Banco Agrícola y subsidios: tragedia recurrente
El sector agropecuario merece un apoyo especial, pero cómo dar ese apoyo puede ser muy importante

Santo Domingo. En ocasión de los daños causados por la tormenta tropical "Noel", el Gobierno anunció que iba a "solicitar" al Banco Agrícola una moratoria por seis meses en el pago de intereses de los "medianos y pequeños" productores cuyas cosechas fueron afectadas por dicha tormenta. También se anunció un plan de "capitalización" del banco por valor de mil doscientos millones de pesos, a fin de refinanciar las deudas de los productores que fueron afectados y para el inicio de nuevas cosechas.
¿Quién puede estar en desacuerdo con la recuperación del sector agrícola, tanto por razones económicas como por consideraciones sociales? La forma de hacerlo, sin embargo, es muy relevante.
Ciclos de descapitalización
El Banco Agrícola ha sufrido repetidos ciclos de descapitalización y posterior capitalización que han costado miles de millones de pesos al Estado dominicano. En esa triste historia el arroz ha sido un gran protagonista, pero otros productos agrícolas y ganaderos también han jugado un rol significativo. El proceso ha tenido varias modalidades, pero usualmente comienza con los créditos a los productores, los cuales luego dicen no poder pagar por causas fuera de su control (bajas de precio, competencia de bienes importados, plagas, ciclones y otros), se conceden moratorias, más adelante condonaciones de deudas, el banco tiene pérdidas que consumen su capital, se le asignan fondos públicos presupuestarios, o se le otorgan préstamos bancarios estatales (que posteriormente se cancelan), se absorben las pérdidas y se reponen sus disponibilidades de efectivo. El ciclo comienza de nuevo.
Vulnerabilidad del sector
Es cierto que el sector agropecuario es vulnerable. La tecnología de invernaderos y granjas disminuye esa vulnerabilidad. Pero aún así no es lo mismo producir bienes manufacturados, con inventarios y suministros estables de materias primas y productos intermedios, con instalaciones en zonas urbanas, que producir en áreas rurales sujetas a plagas y enfermedades, expuestas a inundaciones o a quedar incomunicadas. El apoyo al sector es, por lo tanto, justificado. Y aparte de eso existe la conveniencia de no depender totalmente de alimentos importados, ya que a pesar de la globalización, es arriesgado prescindir de la producción interna contando con que otros bienes, el turismo, las remesas y las inversiones extranjeras proveerán las divisas necesarias para asegurar un flujo adecuado de importaciones, por no hablar del efecto que podría tener sobre el sustento alimenticio la ocurrencia de conflictos bélicos que pudiesen interrumpir, reorientar o desarticular el transporte de mercancías.
Los bancos de desarrollo
Ese apoyo, sin embargo, no tiene por qué hacerse a expensas de la integridad financiera y, sobre todo, del funcionamiento correcto de una institución de naturaleza bancaria. El Banco Agrícola es indudablemente un banco de desarrollo. Pero no hay nada que diga que un banco de desarrollo existe para asumir pérdidas. Como toda entidad bancaria, un banco de desarrollo debe ser solvente. Puede tener, como cualquier otro banco, préstamos que resulten ser incobrables. Pero ahí están las garantías. Como banco de desarrollo debe incluir en sus programas crediticios soporte técnico para los prestatarios. Y acomodar los plazos de los préstamos al ciclo de producción de las actividades financiadas. También debe reconocer el mayor período de recuperación de las inversiones. Tiene que suplir créditos en montos y plazos compatibles con las necesidades de los productores, pero no debe perder de forma sistemática.
El seguro agrícola
El apoyo financiero que reconocemos merece el sector agropecuario debe venir por otras vías. Una de ellas es el seguro agrícola. Por el carácter catastrófico que pueden tener eventos como huracanes, inundaciones, sequías, incendios forestales, plagas y otros fenómenos, este seguro tiene que estar a cargo del Estado, sea individualmente en cada país, o de forma regionalizada con la participación de varias naciones. Aunque los recursos provengan del estado, este seguro debe manejarse técnicamente, creando e invirtiendo sus reservas correctamente. Si hubiésemos contado con este seguro, con reservas acumuladas durante los años libres de catástrofes, no habría necesidad ahora de aumentar la deuda pública, que todos tendremos que pagar, en ocho mil millones de pesos.
