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Internados, la red silenciosa que evita la deserción escolar

La brecha social obliga a dormir en la escuela en las comunidades rurales de República Dominicana

Internados, la red silenciosa que evita la deserción escolar
Para poder aprender, los niños de comunidades aisladas en Elías Piña deben crecer lejos de casa. (FUENTE EXTERNA/ JOSÉ SAINZ)

La única manera con la que decenas de niños de 13 comunidades fronterizas pueden acceder al pan de la enseñanza es estudiar bajo el régimen de seminternado en el Centro Vocacional San José.

Esta escuela rural, enclavada en la cuenca del río Joca, en Elías Piña, está tan apartada que apenas puede señalarse con una flecha en el mapa.

Cada lunes los estudiantes llegan al centro y los viernes regresan a sus casas.

Se trasladan a pie o a lomo de mulo, caballo o motor, hasta cuatro horas por un trayecto abierto a la montaña con retroexcavadoras: un camino de tierra y piedra, lleno de hoyos y precipicios, con subidas y bajadas que, pese a su dureza, no logran vencer el deseo de aprender.

Si se quedaran en sus hogares, muchos apenas alcanzarían tercero de primaria. Difícilmente aprenderían a redactar una carta a los Reyes Magos. La alternativa sería trabajar la tierra o criar ganado desde muy temprano.

Durante décadas, centros educativos en la República Dominicana como los colegios Inmaculada Concepción, Sagrado Corazón de Jesús, La Salle o el Santo Domingo ofrecieron internados para estudiantes. Con el tiempo, la expansión de carreteras, el transporte y la reducción de costos administrativos hicieron que este régimen perdiera vigencia.

Las camas se retiraron y los dormitorios se convirtieron en aulas.

Hoy, muchos colegios solo mantienen modalidades de jornada extendida. Sin embargo, en las comunidades más pobres y apartadas, el internado sigue siendo casi obligatorio.

También operan hogares gestionados por congregaciones religiosas, como el Hogar Escuela Mercedes Amiama Blandino o el Hogar Escuela Santo Domingo Savio, que atienden a niños huérfanos o provenientes de familias vulnerables.

Estudiar implica quedarse

El Centro Vocacional San José nació en el 2017 como una iniciativa conjunta de monseñor José Dolores Grullón y la Fundación de Desarrollo de Azua, San Juan y Elías Piña (Fundasep), inspirados en experiencias de Pernambuco, Brasil, donde los alumnos permanecen semanas completas en las escuelas.

Al proyecto se sumaron el grupo de laicos misioneros Ocasa y el Ministerio de Educación, con la modalidad de jornada extendida.

En la actualidad acoge a 92 estudiantes, desde tercero de primaria hasta cuarto de secundaria: 25 niñas y el resto varones, indica José Sainz, director del centro.

"Tiene que ser internado a la fuerza. No pueden ir y venir todos los días"José SainzDirector del Centro Vocacional San José

Muchos provienen de comunidades de montaña y llegan con carencias básicas.

El internado no solo les enseña a leer, escribir o calcular: también aprenden hábitos cotidianos, desde normas de convivencia hasta el uso de un baño, ya que en sus hogares predominan las letrinas. A las limitaciones educativas se suman otras. No hay hospitales, médicos, transporte público ni servicio de agua.

Los resultados, dice Sainz, son visibles: los niños florecen.

Experiencias similares

En La Higuera, San Juan de la Maguana, el Centro Educativo Vocacional Aventura surgió en 2012 para que los niños de la cuenca alta del río San Juan finalizaran la primaria y secundaria sin abandonar la zona. Allí residen 44 estudiantes de entre ocho y 13 años.

Debido a lo riesgoso del traslado, también se creó el centro Nuestra Señora de Guadalupe para atender comunidades ubicadas en las faldas de la montaña. En sus inicios incluso recibieron alumnos de hasta 30 años de edad que no habían podido completar la escuela. Las familias colaboran con la cena.

El padre Amauri Beltré cuenta que, antes del internado, el embarazo adolescente era casi una epidemia. Esa realidad, afirma, disminuyó de forma notable.

