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La conciencia ciudadana y su poder para salvar vidas

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La conciencia ciudadana y su poder para salvar vidas
Francina Hungría expone inseguridad en calles del país.

SANTO DOMINGO. Hace unos días conversaba con una amiga sobre los niveles de inseguridad que hay en las calles de nuestro país. Si sólo habláramos de las dificultades de los peatones para transitar de forma segura y las debilidades del transporte urbano son muchas las historias que podríamos contar.

Es evidente: con una tasa de 41.7 por ciento de fallecidos por accidentes de tránsito, en 2017 ocupábamos el segundo lugar entre los 182 países que pertenecen a las Naciones Unidas, según datos del Ministerio de Interior y Policía. Las cifras llegan a superar las muertes por homicidio y representan un aumento de un 8% si se compara con el 2015, año en que 327 peatones perdieron la vida tras ser atropellados por conductores en las vías públicas del país.

A los niveles de violencia vial se suman el deterioro de las calles y aceras, los innumerables obstáculos que debe sortear el peatón durante su circulación y, por supuesto, la baja conciencia ciudadana que solemos mostrar en las calles. Dicho de otro modo, desplazarse en la República Dominicana es casi un deporte extremo para cualquier ciudadano.

Ante este panorama, imaginemos por un momento lo difícil que resulta para una persona ciega o con otro tipo de discapacidad movilizarse de manera independiente.

Según el Censo 2010, la población que vive con discapacidad en República Dominicana asciende a un 12.3 por ciento (1,160,847 habitantes). De estos, un número muy bajo se arriesga a salir a las calles del país, en muchos casos por miedo; en otros, porque las condiciones en las que viven no les permiten desenvolverse de manera autónoma.

La falta de independencia impacta negativamente en la vida de quienes conviven con la persona con discapacidad. Es simple, si usted o yo no podemos valernos por nuestros propios medios, obligamos a nuestros familiares y amigos a establecer sus rutinas diarias en torno a suplir necesidades que podríamos cubrir perfectamente.

Por ende, resulta bastante coherente afirmar lo siguiente: lo que determina el grado de discapacidad es el entorno que rodea a un individuo, mucho más que la deficiencia física. Por ejemplo, la ceguera no me impide estudiar, trabajar, compartir con amigos, porque cuento con las herramientas para hacer inclusivo mi entorno.

A pesar de esto, hay quienes no cuentan con los medios necesarios y se exponen a salir a las calles. Constantemente me entero de personas que han sufrido algún tipo de accidente en Santo Domingo u otra ciudad del país. Algunos han perdido la vida.

Sin embargo, quienes vivimos con discapacidad tenemos la misma necesidad que los demás de salir a trabajar, estudiar y todo lo que implique la vida social. Me quito el sombrero ante aquellos que el miedo no los detiene.

Las personas con discapacidad visual nos valemos de recursos adaptativos que nos permiten desenvolvernos de manera eficiente. Usamos la tecnología como aliada para reducir los obstáculos en nuestro entorno.

En las calles utilizamos el Bastón Blanco de Seguridad. Este tiene la función de servir de alerta a los conductores y peatones, para que nos identifiquen como personas ciegas. Tiene el mismo valor que cualquier señal de tránsito. A su vez, nos facilita la movilidad, al permitirnos detectar obstáculos en nuestro camino.

El Bastón Blanco ha venido a ser un aliado estratégico para sus usuarios; desde que una persona invidente cuenta con este dispositivo confía más en sus capacidades a la hora de viajar, asistir al empleo o realizar cualquier gestión que necesite.

Por eso hay países como Estados Unidos y Argentina en los que el Bastón Blanco forma parte de las normativas vinculadas al tránsito. El usuario de esta herramienta cuenta con leyes federales que lo amparan en su desplazamiento cotidiano por la ciudad. Transgredir una de estas normativas es lo mismo que irse en un semáforo en rojo, en vía contraria u otra infracción.

En nuestro país debemos aspirar a llegar a esos niveles de protección para las personas con algún tipo de condición física. Podemos colaborar con un poco de conciencia y responsabilidad ciudadana. Un vehículo mal parqueado, una alcantarilla abierta o los materiales de construcción en medio de las aceras nos afectan a todos. Ponen en riesgo también las vidas de embarazadas, adultos mayores, niños y cualquier peatón.

Y aunque una parte de la solución se encuentra en las políticas públicas, hay otra que depende de nuestra voluntad. Reconocer que las vías son de todos y todas puede hacer un cambio significativo en la seguridad vial de nuestro país.

Una ciudad más inclusiva permite que convivamos en igualdad de condiciones; y en el caso de quienes somos usuarios del Bastón Blanco, también nos salva la vida.

Por eso, cada 15 de octubre las personas con discapacidad visual celebramos el Día Mundial del Bastón Blanco de Seguridad. Porque surgió para darnos un grado mayor de autonomía. A la vez, esta conmemoración recuerda a la sociedad que sólo la colaboración entre los ciudadanos construye entornos urbanos más seguros.

Este día se festeja la voluntad de salir a las calles a contradecir los miedos. También a construir oportunidades de desarrollo para todos y todas.

Hoy celebramos que con mayor conciencia ciudadana salvaremos las vidas de miles de peatones. Y que, con pequeños gestos de responsabilidad, algunos llevando bastones blancos en las manos, haremos que juntos, ¡movamos la inclusión!

Twitter/Instagram: @fundfrancina |Facebook: @francinaorg | You Tube: Fundacion Francina

Extiende un brazo solidario

Si conoces a una persona con discapacidad visual que necesita un bastón blanco, te invitamos a comunicarte con la Fundación Francina, al teléfono 809.435.2777 o a través de nuestra página web www.fundacionfrancina.org

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