EL VIEJO Y LA COMPUTADORA
La computadora puede ser una terapia contra la soledad, el aburrimiento, la depresión y otras "fuñendas" más que pueden atacar a los mayores. Haga un curso. Si no le llama la atención ir a un institut

No, no estoy pretendiendo emular a Hemingway. Al menos, no en este momento. Escribo estas líneas motivado por el deseo de comunicarle algunas ideas a usted que, como yo, ya pasó aquella frontera de los "Ta" hace tiempo. Y nos llamo viejos, porque así nos dicen los otros, los que han soplado muchas menos velitas.
De acuerdo con uno de los corolarios de la conocida Ley de Murphy, "nada es tan fácil como parece". Y puede ser verdad. Pero la diferencia para lograr el éxito está en cómo encaramos la tarea. Ahora me refiero específicamente a los pleitos de algunas personas con las computadoras.
Hay los que se niegan rotundamente a enfrentar el reto. Muchos habrán oído aquello de "¡Que va! mi hijo, a mí eso no me llama la atención para nada". No es verdad. Dice eso, pero se muere de envidia cada vez que alguien habla de que chateó con su hijo que está en viaje de negocios en algún lugar remoto de la aldea global. O que averiguó algo que hacía mil años que quería saber por una consulta que hizo en uno cualquier de los buscadores de la red.
A esos les recomendaría cambiar de actitud. Se pierden de muchas cosas. La realidad es que nos hacemos viejos cuando nos negamos a aceptar lo nuevo. Hoy día, la computadora personal es un completísimo centro de entretenimiento. Y el entretenimiento sano e inteligente es algo fundamental para los ciudadanos "senior", como dicen los americanos.
Esto que escribo, lo hago en mi computadora y luego se lo envío al Sr. Tejada al periódico por correo electrónico. Pero, además, puedo hacer muchísimas otras cosas. Entre ellas, una muy placentera para mí, oír música. Tengo un disco portátil de gran capacidad, lleno de música de todo tipo, de diferentes épocas, que conecto a mi sistema de audio.
Le voy a contar algo. Quizá yo no sea uno de los más fervientes fans de Toña La Negra, pero, si viene alguien a mi casa y me pregunta si tengo algo de ella, orgullosamente le ofrezco: "¡Claro!... ¿qué te gustaría oír?". A mí me encanta tener de todo. Y un amigo mío me dijo cómo bajar música que consiguió su papá. Es decir, un señor con unos cuantos añitos más que nosotros, que tiene su propio centro de entretenimiento.
Déjese de remilgos. No ande despotricando contra lo nuevo. Porque le van a decir viejo y eso a usted no le gusta. Además, recuerde que, en los tiempos actuales, en un abrir y cerrar de ojos cualquier cosa nueva se hace de uso común y usted se puede quedar atrás.
La computadora puede ser una terapia contra la soledad, el aburrimiento, la depresión y otras fuñendas más que pueden atacarnos a los mayores. Hágame caso. Posiblemente, si a usted le orientan bien, pueda invertir en este medio de entretenerse y dejar de gastar en medicamentos y profesionales de la salud mental. (Con perdón, muchachos.)
Cómprese una. Pero, antes de comprarla, pruébese a usted mismo que realmente va a aprender a utilizarla y la va a utilizar. Adquiérala con licencias legales y copia de todo lo que esté instalado en ella. Exija legalidad. Eso puede ahorrarle muchos inconvenientes. En el caso de que usted sea tímido para "punchar" teclas y botones, no le recomiendo comprarla primero y aprender después.
Haga un curso. Si no le llama la atención ir a un instituto lleno de geniecillos sabelotodos de escasa edad, busque una persona mayor, como usted, y páguele para que le enseñe. Estar con alguien que sepa y que, además, posiblemente tenga mañas parecidas a las suyas, va a hacer que el camino sea más corto y agradable.
Trate de hacer las cosas por usted mismo hasta que realmente vea que no puede. No se desespere. Si se da el caso de que algo aparentemente no funciona, no llame a su amigo, el que sabe, para preguntarle por qué la computadora se niega a hacer eso que usted quiere. No hasta que usted lo haya intentado al menos tres veces. Investigue. Y, por favor, nunca lo llame a las dos de la madrugada. Sea consciente. No haga que él le coja odio a su propia compañera de diversión.