Wilma Duval, representante de Fundasep, advierte que uno de los mayores retos es el transporte. "Solo tenemos camionetas viejas. Y cada cambio de gobierno implica pelear para que no se lleven el bulldozer que usamos para mantener los caminos", señala.

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El Centro Educativo Vocacional Aventura surgió en 2012 para que los niños de la cuenca alta del río San Juan pudieran estudiar. (FUENTE EXTERNA/ AMAURI BELTRÉ)

Las pioneras

Sor Josefa vivió como interna entre el 1953 y 1958 en el Colegio Inmaculada Concepción, en La Vega. Tenía 14 años cuando sus padres, agricultores de Villa Trina, decidieron enviarla a estudiar con las monjas.

Con casi un siglo de historia, el Inmaculada fue referente para la clase acomodada y testigo de episodios clave del país.

La prensa lo describió en el 1977 como "la chispa que encendió la rebeldía antitrujillista" de Minerva Mirabal, indignada por el asesinato del padre de sus compañeras Daisy y Aurita Ariza durante la dictadura de Trujillo

Pese a lo avanzado de su edad, la religiosa recuerda con exactitud una rutina estricta: levantarse temprano, misa diaria, disciplina permanente. 315 niñas (algunas con apenas tres años de edad) residían allí bajo la supervisión de 25 hermanas franciscanas. Dormían por edades, en grandes habitaciones custodiadas por monjas en cada extremo.

A la charla con la octogenaria, se une Sor Altagracia quien explica que antes del 1927, cuando las monjas, en su mayoría española, se trasladaron hacia La Vega, el lugar funcionaba como San Sebastiano, un internado de varones del padre Fantino Falco

Sor Altagracia comenta que de esa época solo se conserva una pequeña gruta con la Virgen de la Inmaculada en el patio del colegio. Hoy, los antiguos dormitorios son aulas.

Los lasallistas

Desde hace 75 años los estudiantes del Colegio Dominicano de La Salle celebran el acto a la bandera. El día de la visita de Diario Libre al recinto, decenas de alumnos ensayaban las marchas para esa actividad. 

Previo a estos jóvenes varias generaciones de varones internos en el centro de estudios también marcharon. Según su director general, Avelino Guerrero, el internado como tal ya no se usa debido al gran compromiso que representa albergar y cuidar a menores de edad.

"Los internos eran jóvenes que venían a estudiar aquí, pero no vivían en la ciudad. Por ejemplo, había muchachos del Sur y de varias provincias del Este", comenta.

Los niños del La Salle

El 15 de diciembre del 1953 se inauguró el internado en el Distrito Nacional con 25 alumnos al cuidado de los hermanos lasallistas. Mientras que el 10 de enero del 1963 fue el último día que funcionó en la capital. 

  • También operó otra residencia para escolares en Santiago (que cerró en el 1959).

Educadores

Alejandrina Miolán dirige en Santiago la sede del Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña (Isfodosu). Perteneció a la última promoción de estudiantes internos en el recinto Núñez Molina, mientras este funcionó como escuela normal.  

Las antiguas escuelas normales de formación docente también operaron bajo régimen residencial. El Estado cubría alojamiento, alimentación y estudios a cambio de disciplina y rendimiento académico.

El Ministerio de Educación Superior (Mescyt) refiere que el internado bajo régimen residencial, entendido como alojamiento estudiantil, "no se encuentra tipificado como una variable estadística estándar dentro de los registros regulares del sistema de educación superior". Esto, por tratarse de un servicio de apoyo cuya gestión recae en la autonomía administrativa de cada institución.

En ese contexto, algunos establecimientos de educación superior ofrecen esta modalidad, entre ellos las universidades Autónoma de Santo Domingo, a través de su Programa de Residencia Estudiantil; ISA, en Santiago; y Adventista Dominicana, en Bonao (hasta el 2015 el Colegio Adventista Dominicano también funcionó como internado).  

Actualmente, el Isfodosu mantiene residencias estudiantiles para jóvenes de escasos recursos. Más de 800 jóvenes acceden a este apoyo. Las plazas se asignan según distancia y necesidad económica. Los alumnos deben mantener buenas calificaciones para conservar el cupo.

