Bush regresa a EEUU con compromiso de presionar para lograr ley migratoria

MÉRIDA, MÉXICO.- El presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, reiteró hoy, al término de su visita a México, su compromiso de presionar para que el Congreso de su país saque adelante una ley de inmigración "que respete la justicia, pero también sea humana".
Bush concluyó hoy una visita de un día y medio a Mérida (México), en la que se reunió con su colega Felipe Calderón y con la que puso fin a una gira por cinco países de América Latina.
La reforma migratoria pendiente en Estados Unidos fue sido la gran protagonista de la etapa mexicana del mandatario estadounidense, que también abordó con Calderón asuntos como los intercambios comerciales, la lucha contra el narcotráfico o la educación.
En una declaración conjunta, Bush y Calderón reconocieron que la migración a lo largo de la frontera compartida "implica una responsabilidad conjunta y representa uno de los asuntos más críticos para el futuro bienestar de sus ciudadanos".
Según ambos líderes, es necesario "propiciar inversiones productivas y más empleos y mejor pagados en México".
El jefe de la Casa Blanca es partidario de una reforma que incluya un programa de trabajadores temporales, para regularizar la situación de la mayoría de los doce millones de inmigrantes ilegales que se considera viven en Estados Unidos.
Un intento de reformar la ley de inmigración quedó bloqueada en el Congreso el año pasado, ante las divisiones de la mayoría republicana.
Ahora con una mayoría demócrata en el Legislativo que asegura que hará de la reforma una de sus prioridades para este año, Bush aseveró en una rueda de prensa conjunta que se siente "optimista" de poder sacar adelante la ley, quizá para agosto.
"Me siento optimista porque el ambiente en el Congreso ha cambiado del escepticismo del año pasado a ser conscientes de que a EEUU le beneficia una ley de inmigración", explicó.
"Una buena ley de inmigración ayudará al crecimiento de la economía y de la seguridad de ambos países", apuntó el presidente estadounidense, quien admitió, sin embargo, que es "un asunto importante y sensible", que puede emplearse para "inflamar pasiones".
Con estas palabras, Bush aludía aparentemente a las quejas recibidas por la política de inmigración estadounidense y las deportaciones practicadas en los últimos tiempos, que -según sus críticos- han separado familias enteras.
Las deportaciones han dejado niños abandonados en suelo estadounidense, mientras se expulsaba a sus padres, de acuerdo con los detractores de la medida.
Por su parte, Calderón indicó que México "ha tomado nota" de los esfuerzos presidenciales para promover la reforma migratoria en Estados Unidos, de manera que sea posible una inmigración "ordenada" que respete los derechos humanos, la integridad de las familias y abra oportunidades de trabajo.
El propio gobernante mexicano tiene familia en Estados Unidos, de la que aseguró desconocer su situación migratoria cuando se le preguntó por ello. "Son gente que trabaja, que respeta a Estados Unidos, que paga impuestos y trabaja en el campo", explicó.
Ciudadanos como ellos "son lo mejor que tenemos, gente joven, con talento, que trabaja. Queremos que regresen, y digo esto de todos los mexicanos", agregó Calderón.
Ambos mandatarios alabaron el estado de las relaciones entre sus dos países y aseguraron que en sus reuniones hablaron "con franqueza, como deben hacer los verdaderos amigos".
Ademas, acordaron incrementar su colaboración en la lucha contra el narcotráfico y desarrollar un plan regional para combatir la droga que incluya a Centroamérica.
En el terreno comercial, Bush descartó renegociar el Tratado de Libre Comercio para Norteamérica (TLCAN), al asegurar que el pacto ya contiene "mecanismos para resolver cuestiones delicadas".
El presidente estadounidense, que partió hacia Washington tras la rueda de prensa, visitó durante su más extensa gira por América Latina, además de México, a Brasil, Uruguay, Colombia y Guatemala.
Durante su estancia en Mérida, además de sus encuentros de trabajo con su colega mexicano, Bush tuvo tiempo de visitar, junto a su esposa Laura y al matrimonio Calderón, las ruinas de Uxmal, una de las ciudades mayas más importantes de Yucatán.
