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Destacan influencia Romanticismo en movimiento

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Destacan influencia Romanticismo en movimiento
El sueño de Duarte, de Luis Desangles.
Santo Domingo. La influencia del movimiento romántico en las ideas de la independencia de la parte Este de la isla de Santo Domingo, ha sido destacada por observadores, con motivo del día de San Valentín.

En particular, se destaca el temperamento romántico de Juan Pablo Daurte, el líder del movimiento, hoy exiliado en la isla de Curaçao.

Una persona conocedora de las influencias de este movimiento literario en el pensamiento de Duarte, ha dicho que "todo en él se mueve dentro del ámbito más definidamente romántico: su vida en el Viejo Mundo en un momento romántico culminante; su retorno a la Patria con el caudal de su experiencia romántica, en los oscuros días del cautiverio haitiano, para convertir toda esa experiencia en acción liberadora; su actividad revolucionaria, netamente romántica, animada por las nuevas armas del romanticismo: la poesía, los libros, el teatro, las sociedades conspirativas. En su constructiva rebeldía, se afirma, en un magisterio, en sus angustiosos versos…, en su vida errabunda y en su soledad… en sus nostalgias, en su desolación… en todos los aspectos de su vida atormentada y miseranda, se manifiesta su acendrado romanticismo".

Juan Pablo Duarte, el hijo de Manuela Diez, tuvo el extraordinario privilegio de ser expectador – directo o indirecto - del máximo escándalo romántico de todos los tiempos: el estreno de Hernani.

Quizás estaba en aquel momento singular en París; quizás, con mayores posibilidades, en Barcelona, pero siempre en un punto de febril agitación romántica… ha dicho un notable conocedor de las andanzas del patricio.

Como se sabe, "la hora triunfal del romanticismo francés fue la del estreno de Hernani, el 25 de febrero de 1830, verdadera batalla victoriosa librada contra los clasicistas… y que devino célebre hasta por detalles pintorescos como el del chaleco rojo que Gautier ostentaba en la ocasión a manera de enseña desafiante contra los adversarios de Hugo".

La repercusión que tuvo este movimiento en Duarte se puede notar en el testimonio de un conocedor de la vida de la época quien afirmó que " los chalecos eran generalmente de color blanco y negro. Se comenzaron a usar de otros colores en el año 1832 cuando Duarte regresó de Europa y le trajo a sus amigos como obsequio unos muy finos que estaban de moda en París. A Felipe Alfau le regaló uno rojo muy elegante"… Era, sin dudas, el chaleco rojo de los románticos.

Quienes conocen la vida y obra de Duarte, han afirmado que "todas las características del tipo romántico aparecen cabalmente en Duarte: el espíritu revolucionario, el vehemente nacionalismo, la propensión a lo sentimental y generoso, la imaginación mística, el cálido y vivo sentimiento de la amistad, de la que es paradigma la que le une a Juan Isidro Pérez, el más ardiente y más sensible de todos sus amigos; el amor a la soledad, refugio del romántico desdichado…"

Recuérdese que es en casa de Juan Isidro Pérez que se funda La Trinitaria y que es a través del teatro y de sociedades secretas que se promueve la idea de la independencia, todas ideas románticas.

Sabemos, que como siempre, el romanticismo de la idea de independencia se impondrá, y pondrá fin a esta,

"…noche de oprobio

para la gente de Ozama.

Noche de mengua y quebranto

para la Patria adorada…"

Duarte Romántico

Súplica

Si amoroso me vieran tus ojos

Acabarían mis penas en bien,

Pues quitaras así de mi sien

La corona que ciñe de abrojos.

Y a mi pecho volvieras la calma

Que otro tiempo gozó placentero,

Y hoi le niega el destino severo

Insensible a las penas del alma.

No le imites, Señora, te ruego

No te causes placer ni amargura,

Y al mirar mi acendrada ternura

No me tomes como él el sosiego,

Que en vano se postra mi amor

A los pies de la esquiva beldad:

No me digas oh no! por piedad

Que me tienes también en horror,

Pues es tal de este amor la vehemencia,

Que no obstante el rigor de mi suerte,

Yo he jurado por siempre quererte…

A pesar de tu cruda inclemencia!

Juan Pablo Duarte

Desconsuelo

Pasaron los días

De paz y amistad

De amor y esperanza

De fina lealtad

Pasaron las glorias

La gala y primor;

Quedaron recuerdos

De amargo sabor.

Recuerdos que al alma

Del mísero amante,

La luz entristecen

Del sol más brillante:

Que avieso destino

Siniestro, sombrío,

Marmóreo, implacable,

Abrúmale impío.

Amante y amigo

Mostró su nobleza:

Sus obras dejaron

Lealtad y pureza.

Y aleves, traidores,

Llamárosle infiel,

Brindándole en burla

Vinagre con hiel.

Y en vano impulso

De tanta maldad,

En vano ha clamado

Pidiendo equidad.

El mundo no ha oído

Su justo clamor,

Ninguno ha escuchado

Su voz de dolor.

Por eso alza la frente

En altivez y en calma;

Aun cuando tiene el alma

De negra pena henchida,

Y aun cuando mortalmente

El pecho herido siente,

No exalará un quejido,

Ni más dará un gemido,

Más, tú, noche triste,

Que escuchas su acento,

Que sabes de su alma,

El crudo tormento,

Ocúltale al mundo

Su acervo penar,

No digas a nadie

Le has visto llorar.

Es ignore por siempre

Su amado tesoro,

Que siente más que ella

Su mengua y desdoro,

Y entienda más bien

La cruel cuanto impía,

Que vivo gozando

De paz y alegría.

Y vivan felices,

Que acaso algún día

Habrán de llorar

Su negra falsía.

Y entonces de menos

Tal vez se echará,

Su puro cariño…

Más tarde será!

Juan Pablo Duarte

La Deana, o los pasquines de la independencia

Los trinitarios escribían pasquines a mano, pero sus antagonistas tenían a su disposición una imprenta. Este pequeño artefacto de mano, era propiedad de doña Manuela Rodríguez o Aybar, mejor conocida como La Deana, por ser ahijada del Dean José Gabriel Aybar con quien vivía.

La Deana, había nacido en San Juan de la Maguana hacia 1790, y era una "solterona de notable fealdad e inteligencia, política, intrigante, y muy amiga del baile". Se sabe que es muy amiga del señor Pedro Santana, quien, se dice, encabezará los ejércitos del nuevo estado independiente.

Era una de las escasas mujeres que sabía leer y escribir, a pesar de ser orejana, como se llamaba a todos los que nacían fuera de los muros de la capital. La razón por la cual no se enseñaba a escribir a las mujeres era "para que no le escribieran papelitos a los mozos", como ella misma decía.

Obsérvese cómo todavía no ha nacido la república y ya andamos con querellas...