Sor Mercedes Carrasco, directora del Isfodosu en San Pedro de Macorís, explica que las residencias estudiantiles evolucionaron en cuanto a la infraestructura y el manejo de la convivencia. En su recinto viven 156 estudiantes de demarcaciones como Higüey, Dajabón, Miches, Samaná, El Seibo y Hato Mayor.

"Los domingos me los llevo a misa porque no me gusta dejarlos solos en el recinto", menciona Carrasco.

En Jarabacoa

Desde el 1968, el Instituto Técnico de Estudios Superiores en Medio Ambiente y Recursos Naturales (Itesmarena) funciona como una residencia–escuela para jóvenes interesados en la formación ambiental.

Bajo el sistema de internado, el centro ofrece una beca completa financiada por el Ministerio de Medio Ambiente, que incluye alojamiento, alimentación y un estipendio mensual para gastos personales.

Aunque recibe estudiantes de todo el país, su director, José Vásquez, señala que la mayor parte proviene de provincias fronterizas como Elías Piña, Dajabón y Pedernales. La matrícula es de 70 alumnos, en su mayoría hombres.

Los varones se hospedan en habitaciones compartidas próximas a la Dirección, mientras que las mujeres residen en tres casas independientes de uno y dos niveles.

La formación se extiende por dos años. Durante ese período, los estudiantes combinan clases teóricas con prácticas de campo en dos terrenos agrícolas de 225 y 600 tareas, ubicados en Jarabacoa y el Salto de Jimenoa.

La rutina es exigente.

"Solo libran los domingos, porque también estudian los sábados. Al final de cada cuatrimestre se les concede una semana de vacaciones", explica el rector.

El régimen interno impone horarios estrictos: quienes necesiten estudiar después de las 10 de la noche deben solicitar autorización a la encargada de residencia.

La institución se prepara, además, para crecer. Xóchilt Estrada, vicerrectora académica, adelanta que renovarán las instalaciones para ampliar la matrícula hasta 200 estudiantes. La inserción laboral está prácticamente garantizada: al concluir la carrera de técnico ambiental, muchos egresados son contratados por el propio ministerio.

El proceso de admisión también es riguroso. Los aspirantes deben superar tres filtros: exámenes de ingreso, entrevistas presenciales y una semana de convivencia que permite evaluar su adaptación al modelo de internado.

Formación religiosa

A varios kilómetros de allí, pero con una lógica similar de vida comunitaria, el Juniorado-Filosofado San Pedro Claver cumple otra misión formativa. Esta casa de los jesuitas en Santo Domingo organiza la vida de sus residentes en cuatro dimensiones: comunitaria, espiritual, académica y apostólica.

Ubicada en el sector María Auxiliadora, la residencia alberga a ocho "escolares" provenientes de Guatemala, El Salvador, Cuba, Haití y República Dominicana. Son jóvenes que ya completaron el noviciado y dieron sus primeros votos religiosos.

Según el padre Miller Lamothe, rector del Filosofado, esta etapa corresponde a los estudios iniciales de formación intelectual. "Aquí se preparan en literatura, poesía, historia, filosofía y en el conocimiento de la realidad latinoamericana", detalla.

Las jornadas comienzan temprano, con oración personal y la celebración de la Eucaristía. Luego asisten a clases —presenciales o virtuales— y, por las tardes, realizan labores pastorales y de acompañamiento social en comunidades de La Ciénaga, Gualey y Guachupita.  En la misma zona también funcionan otras residencias religiosas, como las de las Salesianas, las Hermanas de la Madre Teresa de Calcuta y las Carmelitas, que completan este pequeño circuito de formación comunitaria y servicio.

Diario Libre pidió al Ministerio de Educación (Minerd) estadísticas y otros datos sobre los internados en el país, pero al cumplirse la fecha de compromiso la entidad reconoció que no pudo trabajar con la solicitud.

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Periodista y docente universitaria, creadora de la columna Negrita Come Coco. Es exbecaria Fulbright y posee una maestría de la Universidad del Sur de la Florida. Entre sus coberturas se destacan historias sobre derechos humanos, migración, género y temas del Caribe.