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A cada piel su tratamiento

Quizá ningún tratamiento cosmético garantice una piel sin arrugas o limpia de granos, pero está claro que hay notables diferencias entre un cutis cuidado y uno al que no se presta mucha atención. Y no sólo se trata una cuestión de estética sino también de salud; la piel es un órgano y, como tal, debemos ocuparnos de su buen estado.

Tradicionalmente, los tipos de cutis se dividen en cuatro grupos: graso, seco, mixto y sensible. Dentro de estos apartados existen subgrupos que varían según la intensidad del problema o la combinación de varios de ellos.

El cutis graso presenta poros abiertos, puntos negros y espinillas, y un aspecto brillante. Entre sus ventajas destacan su resistencia a las inclemencias del tiempo y a la aparición de las arrugas, a las que es menos sensible que otras pieles. En su contra está una apariencia poco tersa y suave, así como con imperfecciones.

Aunque todas las pieles precisan de una buena higiene, en el caso de la grasa hay que tomarse este paso como una obligación diaria ineludible. Se puede emplear cualquier producto específico en jabón o leche, por la mañana y por la noche, usando agua tibia para retirarlo.

La limpieza debe hacerse con una intensidad normal y sin pasarse en frecuencia, ya que la piel tiene unos ritmos celulares que hay que respetar. Una vez a la semana conviene aplicar una exfoliante para retirar las células muertas, y una mascarilla para realizar una limpieza profunda. La de arcilla suele ir bien: basta con ponerla sobre el rostro, dejarla actuar 10 minutos y retirarla con agua tibia.

Los baños de vapor con lavanda, romero y menta también ayudan a limpiar los poros y reducir los puntos negros. Es importante no tocarse los granos y acudir de vez en cuando a un centro estético para que un profesional efectúe su extracción con las garantías higiénicas necesarias. Aunque a primera vista no lo parezca, estos cutis necesitan hidratación. El hecho de que les sobre grasa, no significa que tengan el agua necesaria y hay que proporcionársela a través de cremas libres de aceite.

Las pieles secas presentan otra serie de problemas. Los más importantes son que sufren un envejecimiento prematuro y que no toleran bien ni el frío ni el sol. El cutis seco se muestra tirante, poco luminoso y apagado, como si le faltara vida. Todo está provocado por una mala secreción de las glándulas cutáneas y una deshidratación de las capas más superficiales de la epidermis.

Todo tratamiento que se encamine a proporcionarle humedad será beneficioso, y por eso es importante olvidarse de los jabones fuertes, y optar por leches limpiadoras y geles con aceites naturales y ph neutro. Nada de productos que contengan alcohol, y sí una buena hidratación diaria con cremas que ayuden a mantener el manto ácido de la piel y su equilibrio hidrolipídico.

Es interesante emplear cremas nutritivas que lubriquen las capas externas de la piel y ayuden a retrasar el envejecimiento, y que son más eficaces si se emplean por la noche, momento en que la piel absorbe mejor cualquier fórmula tratante. Una mascarilla casera a base de aguacate y clara de huevo puede devolver luminosidad a este tipo de pieles.

Las pieles sensibles son finas, suaves y trasparentes, pero también muy delicadas. Reaccionan mal al frío excesivo, el calor o el sol, y hay que tener mucho cuidado con los productos cosméticos que se utilizan. Enseguida se descaman, se secan y se enrojecen, lo que obliga a protegerlas de los agentes externos y tratar de que mantengan un buen nivel de hidratación.

Las reacciones alérgicas y el enrojecimiento son signos de que las capas más externas de la epidermis han perdido agua. Este tipo de cutis debe mimarse durante la limpieza, empleando leches limpiadoras suaves y tónicos sin alcohol. También se pueden utilizar productos humidificantes que la refresquen y lo calmen. Las cremas hidratantes y nutritivas deben haber sido testadas dermatológicamente y ser hipoalergénicas, sin ningún tipo de perfumes.

Conviene emplear cremas con filtros solares para que la acción del sol no lo dañe y provoque reacciones alérgicas. Si dormir con maquillaje es una costumbre nefasta para cualquier piel, en el caso de las sensibles resulta todavía más importante evitarlo. De hecho, no sólo las cremas deben adaptarse a un cutis sensible, es fundamental que también lo hagan maquillajes o polvos correctores. Una mascarilla con miel, aceite de almendras y harina de avena puede ser un buen calmante.

Finalmente, la piel mixta es aquella que presenta áreas grasas, la llamada zona T que va desde la frente, por la nariz y hasta el mentón, y secas, que corresponden a las mejillas, la zona del alrededor de la boca y el cuello. Al tener distintas características y necesidades opuestas, lo ideal es tratar cada área con productos diferentes y adecuados a cada una de ellas.

También se puede emplear una mezcla de productos, usando, por ejemplo, una leche limpiadora para pieles secas y un tónico para grasas, y realizar una exfoliación semanal poniendo especial énfasis justo donde se acumulan más puntos negros y espinillas. Esta zona se puede tratar con mascarillas de arcilla, utilizando para todo el rostro una que posea propiedades calmantes.

Respecto a la nutrición y la hidratación, en el mercado existen cremas específicas para estas pieles, que por otro lado, son bastante comunes entre las mujeres. Una mascarilla a base de yogur y harina de avena ayudará a controlar las zonas secas y las grasas, proporcionándoles el equilibrio que precisan y relajándolas.