El papa Benedicto XVI viene a Latinoamérica por primera vez

SAO PAULO.- Ante la expectativa de un país que se encariñó con la figura de su carismático predecesor Juan Pablo II, el papa Benedicto XVI llegará el miércoles a Brasil para canonizar al primer santo nativo e inaugurar la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano, que trazará el curso de acción de la iglesia continental para la próxima década.
Más de 10.000 policías y soldados custodiarán las evoluciones de la comitiva papal en Sao Paulo, el santuario de Aparecida y una hacienda de rehabilitación de drogadictos, el doble que Brasil movilizó para la reciente visita del presidente estadounidense George W. Bush.
Juan Pablo vino cuatro veces a Brasil --1980, 1982, 1991 y 1997-- y convocó multitudes con su estilo carismático y facilidad de comunicación.
Pero está por verse si el adusto Benedicto, quien como guardián de la ortodoxia fue perseguidor acérrimo de los teólogos de la liberación, incluyendo muchos exponentes brasileños, tendrá la misma recepción en el país con más católicos que ningún otro en el mundo pero que en los últimos años ha experimentado una pérdida gradual de fieles ante sectas y cultos evangélicos.
El pontífice, que sucedió a Juan Pablo hace dos años, se entrevistará con el presidente Inacio Lula da Silva ante quien insistirá en un acuerdo que garantice a la Iglesia católica todos sus derechos, incluyendo en el terreno de la educación; consolide la exención fiscal que recibe y permita el ingreso de misioneros en las reservas ecológicas e indígenas.
Por su parte el presidente brasileño, que no parece dispuesto por ahora a acceder a esa solicitud del Vaticano, dijo que quiere aprovechar la visita papal para hacer conocer a la Iglesia las políticas sociales que está instrumentando en el país.
Informes desde el Vaticano anticiparon que durante su visita de cinco días a Brasil, Benedicto XVI pronunciará un mensaje "muy enérgico" en defensa del derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural, con su consiguiente condena al aborto y la eutanasia, y que tratará la fuga de católicos a sectas evangélicas.
Precisamente esa deserción de católicos, que según el censo brasileño ha reducido la proporción de católicos de más del 90% al 74% en las últimas décadas, fue la que decidió a Benedicto efectuar en Brasil la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano que sesionará en Aparecida, un santuario de gran convocatoria popular a 160 kilómetros de Sao Paulo.
En vida de Juan Pablo, la reunión se iba a hacer originalmente en Ecuador y luego se decidió trasladarla al Vaticano en atención a la salud precaria del anterior pontífice. Al fallecimiento de Juan Pablo hace dos años se volvió a hablar de Ecuador, pero Benedicto optó finalmente por Brasil ante la situación de la deserción de católicos, alarmado por el panorama catastrófico que planteó el cardenal brasileño Claudio Hummes en el sínodo de obispos de octubre del 2005.
"Nos preguntamos con ansiedad, ¿cuánto tiempo más será Brasil un país católico?", dijo Hummes en esa ocasión. "Aquí también nos preguntamos ¿hasta cuándo será Latinoamérica un continente católico?"
El arzobispo de Sao Paulo, monseñor Odilo Scherer, dijo que uno de los objetivos principales de la visita del pontífice a Brasil será renovar la fe católica y revertir la tendencia de la pérdida de fieles, "una preocupación permanente de la Iglesia católica".
Benedicto inaugurará el domingo 13 en Aparecida la Conferencia Episcopal que seguirá sesionando durante 18 días hasta su clausura el 31 de mayo.
Según un documento de trabajo que será punto de partida de la conferencia, los obispos censurarán el modelo económico neoliberal, harán una autocrítica institucional y trazarán la radiografía de Latinoamérica y el Caribe. Asimismo, se anticipa que se pronunciarán en defensa de la familia tradicional, reiterarán el rechazo a los matrimonios homosexuales, el aborto y la eutanasia, y manifestarán su preocupación por el avance de las sectas.
El viernes, Benedicto XVI canonizará a "Frai Galvao", como se conoce aquí a Antonio de Sant'Anna Galvao, un monje franciscano del siglo XVIII, que de ese modo será consagrado como el primer santo nacido en Brasil.
Los brasileños, acostumbrados a la figura carismática de Juan Pablo con su facilidad natural de comunicación y gestos teatrales, recibirán esta vez a un nuevo pontífice reservado y de porte profesorial que no suscita inmediatamente el mismo entusiasmo que su predecesor.
