El Dique: un sector olvidado que apenas sobrevive a la COVID-19

  • Moradores cuentan cómo enfrentan la crisis sanitaria

En una pendiente al margen del río Ozama, en El Dique, en Santo Domingo Este, Marilandy Soto pasa la cuarentena por el COVID-19 a la espera de algún tipo de ayuda por parte del Gobierno, que la ha dejado sin sustento económico para mantener a su hija.

Como madre soltera clama por un poco de ayuda, pues debido al coronavirus perdió su trabajo como doméstica y el dueño de la casa en que vive alquilada la presiona para que la entregue por falta de pago.

“La estamos pasando muy mal, porque no recibo ayuda de nada y como madre soltera paso mucho trabajo, además el dueño de la casa me ha aguantado, pero me dijo que desde que pase esto me mude, me está atacando”, confiesa.

Soto explica que no cuenta con la Tarjeta Solidaridad, del programa Progresando con Solidaridad, tampoco resultó beneficiada del plan “Quédate en Casa” y su hija no recibe el desayuno escolar. “El día de hoy solo me he tomado un refresco, mientras que mi hija comió algo donde mi hermana, sobrevivo de lo que la gente me da”, lamenta.

En El Dique, varios moradores enfrentan la misma realidad. José Ignacio Toribio tampoco resultó beneficiario de los programas del Gobierno. “Ahí tengo el arroz, que aún no lo he puesto porque no tengo con qué comprar la compaña”, explica indignado.

Toribio se congestionó de los pulmones, esto aumenta su probabilidad de empeorar en caso de contagio de la COVID-19, por lo que evita salir de su casa. “La estoy pasando mal, casi no salgo porque me aprieto del pecho y estoy sobreviviendo atento al fiao”, indica.

Vive con su hijo, que es motoconchista, sin embargo, debido al distanciamiento social recomendado por el Gobierno para evitar la propagación del virus y al toque de queda implementado en el país “no consigue nada en la calle”.

Rosidaniza Beltré Segura vive con su esposo, que se dedica a la venta ambulante de frutas. Explica que no ha sido beneficiada con la Tarjeta Solidaridad y que solo depende de las pocas ventas que realiza su pareja.

Narra cómo su esposo vende en las calles de Santo Domingo desde las 6:00 de la mañana hasta las 4:00 de la tarde. “Sale pero no vende mucho porque todo el mundo está en su casa, es rompiendo brazo que está y trae lo que consigue”, dice.

Agradece que su casero la liberó del pago del alquiler de este mes, porque entiende que se encuentra sin empleo.

Beneficiarios del programa Solidaridad

Antonio Guerrero fabrica calderos en su casa para luego venderlos en el mercado de Santo Domingo, pero al encontrarse cerrado, sus ventas se encuentran paradas. “Paso casi mis 24 horas aquí, no salgo, lo que fabrico lo hago ahí atrás, pero estoy parado ahora”, explica.

Cuenta cómo luego de un accidente en el cual sus ojos se vieron afectados, lo único que hace es vender calderos. Con este negocio sacó adelante a sus dos hijos y actualmente vive con uno de ellos.

Antes de la llegada de la COVID-19, Guerrero vendía entre RD$3,500 y RD$5,000 a la semana con la venta de sus calderos. “Luego del coronavirus no he podido vender nada, ahora mismo cuento con la tarjeta Solidaridad pero no he recibido más nada”, indica.

Muchos de los moradores del sector coinciden en que no han recibido la ración alimenticia que entrega el Gobierno a través del programa de asistencia del Plan Social de la Presidencia, debido a que la primera vez que fueron, un grupo de personas los apedreó para despojarles de los alimentos y luego de esta situación no han vuelto más.

Minerva Mosquea vive en un “callejón” de El Dique, bautizado como “Los Fonso” en honor a que ella y su esposo fueron unos de los primeros moradores en habitar esa zona. Viuda y madre de 12 hijos, cuenta como “gracias a Dios”, a la tarjeta Solidaridad y a un pequeño ventorrillo que montó en su casa enfrenta la crisis sanitaria provocada por la COVID-19.

“A nosotros nos dan la tarjeta Solidaridad, y gracias a este colmadito donde vendo chucherías, puedo sobrevivir ya que no cuento con un empleo. A pesar de que las cosas no están como antes logro vender algunas cositas”, relata

Mosquea confiesa que durante el día las personas salen de sus casas por el calor y que después de las cuatro se arma un “corre-corre” para evitar ser apresados en el toque de queda. Indica que no usa diario mascarilla porque al usarla se siente sofocada.

20200427 https://www.diariolibre.com

+ Leídas