Hay otras cosas que usted irá aprendiendo a medida que se vaya familiarizando con ese invento que "no era para usted". Atrinchérese en actividades mentales para evitar el artero ataque del "alemán" (don Alzheimer). Y disfrute del nuevo mundo de la tecnología. Es bonito e interesante. Le aseguro que le va a gustar.
De acuerdo con uno de los corolarios de la conocida Ley de Murphy, "nada es tan fácil como parece". Y puede ser verdad. Pero la diferencia para lograr el éxito está en cómo encaramos la tarea. Ahora me refiero específicamente a los pleitos de algunas personas con las computadoras.
Hay los que se niegan rotundamente a enfrentar el reto. Muchos habrán oído aquello de "¡Que va! mi hijo, a mí eso no me llama la atención para nada". No es verdad. Dice eso, pero se muere de envidia cada vez que alguien habla de que chateó con su hijo que está en viaje de negocios en algún lugar remoto de la aldea global. O que averiguó algo que hacía mil años que quería saber por una consulta que hizo en uno cualquier de los buscadores de la red.
A esos les recomendaría cambiar de actitud. Se pierden de muchas cosas. La realidad es que nos hacemos viejos cuando nos negamos a aceptar lo nuevo. Hoy día, la computadora personal es un completísimo centro de entretenimiento. Y el entretenimiento sano e inteligente es algo fundamental para los ciudadanos "senior", como dicen los americanos.
Esto que escribo, lo hago en mi computadora y luego se lo envío al Sr. Tejada al periódico por correo electrónico. Pero, además, puedo hacer muchísimas otras cosas. Entre ellas, una muy placentera para mí, oír música. Tengo un disco portátil de gran capacidad, lleno de música de todo tipo, de diferentes épocas, que conecto a mi sistema de audio.
Le voy a contar algo. Quizá yo no sea uno de los más fervientes fans de Toña La Negra, pero, si viene alguien a mi casa y me pregunta si tengo algo de ella, orgullosamente le ofrezco: "¡Claro!... ¿qué te gustaría oír?". A mí me encanta tener de todo. Y un amigo mío me dijo cómo bajar música que consiguió su papá. Es decir, un señor con unos cuantos añitos más que nosotros, que tiene su propio centro de entretenimiento.
Déjese de remilgos. No ande despotricando contra lo nuevo. Porque le van a decir viejo y eso a usted no le gusta. Además, recuerde que, en los tiempos actuales, en un abrir y cerrar de ojos cualquier cosa nueva se hace de uso común y usted se puede quedar atrás.
La computadora puede ser una terapia contra la soledad, el aburrimiento, la depresión y otras fuñendas más que pueden atacarnos a los mayores. Hágame caso. Posiblemente, si a usted le orientan bien, pueda invertir en este medio de entretenerse y dejar de gastar en medicamentos y profesionales de la salud mental. (Con perdón, muchachos.)
Cómprese una. Pero, antes de comprarla, pruébese a usted mismo que realmente va a aprender a utilizarla y la va a utilizar. Adquiérala con licencias legales y copia de todo lo que esté instalado en ella. Exija legalidad. Eso puede ahorrarle muchos inconvenientes. En el caso de que usted sea tímido para "punchar" teclas y botones, no le recomiendo comprarla primero y aprender después.
Haga un curso. Si no le llama la atención ir a un instituto lleno de geniecillos sabelotodos de escasa edad, busque una persona mayor, como usted, y páguele para que le enseñe. Estar con alguien que sepa y que, además, posiblemente tenga mañas parecidas a las suyas, va a hacer que el camino sea más corto y agradable.
Trate de hacer las cosas por usted mismo hasta que realmente vea que no puede. No se desespere. Si se da el caso de que algo aparentemente no funciona, no llame a su amigo, el que sabe, para preguntarle por qué la computadora se niega a hacer eso que usted quiere. No hasta que usted lo haya intentado al menos tres veces. Investigue. Y, por favor, nunca lo llame a las dos de la madrugada. Sea consciente. No haga que él le coja odio a su propia compañera de diversión.
Hay otras cosas que usted irá aprendiendo a medida que se vaya familiarizando con ese invento que "no era para usted". Atrinchérese en actividades mentales para evitar el artero ataque del "alemán" (don Alzheimer). Y disfrute del nuevo mundo de la tecnología. Es bonito e interesante. Le aseguro que le va a gustar.
Diario Libre
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