50 mueren en Jimaní sepultados por las aguas del río Blanco
Las labores de rescate se realizan en condiciones precarias
JIMANI. El río Blanco, que nace en Haití con el nombre de Soliere, se desbordó y dejó a su paso al menos 50 muertos y 125 heridos, según versión ofrecida a DL anoche por Radhamés Lora Salcedo, director de la Defensa Civil, quien advirtió, sin embargo, que no será hasta hoy cuando se tengan cifras más exactas. Anoche, otras fuentes hablaban de una mayor cantidad de muertos.
Las aguas del río haitiano destruyeron casi por completo el barrio La 40, de Jimaní, el sector más marginal del pueblo, donde conviven familias haitianas y dominicanas. Otros sectores del municipio también fueron afectados por las corrientes, aunque en menor medida.
El horror se apoderó de Jimaní. Ayer a las 4:00 de la tarde, entre el lodo, se podía ver la cabecita de un niño que no pudo escapar de la inundación. Cerca de él, casi sin percibirlo, se movían de un lado a otro vecinos que lograron sobrevivir a la tragedia, cargando unos pocos ajuares. En la desbordada morgue, los cadáveres se apilaban unos sobre otros, dando la dimensión de la tragedia.
Entre tanto, en la fortaleza, que ahora también sirve de refugio y dispensario, Tomás, un hombre haitiano de 28 años, lloraba por sus dos hijos, a los que no pudo detener cuando la corriente se los llevaba. Él no sabe si Dafi, de siete años, y Jefferson, de cuatro, aún se encuentran con vida. Pero, no tiene muchas esperanzas.
A su alrededor, miembros de la Defensa Civil y la Cruz Roja ayudaban en el traslado y rescate de otros, que físicamente están más mal heridos.
El encargado de rescate por la Defensa Civil Edwin Olivares dijo que al menos dos helicópteros trabajan en labores de rescate y asistencia a las víctimas. Pero, a medida que avanza el tiempo, se pierden esperanzas de hallar con vida a sobrevivientes. En una finca ubicada a unos siete kilómetros de Jimaní fueron encontradas con graves signos de desidratación y desorientadas dos mujeres que fueron arrastradas por las aguas. Una de ellas lloraba, sin poder explicarse, por una niña que aparentemente no pudo rescatar.
Personal de la Defensa Civil informó a DL a eso de las 3:00 de la tarde que habían visto al menos diez cadáveres esparcidos en el terreno donde estuvo La 40.
Por ahora no se ha hecho un estimado de las pérdidas materiales, pero en La 40 pocas cosas quedaron en pie y se han perdido plantaciones de lechoza y otros cultivos.
Aunque en menor escala, en otras partes del Suroeste también hubo inundaciones. En Vicente Noble, un arroyo desbordado llenó todas las calles y algunas casas de agua. En Neyba, el río Panzo arrasó con varios platanales. Entre tanto, está intransitable la carretera que conduce de Duvergé a Neyba por el desbordamiento de varios ríos y arroyos.
El río Yaque del Sur, llevaba mucho más agua de lo usual. El tubo que indica la medida de las aguas del río en Tamayo había pasado de verde a amarillo, lo que sirve de alerta a los habitantes de este poblado, y las comunidades de El Jobo y Uvilla.
[b]En 1998, en el Sur contaron decenas de muertos[/b]
El Sur vuelve a ver los muertos ahogados por docenas. En noviembre de 1998, el paso del huracán Georges provocó tantas lluvias que pueblos enteros de la región fueron sepultados por las aguas que desbordaron los cauces de los ríos.
En Palmarejo, Azua, enterraron a cinco personas, pero nunca se supo de otras 30, haitianos se dijo, a quienes las aguas arrancaron de un alero de un antiguo bar. El pueblo tenía 204 viviendas, de las que sólo quedaron en pie cuatro.
En Cabeza de Toro, Tamayo, el cieno lo enterró todo.
De la presa de Sabaneta salió tanta agua en tan poco tiempo que el pueblo de Mesopotamia quedó sepultado bajo el lodo.
El drama de las inundaciones vuelve a romper la vida de miles de sureños, seis años después de Georges
[b]Solidaridad en Nueva York[b]
El consulado de República Dominicana en Nueva York inició una campaña de recaudación de ayuda para los damnificados por las lluvias en ese país caribeño, que han dejado al menos 45 muertos y 200 desaparecidos, según datos oficiales.
El cónsul José Pimentel indicó que unirán esfuerzos con el reverendo Miguel Amadís, de la iglesia El Camino, para recabar la cooperación de toda la comunidad latina en esta ciudad.
Recordó que en la Gran Manzana opera un comité de ayuda a damnificados de fenómenos naturales que en ocasiones anteriores ha recogido valiosas contribuciones para los afectados.