El fondo de garantía
Pero no sólo deben cubrirse las catástrofes. Otra forma de apoyo es la creación de un fondo de garantía de préstamos. Este tipo de fondo puede constituirse con aportes del Estado y de los mismos productores. Sabemos que aún en años sin desastres, productores individuales pueden ser afectados por circunstancias fuera de su control. El fondo de garantía, en esos casos y previa evaluación, pagaría los intereses y/o el capital de los créditos al banco prestamista. Ése podría ser el Banco Agrícola, pero con ese respaldo podrían ser también bancos privados, lo que incrementaría el flujo de recursos a la agropecuaria.
Titularización
Existe otra razón por la que el Banco Agrícola no debe perder en sus operaciones. Se trata de la posibilidad de titularizar sus préstamos, es decir, emitir valores respaldados con su cartera de préstamos y venderlos a inversionistas. Los cobros de intereses y amortizaciones son los que deben proveer los fondos para pagar a los inversionistas. ¿Quién va a invertir en valores del Banco Agrícola si en cualquier momento puede ocurrir una moratoria o una condonación de deudas?
Se podría decir que las capitalizaciones con recursos del Estado subsanan ese problema. Más aún, se podría alegar que dado que el Banco Agrícola es parte del Estado, es lo mismo que sea el Estado por vía del gobierno central o que sea el propio Banco Agrícola, el que asuma las pérdidas por el apoyo al sector agropecuario. Sin embargo, para un inversionista es muy diferente adquirir valores sustentados por préstamos que de por sí generan los recursos con que se honrarán las inversiones, a invertir en valores de una institución que periódicamente cae en bancarrota y que debe ser repetidamente sacada a flote por "capitalizaciones" que la eximen de la responsabilidad de actuar eficientemente, y que son además impredecibles, al ser dependientes de decisiones con alto contenido político.
El contexto actual
Nos parece que debería haber llegado el momento de cambiar malos hábitos. En lugar de moratoria de intereses, es mejor que el Estado asuma el pago de los intereses al Banco Agrícola; que la "capitalización" sea un verdadero aumento de capital y no un mecanismo para borrar pérdidas; y que de una vez se inicie el proceso de creación del seguro agrícola y el fondo de garantía, a fin se pueda en el futuro transparentar y racionalizar el apoyo financiero al sector agropecuario.
¿Quién puede estar en desacuerdo con la recuperación del sector agrícola, tanto por razones económicas como por consideraciones sociales? La forma de hacerlo, sin embargo, es muy relevante.
Ciclos de descapitalización
El Banco Agrícola ha sufrido repetidos ciclos de descapitalización y posterior capitalización que han costado miles de millones de pesos al Estado dominicano. En esa triste historia el arroz ha sido un gran protagonista, pero otros productos agrícolas y ganaderos también han jugado un rol significativo. El proceso ha tenido varias modalidades, pero usualmente comienza con los créditos a los productores, los cuales luego dicen no poder pagar por causas fuera de su control (bajas de precio, competencia de bienes importados, plagas, ciclones y otros), se conceden moratorias, más adelante condonaciones de deudas, el banco tiene pérdidas que consumen su capital, se le asignan fondos públicos presupuestarios, o se le otorgan préstamos bancarios estatales (que posteriormente se cancelan), se absorben las pérdidas y se reponen sus disponibilidades de efectivo. El ciclo comienza de nuevo.
Vulnerabilidad del sector
Es cierto que el sector agropecuario es vulnerable. La tecnología de invernaderos y granjas disminuye esa vulnerabilidad. Pero aún así no es lo mismo producir bienes manufacturados, con inventarios y suministros estables de materias primas y productos intermedios, con instalaciones en zonas urbanas, que producir en áreas rurales sujetas a plagas y enfermedades, expuestas a inundaciones o a quedar incomunicadas. El apoyo al sector es, por lo tanto, justificado. Y aparte de eso existe la conveniencia de no depender totalmente de alimentos importados, ya que a pesar de la globalización, es arriesgado prescindir de la producción interna contando con que otros bienes, el turismo, las remesas y las inversiones extranjeras proveerán las divisas necesarias para asegurar un flujo adecuado de importaciones, por no hablar del efecto que podría tener sobre el sustento alimenticio la ocurrencia de conflictos bélicos que pudiesen interrumpir, reorientar o desarticular el transporte de mercancías.
