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Al final de la dictadura España reafirmó sus críticas a Trujillo

Los informes recogen los intentos del tirano por establecer relaciones diplomáticas con la Unión Soviética

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Al final de la dictadura España reafirmó sus críticas a Trujillo
Trujillo y Franco en amena conversación.
Santo Domingo. Durante los últimos años de la dictadura trujillista, los informes de la delegación española en el país empiezan con tímidas críticas a ciertos acontecimientos, tanto de política interna como externa.

El primero de estos documentos versa sobre un encuentro entre los embajadores de España y de República Dominicana en Haití. La carta confidencial firmada el 9 de mayo de 1952 recoge las declaraciones de José Aybar, en las que cuenta las artimañas de Trujillo para resolver el conflicto de frontera de 1937, y de cómo el dictador compró a cuantas personalidades y medios extranjeros pudo, además de su generosidad monetaria para con ciertos diplomáticos.

"Dijo (el embajador dominicano en Haití) que pocos son los diplomáticos de Cuba que no han partido de Ciudad Trujillo luego de terminar su misión, con la cifra de 250 mil dólares o más, y que el 'descoco' de algunos de esos llegó hasta a pasar todos sus gastos de desplazamiento de sus vacaciones a la Secretaría del Presidente que pagaba religiosamente".

En 1952 Manuel Valdés es el embajador español en el país y según el libro "La alianza de dos generalísimos" de Francisco Javier Alonso, éste dio prioridad a las cuestiones financieras, logrando varios acuerdos económicos con los dominicanos. Sin embargo, en sus informes internos expresa sus quejas por la apertura de la iglesia a los masones, así como el mal trato que entendía le dio la dictadura a la Orden de los Dominicos recién llegada para entonces a República Dominicana.

Ya para 1955, año de la inauguración de la Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre, la Embajada de España está a cargo del marqués de Merry del Val, quien vuelve a revivir los elogios hacía Trujillo y en una carta del 12 de febrero de ese año, resalta su interés de participar de aquel acto. "Nos ha apoyado en las NU (Naciones Unidas) y siempre que se le ha solicitado ha votado a favor de España en otras organizaciones internacionales. En la Exposición de Sevilla construyó un pabellón permanente. Por esas razones y otras de índole tradicional, histórico y políticas que mucho mejor que yo conoce V. E., creo que se impone el que hagamos más que ningún otro país, un gesto que sé complacerá al Generalísimo más que ningún otro".

Pero quizá el más destacado de los informes de 1956 se refiere a la carta que envía el marqués sobre la colaboración militar del ejército español al dominicano. Se trató de un contrato para que cuatro oficiales españoles ejercieran de profesores en la Academia Militar.

"No son las condiciones que ofrece el teniente general Trujillo tan ventajosas como las que yo hubiera deseado… sin embargo, tampoco ahora se exigen como entonces, que los militares sean de tan alta graduación y se deja en absoluta libertad a nuestras competentes autoridades para que los designen de las categorías que estimen más oportuna".

El contrato, a cargo del teniente general Antonio Leyba Pou, establecía sueldos mensuales de 300 dólares, vivienda y alimentación a cargo de la Aviación Militar Dominicana y transporte gratis, incluyendo viajes a España.

El historiador Dante Ortiz recuerda que para esos años se dio un periodo de afianzamiento entre las relaciones diplomáticas de Franco y Trujillo, matizadas por intercambios culturales y desfiles militares conjuntos, aunque a la vez, de forma particular, hubo cierto distanciamiento por las acciones sediciosas de algunos españoles, en especial de sacerdotes, que fueron denunciados por su labores en contra del régimen.

Muestra del deterioro interno de aquellas relaciones es el documento que para finales del año 1956 aparece firmado por Pedro Ortiz Armengol, encargado de negocios de España en el país, en el que detalla cómo debió gestionar su invitación al acto de consagración de un obispo español en La Vega y de cómo su nombre no apareció en los reportes periodísticos del evento, pese a que ocupó un asiento preferencial durante la ceremonia.

La dictadura

A partir de entonces, y luego de muchos años, los informes de la delegación española se refieren a gobierno de Trujillo como una dictadura. En una de sus cartas, Ortiz Armengol cuestiona cómo los españoles labradores deben regresar a España porque la vida se les hacía insoportable en Dominicana. "El gobierno dominicano no ha cumplido con lo estipulado en los contratos que firmaron con los labradores valencianos, de darles tierras, aparatos de labranzas, semillas, casas, luz, etc".

Cuestionaba que los que habían conseguido tierras sólo tenían tierras malas, mitad montes y sin regadíos, pero que además tenían que convivir con personas que, entre otra cosas, desconocían del plato y la cuchara.

Para el año 1958 los reportes de la Embajada de España a sus superiores de Madrid se inician con datos detallados sobre la integración de las Fuerzas Amadas Dominicanas y sus armamentos, así como todos los movimientos que se realizan en el cuerpo castrense, y el miedo de atentados contra el régimen trujillista desde Cuba o Venezuela.

"Actualmente se muestran muy deseosos de presionar a los norteamericanos para obtener de ellos mayor número de aviones de caza y barcos ligeros, contratorpederos y guardacostas a fin de poder con ellos asegurar mejor la vigilancia en el mar".

Y como forma de contribuir a la organización militar dominicana, el 28 de marzo de 1958 el Ministro del Ejército español, Antonio Barroso, escribe una nota informando sobre la disponibilidad de España para que los dominicanos puedan adquirir armas tales como ametralladoras, cañones y morteros.

Sin embargo, las informaciones siguientes del la Embajada de España muestran un aire de pesimismo sobre la hegemonía de la dictadura, caracterizada principalmente por un distanciamiento entre los gobiernos dominicano y estadounidense. Relatan además el descontento y críticas que generó en la población el cobro de un 10% de los sueldos de los empleados para atenciones del Partido Dominicano. Los españoles cuestionan además el trato periodístico que se dio en el país a la llegada al poder en Venezuela de Rómulo Betancourt, y las constantes críticas que desde aquí se hacían al proceso electoral venezolano.

Apenas en enero de 1959, otra carta de carácter reservado muestra la acogida en la Embajada Venezolana de un grupo de dominicanos a los que el embajador español califica como "gente de escasísima significación y prácticamente desconocidos". Para el 15 de junio de ese año, el embajador Alfredo Sánchez Bella informa sobre la ruptura entre los gobiernos dominicano y venezolano.

Continuará....