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En la Policía Nacional la escoba ya no barre también como antes

Historia DL. - Los defensores de los derechos humanos aseguran que más de 180 muertos lo fueron de manera salvaje y cuando pedían clemencia.

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En la Policía Nacional la escoba ya no barre también como antes
Las ejecuciones extrajudiciales cuestionan la calidad de la Policía
Santo Domingo. La gestión del mayor general Jaime Marte Martínez en la jefatura de la Policía Nacional perdió su brillo original.

El principal logro exhibido por el circunspecto oficial durante 2002: una reducción significativa de las muertes de civiles a manos de sus agentes en alegados intercambio de disparos, se desvaneció al transcurrir su segundo año frente a la institución.

El balance de 103 ejecuciones extrajudiciales que le mereció toda clase de elogios cuando culminaron sus primeros 12 meses de estreno, hoy es sólo una simple estadística del pasado y no un esfuerzo decidido y continuo por poner un freno al exceso policial.

Entonces, se comparaba el número de abatidos durante la gestión de Marte Martínez con el de su antecesor, el mayor general Pedro de Jesús Candelier, quien terminó sus primeros 365 días en la dirección de la Policía Nacional con 171 muertes de civiles a cuestas.

Hoy, la comparación deja a Marte Martínez con cifras en rojo. Durante el año que acaba de culminar, las víctimas provocadas por "intercambios de disparos" se duplicaron casi en un 100%. De acuerdo con un informe presentado por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), 200 personas murieron en el 2003 a manos de agentes policiales.

El número supera la aplaudida cifra con la que Marte Martínez logró reducir las víctimas civiles en circunstancias no siempre esclarecidas en el 2002; pero, también se coloca por arriba del balance de muertes producidas durante la gestión del temido Candelier, criticado hasta la saciedad por grupos de la sociedad civil y autoridades norteamericanas.

La Policía Nacional no admite como suyas las 200 muertes citadas, sino tan sólo 150, según informó Manuel María Mercedes, presidente de la CNDH.

Palabras que matan

De todas maneras, lo interesante es que el discurso enarbolado por Marte Martínez el 8 de enero del 2002, cuando comenzó oficialmente su gestión, parece tener otro significado hoy día.

"Vamos a emplear las palabras como arma; aunque lo segundo lo determinan las circunstancias", declaró el jefe policial en sus primeros días al frente de la institución y cuando su escoba, como nueva al fin, barría bien.

Al cabo de dos años, el notable aumento de las ejecuciones extrajudiciales pone de manifiesto que las palabras de los agentes policiales tienen balas certeras y mortales.

Un análisis sobre los casos permite comprobar que la mayoría de las víctimas se producen en el Distrito Nacional, la provincia Santo Domingo y Santiago. En menor magnitud, se constatan en La Romana, San Cristóbal, San Francisco de Macorís, Azua, Bonao, Dajabón, La Vega, Nagua, Puerto Plata y San Pedro de Macorís.

De acuerdo con la Policía, la mayor parte de los civiles eran buscados por cometer crímenes y robos, y, al poner resistencia a su detención, los agentes se vieron en la necesidad de actuar.

Dado que la vida es un derecho inalienable, la CNDH ha sido insistente en reclamar al jefe de la Policía Nacional que someta a la acción de la justicia a los agentes envueltos en crímenes.

El reclamo ha tenido una receptiva acogida: en los primeros 11 meses del 2003, 114 agentes de la Policía Nacional fueron sometidos a los tribunales, acusados de participar en muerte de ciudadanos en distintos hechos.

Setenta y nueve de los expedientes acusatorios fueron remitidos a los tribunales ordinarios, mientras que 45 son conocidos en los tribunales policiales, como lo dispone el Código de Justicia Militar.

Sin embargo, de acuerdo con un informe estadístico publicado en el Listín Diario, una gran cantidad de los hechos investigados se registraron mientras los agentes policiales se encontraban fuera de servicio.

El pedido de que los agentes y oficiales sean llevados a la justicia ordinaria también es sustentado por la población, ante el aumento del número de jóvenes que han sido mutilados de las piernas debido a los impactos de bala. Desde abril hasta el 22 de diciembre del pasado año, 20 jóvenes fueron lesionados de manera radical en alguna de sus extremidades y sin tener ahora más remedio que moverse al amparo de una silla de ruedas o una muleta. Tragedias de este tipo han quedado en la memoria de de Francisco Alberto García, de 27 años; Ariel Salvador Martínez, de 22; Nicolás Núñez Peralta, de 30; José Ramón Díaz Amparo, de 23; Vicente Grullón Mercedes, de 32 y José Ramón Encarnación, de 23 años, quienes dejaron de caminar con las dos piernas desde el año pasado.

[b]Las bajas policiales también se produjeron, pero en menor magnitud[/b]

Aunque se diga que la suerte es la misma: la muerte, el número de víctimas civiles y policiales nunca es igual. De ahí que cuando se plantea el tema de los "intercambios de disparos", siempre se tienda a pensar que se trata de una lucha desigual.

Está claro, sin embargo, que en la institución policial también hay bajas. En los primeros cuatro meses del pasado año, 15 agentes policiales perdieron la vida en enfrentamientos con supuestos delincuentes. Y, de hecho, el 2003 comenzó con luto para los miembros de la institución ya que del 1 de enero al 25 de febrero fue asesinado un policía cada seis días. Entre ellos figuran los sargentos Luis Hernández, Germán Montero Liranzo y Elvis Cuello así como los rasos Reynaldo Mendoza, Ángeles Encarnación y Alfonso Gómez Sánchez.

A mediados del pasado año, los muertos en supuestos intercambios de disparos se extremaron. En mayo, las víctimas fueron 22 y en junio, el número llegó a 19. Entre ellos, figuran: Diógenes Batista, Richard Acosta, Francisco Brazobán, Héctor López Belén, Henry Montero, Yoel Francisco Sánchez, Guido Vargas Linares, Juan José Concepción y Henry Montero.