"Estamos asumiendo el compromiso de movilizar las mejores voluntades para que nuestros hermanos damnificados reciben lo antes posible el socorro de los que residimos en Nueva York y otras partes, como lo hemos hecho en anteriores momentos de tragedias, como la que viven los compatriotas", indicó Pimentel.
Las aguas del río haitiano destruyeron casi por completo el barrio La 40, de Jimaní, el sector más marginal del pueblo, donde conviven familias haitianas y dominicanas. Otros sectores del municipio también fueron afectados por las corrientes, aunque en menor medida.
El horror se apoderó de Jimaní. Ayer a las 4:00 de la tarde, entre el lodo, se podía ver la cabecita de un niño que no pudo escapar de la inundación. Cerca de él, casi sin percibirlo, se movían de un lado a otro vecinos que lograron sobrevivir a la tragedia, cargando unos pocos ajuares. En la desbordada morgue, los cadáveres se apilaban unos sobre otros, dando la dimensión de la tragedia.
Entre tanto, en la fortaleza, que ahora también sirve de refugio y dispensario, Tomás, un hombre haitiano de 28 años, lloraba por sus dos hijos, a los que no pudo detener cuando la corriente se los llevaba. Él no sabe si Dafi, de siete años, y Jefferson, de cuatro, aún se encuentran con vida. Pero, no tiene muchas esperanzas.
A su alrededor, miembros de la Defensa Civil y la Cruz Roja ayudaban en el traslado y rescate de otros, que físicamente están más mal heridos.
El encargado de rescate por la Defensa Civil Edwin Olivares dijo que al menos dos helicópteros trabajan en labores de rescate y asistencia a las víctimas. Pero, a medida que avanza el tiempo, se pierden esperanzas de hallar con vida a sobrevivientes. En una finca ubicada a unos siete kilómetros de Jimaní fueron encontradas con graves signos de desidratación y desorientadas dos mujeres que fueron arrastradas por las aguas. Una de ellas lloraba, sin poder explicarse, por una niña que aparentemente no pudo rescatar.
Personal de la Defensa Civil informó a DL a eso de las 3:00 de la tarde que habían visto al menos diez cadáveres esparcidos en el terreno donde estuvo La 40.
Por ahora no se ha hecho un estimado de las pérdidas materiales, pero en La 40 pocas cosas quedaron en pie y se han perdido plantaciones de lechoza y otros cultivos.
Aunque en menor escala, en otras partes del Suroeste también hubo inundaciones. En Vicente Noble, un arroyo desbordado llenó todas las calles y algunas casas de agua. En Neyba, el río Panzo arrasó con varios platanales. Entre tanto, está intransitable la carretera que conduce de Duvergé a Neyba por el desbordamiento de varios ríos y arroyos.
El río Yaque del Sur, llevaba mucho más agua de lo usual. El tubo que indica la medida de las aguas del río en Tamayo había pasado de verde a amarillo, lo que sirve de alerta a los habitantes de este poblado, y las comunidades de El Jobo y Uvilla.
[b]En 1998, en el Sur contaron decenas de muertos[/b]
El Sur vuelve a ver los muertos ahogados por docenas. En noviembre de 1998, el paso del huracán Georges provocó tantas lluvias que pueblos enteros de la región fueron sepultados por las aguas que desbordaron los cauces de los ríos.
En Palmarejo, Azua, enterraron a cinco personas, pero nunca se supo de otras 30, haitianos se dijo, a quienes las aguas arrancaron de un alero de un antiguo bar. El pueblo tenía 204 viviendas, de las que sólo quedaron en pie cuatro.
En Cabeza de Toro, Tamayo, el cieno lo enterró todo.
De la presa de Sabaneta salió tanta agua en tan poco tiempo que el pueblo de Mesopotamia quedó sepultado bajo el lodo.
El drama de las inundaciones vuelve a romper la vida de miles de sureños, seis años después de Georges
[b]Solidaridad en Nueva York[b]
El consulado de República Dominicana en Nueva York inició una campaña de recaudación de ayuda para los damnificados por las lluvias en ese país caribeño, que han dejado al menos 45 muertos y 200 desaparecidos, según datos oficiales.
El cónsul José Pimentel indicó que unirán esfuerzos con el reverendo Miguel Amadís, de la iglesia El Camino, para recabar la cooperación de toda la comunidad latina en esta ciudad.
Recordó que en la Gran Manzana opera un comité de ayuda a damnificados de fenómenos naturales que en ocasiones anteriores ha recogido valiosas contribuciones para los afectados.
"Estamos asumiendo el compromiso de movilizar las mejores voluntades para que nuestros hermanos damnificados reciben lo antes posible el socorro de los que residimos en Nueva York y otras partes, como lo hemos hecho en anteriores momentos de tragedias, como la que viven los compatriotas", indicó Pimentel.
Diario Libre

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