Esta vez, dijeron fuentes eclesiásticas, habrá que prestar más atención al mensaje que al mensajero, porque el nuevo pontífice "es más para escuchar que para ver".
Más de 10.000 policías y soldados custodiarán las evoluciones de la comitiva papal en Sao Paulo, el santuario de Aparecida y una hacienda de rehabilitación de drogadictos, el doble que Brasil movilizó para la reciente visita del presidente estadounidense George W. Bush.
Juan Pablo vino cuatro veces a Brasil --1980, 1982, 1991 y 1997-- y convocó multitudes con su estilo carismático y facilidad de comunicación.
Pero está por verse si el adusto Benedicto, quien como guardián de la ortodoxia fue perseguidor acérrimo de los teólogos de la liberación, incluyendo muchos exponentes brasileños, tendrá la misma recepción en el país con más católicos que ningún otro en el mundo pero que en los últimos años ha experimentado una pérdida gradual de fieles ante sectas y cultos evangélicos.
El pontífice, que sucedió a Juan Pablo hace dos años, se entrevistará con el presidente Inacio Lula da Silva ante quien insistirá en un acuerdo que garantice a la Iglesia católica todos sus derechos, incluyendo en el terreno de la educación; consolide la exención fiscal que recibe y permita el ingreso de misioneros en las reservas ecológicas e indígenas.
Por su parte el presidente brasileño, que no parece dispuesto por ahora a acceder a esa solicitud del Vaticano, dijo que quiere aprovechar la visita papal para hacer conocer a la Iglesia las políticas sociales que está instrumentando en el país.
Informes desde el Vaticano anticiparon que durante su visita de cinco días a Brasil, Benedicto XVI pronunciará un mensaje "muy enérgico" en defensa del derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural, con su consiguiente condena al aborto y la eutanasia, y que tratará la fuga de católicos a sectas evangélicas.
Precisamente esa deserción de católicos, que según el censo brasileño ha reducido la proporción de católicos de más del 90% al 74% en las últimas décadas, fue la que decidió a Benedicto efectuar en Brasil la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano que sesionará en Aparecida, un santuario de gran convocatoria popular a 160 kilómetros de Sao Paulo.
En vida de Juan Pablo, la reunión se iba a hacer originalmente en Ecuador y luego se decidió trasladarla al Vaticano en atención a la salud precaria del anterior pontífice. Al fallecimiento de Juan Pablo hace dos años se volvió a hablar de Ecuador, pero Benedicto optó finalmente por Brasil ante la situación de la deserción de católicos, alarmado por el panorama catastrófico que planteó el cardenal brasileño Claudio Hummes en el sínodo de obispos de octubre del 2005.
"Nos preguntamos con ansiedad, ¿cuánto tiempo más será Brasil un país católico?", dijo Hummes en esa ocasión. "Aquí también nos preguntamos ¿hasta cuándo será Latinoamérica un continente católico?"
El arzobispo de Sao Paulo, monseñor Odilo Scherer, dijo que uno de los objetivos principales de la visita del pontífice a Brasil será renovar la fe católica y revertir la tendencia de la pérdida de fieles, "una preocupación permanente de la Iglesia católica".
Benedicto inaugurará el domingo 13 en Aparecida la Conferencia Episcopal que seguirá sesionando durante 18 días hasta su clausura el 31 de mayo.
Según un documento de trabajo que será punto de partida de la conferencia, los obispos censurarán el modelo económico neoliberal, harán una autocrítica institucional y trazarán la radiografía de Latinoamérica y el Caribe. Asimismo, se anticipa que se pronunciarán en defensa de la familia tradicional, reiterarán el rechazo a los matrimonios homosexuales, el aborto y la eutanasia, y manifestarán su preocupación por el avance de las sectas.
El viernes, Benedicto XVI canonizará a "Frai Galvao", como se conoce aquí a Antonio de Sant'Anna Galvao, un monje franciscano del siglo XVIII, que de ese modo será consagrado como el primer santo nacido en Brasil.
Los brasileños, acostumbrados a la figura carismática de Juan Pablo con su facilidad natural de comunicación y gestos teatrales, recibirán esta vez a un nuevo pontífice reservado y de porte profesorial que no suscita inmediatamente el mismo entusiasmo que su predecesor.
Esta vez, dijeron fuentes eclesiásticas, habrá que prestar más atención al mensaje que al mensajero, porque el nuevo pontífice "es más para escuchar que para ver".
Diario Libre
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