Compartir
Secciones
Podcasts
Última Hora
Encuestas
Servicios
Plaza Libre
Efemérides
Cumpleaños
RSS
Horóscopos
Crucigrama
Más
Contáctanos
Sobre Diario Libre
Aviso Legal
Versión Impresa
versión impresa
Redes Sociales
Actualidad

El peso del acero en la modernidad dominicana

En 45 años de historia, la empresa Metaldom recoge la evolución de la industria de la construcción de la República Dominicana y sus coordenadas de progreso. 

"Cimientos de acero" es el título del libro que a modo de memorias reúne con perfiles históricos y datos estadísticos, el nacimiento y desarrollo de la compañía metalúrgica pionera en República Dominicana, y uno de los buques insignia de la Familia Vicini.

La obra, con textos de la arquitecta Carmen Ortega, constituye de alguna forma la descripción del camino recorrido por la industria de la construcción en la capital dominicana y el país, y su plataforma social.

A los primeros herreros traídos por Diego Colón se remonta la historia que se cuenta. Y da paso a la década de 1950 y las políticas de industrialización para lograr la sustitución de importaciones que experimentó América Latina hasta 1980: "En la República Dominicana, como en otros países, este proceso se vio forzado en gran medida por el Gobierno. Si bien es cierto que el país logró reducir las importaciones, el régimen de fuerza de Rafael Leonidas Trujillo concentró todas las industrias alrededor de su persona. Con la caída de Trujillo en 1961, los proceso de democratización estuvieron acompañados de un nuevo enfoque del papel del Estado, un proceso de transformación política y una nueva estructura económica que implicaron mayor apertura empresarial".

Fue en ese marco, se indica, que se creó la Corporación de Fomento Industrial de la República Dominicana, la famosa Ley 5009, de 1962, con el doble objetivo de administrar los bienes heredados de la dictadura y estimular la inversión de sectores productivos locales.



La historia de Metaldom, se consigna, tiene un punto de inflexión en otro momento político excepcional para el país: la instalación del gobierno de Juan Bosch y los primeros pasos que dio el estadista con miras a "reproducir a pequeña escala el Instituto Nacional de Industrias de España". Para materializar la idea llegó al país un técnico español, Rafael Fernández Montes, junto con la ibérica Camer Internacional.

"La negociación tuvo éxito y Fomento estableció un acuerdo para desarrollar el proyecto metalúrgico Camer, que contemplaba una fundición de acero, una planta de laminación, una planta de estructuras -para construir los edificios que necesitarían esta y otras industrias del país-, una planta de galvanizado, otra de tuberías, y el taller mecánico". Fueron los cimientos sobre los que se erigió Metaldom.

Un programa ambiental necesario

Como empresa que nació en otra época, donde ni la tecnología ni las normativas establecían el por qué y cómo proteger el medio ambiente, Metaldom creció al margen de esas coordenadas. Pero para 1992, cuando el país, a través de la Dirección General Forestal y la Comisión Nacional de Saneamiento Ecológico, con Joaquín Balaguer como presidente, asumen la tarea ambiental, como parte de una gran corriente internacional, la empresa recibe fuertes presiones para asumir medidas de saneamiento.

La prensa no quedó al margen del proceso, y esa historia también está contada en el libro, donde se lee: "Desde 1992, el Complejo Metalúrgico Dominicana en coordinación con la Comisión de Saneamiento Ecológico (Conasaeco) procedió a la elaboración de un vasto y detallado programa de control ambiental que abarca las diferentes plantas industriales de la empresa".

Destacan la utilización de tecnologías especializadas y reconocidas y equipos de gran precisión que permiten cumplir con las más estrictas normas europeas y norteamericanas de control ambiental.

Los momentos cumbres de la empresa son también los puntos más altos del desarrollo económico del país expresado en la industria de la varilla y el cemento. La memoria recoge el período 1992-2004, que abarcó en una primera etapa el renace de la política de construcción de Joaquín Balaguer, la expansión urbana y el desarrollo vial que hizo posible adecuar los limitados accesos de la ciudad a la demanda de la urbe agigantada.

 

El catálogo de éxitos tuvo sus salpicaduras, y estás también quedan registradas. Se recuerda el fenómeno de las importaciones ilegales de varillas, provenientes sobre todo de China, Turquía y Cuba.

El auge del turismo, por un lado, y el crecimiento vertical de la capital dominicana, por otro, se combinaron para dar nuevos perfiles a entornos urbanos del país, en los que la industria del acero se constituyó en pilar fundamental.

En la última etapa del proceso, se registra el auge de los centros comerciales y las elevaciones cada vez mayores de las torres de apartamentos.