Antes de la rueda de prensa de hoy, el jefe de la Casa Blanca, que quería trasmitir en esta gira el mensaje de que EEUU tiene un gran interés en el desarrollo de la región, se reunió con un grupo de becarios mexicanos financiados por Estados Unidos.
Bush concluyó hoy una visita de un día y medio a Mérida (México), en la que se reunió con su colega Felipe Calderón y con la que puso fin a una gira por cinco países de América Latina.
La reforma migratoria pendiente en Estados Unidos fue sido la gran protagonista de la etapa mexicana del mandatario estadounidense, que también abordó con Calderón asuntos como los intercambios comerciales, la lucha contra el narcotráfico o la educación.
En una declaración conjunta, Bush y Calderón reconocieron que la migración a lo largo de la frontera compartida "implica una responsabilidad conjunta y representa uno de los asuntos más críticos para el futuro bienestar de sus ciudadanos".
Según ambos líderes, es necesario "propiciar inversiones productivas y más empleos y mejor pagados en México".
El jefe de la Casa Blanca es partidario de una reforma que incluya un programa de trabajadores temporales, para regularizar la situación de la mayoría de los doce millones de inmigrantes ilegales que se considera viven en Estados Unidos.
Un intento de reformar la ley de inmigración quedó bloqueada en el Congreso el año pasado, ante las divisiones de la mayoría republicana.
Ahora con una mayoría demócrata en el Legislativo que asegura que hará de la reforma una de sus prioridades para este año, Bush aseveró en una rueda de prensa conjunta que se siente "optimista" de poder sacar adelante la ley, quizá para agosto.
"Me siento optimista porque el ambiente en el Congreso ha cambiado del escepticismo del año pasado a ser conscientes de que a EEUU le beneficia una ley de inmigración", explicó.
"Una buena ley de inmigración ayudará al crecimiento de la economía y de la seguridad de ambos países", apuntó el presidente estadounidense, quien admitió, sin embargo, que es "un asunto importante y sensible", que puede emplearse para "inflamar pasiones".
Con estas palabras, Bush aludía aparentemente a las quejas recibidas por la política de inmigración estadounidense y las deportaciones practicadas en los últimos tiempos, que -según sus críticos- han separado familias enteras.
Las deportaciones han dejado niños abandonados en suelo estadounidense, mientras se expulsaba a sus padres, de acuerdo con los detractores de la medida.
Por su parte, Calderón indicó que México "ha tomado nota" de los esfuerzos presidenciales para promover la reforma migratoria en Estados Unidos, de manera que sea posible una inmigración "ordenada" que respete los derechos humanos, la integridad de las familias y abra oportunidades de trabajo.
El propio gobernante mexicano tiene familia en Estados Unidos, de la que aseguró desconocer su situación migratoria cuando se le preguntó por ello. "Son gente que trabaja, que respeta a Estados Unidos, que paga impuestos y trabaja en el campo", explicó.
Ciudadanos como ellos "son lo mejor que tenemos, gente joven, con talento, que trabaja. Queremos que regresen, y digo esto de todos los mexicanos", agregó Calderón.
Ambos mandatarios alabaron el estado de las relaciones entre sus dos países y aseguraron que en sus reuniones hablaron "con franqueza, como deben hacer los verdaderos amigos".
Ademas, acordaron incrementar su colaboración en la lucha contra el narcotráfico y desarrollar un plan regional para combatir la droga que incluya a Centroamérica.
En el terreno comercial, Bush descartó renegociar el Tratado de Libre Comercio para Norteamérica (TLCAN), al asegurar que el pacto ya contiene "mecanismos para resolver cuestiones delicadas".
El presidente estadounidense, que partió hacia Washington tras la rueda de prensa, visitó durante su más extensa gira por América Latina, además de México, a Brasil, Uruguay, Colombia y Guatemala.
Durante su estancia en Mérida, además de sus encuentros de trabajo con su colega mexicano, Bush tuvo tiempo de visitar, junto a su esposa Laura y al matrimonio Calderón, las ruinas de Uxmal, una de las ciudades mayas más importantes de Yucatán.
Antes de la rueda de prensa de hoy, el jefe de la Casa Blanca, que quería trasmitir en esta gira el mensaje de que EEUU tiene un gran interés en el desarrollo de la región, se reunió con un grupo de becarios mexicanos financiados por Estados Unidos.
Diario Libre
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