Santo Domingo requiere cuidados intensivos

  • La crisis del tránsito es tan profunda que ningún plan puede aspirar a solucionar los problemas a corto plazo. Del análisis y las mediciones han surgido varias recomendaciones que esperan respuesta. (3 de 5)
“A nadie se le puede obligar a hacer lo que la ley no manda, ni impedírsele lo que la ley no prohíbe”. Constitución de República Dominicana.

Debe advertirse a quienes intenten domesticar el desorden vial que cualquier plan que se haga para mejorar el estado del tránsito en el Distrito Nacional no puede aspirar a solucionar los problemas en corto plazo. La crisis predominante es profunda, y se ha fortalecido hasta convertirse en una cuestión cultural de los dominicanos, porque los induce a violentar impunemente las leyes existentes. Millones de personas son perjudicadas por el desorden en las calles, mientras unos cuantos grupos económicos se benefician del caos y de la impunidad prevaleciente.

La crisis del transporte tiende a perpetuarse porque no ha sido tratada con el rigor y la objetividad que esta exige.

Con el análisis de decenas de intersecciones de vías principales en el Distrito Nacional se han logrado detectar las isquemias e infartos de la circulación de vehículos como primer paso para buscar sanación y facilitar el flujo vehicular y peatonal con la menor cantidad de interrupciones posibles.

Cada intersección ha sido valorada según 13 parámetros que miden en estricto detalle, su comportamiento específico durante todo el día. Así, se levantaron diagnósticos con centenares de datos, que retratan la cruda realidad de nuestras vías principales. Como consecuencia, surgieron miles de recomendaciones que esperan respuesta de aquellos a quienes corresponde modificar lo dañino para revertir la situación prevaleciente.

Entre las mediciones y apreciaciones realizadas se diagnosticaron los siguientes parámetros:

Peatonización: Sólo excepcionalmente aparece en escasas intersecciones de la ciudad un ligero atisbo de haber tomado en cuenta al peatón, al ser humano que se desplaza desguarnecido a través de esas conflictivas vías.

Semaforización peatonal: Estas luces de tránsito, son inexistentes en todo el país en condiciones de funcionamiento normal, salvo casos excepcionales alrededor de algunas empresas privadas. Esto sucede a pesar de que el 92% de la población dominicana es peatona permanente ya que no posee un medio propio de transporte.

Giros: Resulta muy difícil desentrañar la lógica utilizada por la municipalidad para imponer las restricciones en las principales intersecciones. Sobre todo en relación con los giros a la izquierda. No se detecta coherencia que permita descubrir los criterios utilizados por las autoridades para prohibir el giro a la izquierda desde una avenida principal hacia el Polígono Central a lo largo de kilómetro y medio de recorrido, tal como ocurre en las avenidas Tiradentes y Máximo Gómez, para citar sólo dos ejemplos.

Retornos en U: Sólo excepcionalmente aparece en algunas intersecciones la señalización que indique a los conductores que pueden hacer un giro de media vuelta para retornar en dirección contraria. Afortunadamente, algunos de estos pasadizos han sido recientemente construidos en la avenida J. F. Kennedy donde han probado ser muy eficientes.

Vías aledañas: La ineludible relación entre causa y afecto hace que muchos de los problemas que surgen en las intersecciones son originados fuera de éstas, pero habitualmente son dejados fuera al momento de los análisis y las decisiones importantes. La relación causa y efecto tiene que ser siempre considerada.

Carriles Exclusivos: Todavía existe la señalización horizontal, perfectamente visible, que establece un corredor exclusivo para autobuses en algunas de las principales avenidas de Santo Domingo. Parece que la autoridad competente no se ha enterado de que es una señal conminatoria que no ha sido derogada todavía, pero han decidido no hacerla cumplir.

Semaforización vehicular: La dispersión de responsabilidades para el control, manejo y mantenimiento de los semáforos, además del proceso de privatización a que han sido sometidos los semáforos, ha llevado a que rindan el servicio para el cual fueron colocados. De ahí que la ciudadanía le haya perdido el respeto a este sistema de señalización. Esto es constantemente agravado por el aberrante método de los agentes de la Autoridad Metropolitana de Transporte (AMET) que insisten en sustituirlos, absolutamente, mientras todavía funcionan debidamente.

Señalización Horizontal: Los trazados o incrustaciones en los pavimentos son algo que sólo parece ser tomado en cuenta para inauguraciones o actividades políticas gubernamentales. En octubre de 2015 toda señalización horizontal en la capital dominicana está en deplorables condiciones y necesitada de ser renovada completamente. Si se mantuvieran en condiciones las advertencias al conductor serían más eficientes, lo cual quiere decir que los riesgos estarían siendo disminuidos.

Señalización vertical: Brillan por su ausencia los avisos de prevención o de sanción sobre postes en la mayoría de las intersecciones. Como excepción, abundan los NO ESTACIONE, aunque estos son habitualmente ignorados dada la permisividad de los fiscalizadores del transporte, lo cual convierte los avisos preventivos en objetos de desprecio por toda la población.

Transporte público: La indisciplina y el incumplimiento de las reglas de tránsito de parte de los conductores del transporte público se han convertido en derecho adquirido, gracias a la impunidad que les conceden permanentemente las autoridades competentes.

Buhoneros y mendigos: Las intersecciones de las principales avenidas capitaleñas han pasado a ser refugio de venduteros, limpiadores de parabrisas y pordioseros que, a riesgo de su integridad corporal, se mueven entre vehículos en movimiento al tiempo que estorban la circulación de peatones y vehículos. La autoridad siempre está ausente de estas situaciones de alta peligrosidad.

20151110 http://www.diariolibre.com

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