varios pollitos”

Daniel Matías Abreu

Arquitecto

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