Los bancos de desarrollo
Ese apoyo, sin embargo, no tiene por qué hacerse a expensas de la integridad financiera y, sobre todo, del funcionamiento correcto de una institución de naturaleza bancaria. El Banco Agrícola es indudablemente un banco de desarrollo. Pero no hay nada que diga que un banco de desarrollo existe para asumir pérdidas. Como toda entidad bancaria, un banco de desarrollo debe ser solvente. Puede tener, como cualquier otro banco, préstamos que resulten ser incobrables. Pero ahí están las garantías. Como banco de desarrollo debe incluir en sus programas crediticios soporte técnico para los prestatarios. Y acomodar los plazos de los préstamos al ciclo de producción de las actividades financiadas. También debe reconocer el mayor período de recuperación de las inversiones. Tiene que suplir créditos en montos y plazos compatibles con las necesidades de los productores, pero no debe perder de forma sistemática.
El seguro agrícola
El apoyo financiero que reconocemos merece el sector agropecuario debe venir por otras vías. Una de ellas es el seguro agrícola. Por el carácter catastrófico que pueden tener eventos como huracanes, inundaciones, sequías, incendios forestales, plagas y otros fenómenos, este seguro tiene que estar a cargo del Estado, sea individualmente en cada país, o de forma regionalizada con la participación de varias naciones. Aunque los recursos provengan del estado, este seguro debe manejarse técnicamente, creando e invirtiendo sus reservas correctamente. Si hubiésemos contado con este seguro, con reservas acumuladas durante los años libres de catástrofes, no habría necesidad ahora de aumentar la deuda pública, que todos tendremos que pagar, en ocho mil millones de pesos.
El fondo de garantía
Pero no sólo deben cubrirse las catástrofes. Otra forma de apoyo es la creación de un fondo de garantía de préstamos. Este tipo de fondo puede constituirse con aportes del Estado y de los mismos productores. Sabemos que aún en años sin desastres, productores individuales pueden ser afectados por circunstancias fuera de su control. El fondo de garantía, en esos casos y previa evaluación, pagaría los intereses y/o el capital de los créditos al banco prestamista. Ése podría ser el Banco Agrícola, pero con ese respaldo podrían ser también bancos privados, lo que incrementaría el flujo de recursos a la agropecuaria.
Titularización
Existe otra razón por la que el Banco Agrícola no debe perder en sus operaciones. Se trata de la posibilidad de titularizar sus préstamos, es decir, emitir valores respaldados con su cartera de préstamos y venderlos a inversionistas. Los cobros de intereses y amortizaciones son los que deben proveer los fondos para pagar a los inversionistas. ¿Quién va a invertir en valores del Banco Agrícola si en cualquier momento puede ocurrir una moratoria o una condonación de deudas?
Se podría decir que las capitalizaciones con recursos del Estado subsanan ese problema. Más aún, se podría alegar que dado que el Banco Agrícola es parte del Estado, es lo mismo que sea el Estado por vía del gobierno central o que sea el propio Banco Agrícola, el que asuma las pérdidas por el apoyo al sector agropecuario. Sin embargo, para un inversionista es muy diferente adquirir valores sustentados por préstamos que de por sí generan los recursos con que se honrarán las inversiones, a invertir en valores de una institución que periódicamente cae en bancarrota y que debe ser repetidamente sacada a flote por "capitalizaciones" que la eximen de la responsabilidad de actuar eficientemente, y que son además impredecibles, al ser dependientes de decisiones con alto contenido político.
El contexto actual
Nos parece que debería haber llegado el momento de cambiar malos hábitos. En lugar de moratoria de intereses, es mejor que el Estado asuma el pago de los intereses al Banco Agrícola; que la "capitalización" sea un verdadero aumento de capital y no un mecanismo para borrar pérdidas; y que de una vez se inicie el proceso de creación del seguro agrícola y el fondo de garantía, a fin se pueda en el futuro transparentar y racionalizar el apoyo financiero al sector agropecuario.
Gustavo Volmar
Gustavo Volmar