Estado de los recursos naturales en el Gran Caribe
Hace millones de años el Archipiélago del Caribe que conocemos hoy era parte de una cadena de islas que, en forma de puente, unían América del Norte con América del Sur. Las Antillas Mayores fueron las primeras en formarse como producto del deslizamiento de la Placa del Caribe hacia el Este y la ocurrencia de eventos geológicos importantes ocurridos a finales del período Cretácico.
Así, las especies terrestres y de agua dulce evolucionaron aisladas originando la aparición de nuevas especies por la adaptación o "radiación adaptativa" a diversos ambientes. Estimados actuales sugieren que alrededor del 40% de las plantas y los vertebrados terrestres del Caribe son endémicos, es decir, que no existen en ningún otro lugar del planeta. Para resaltar la escala de esta situación basta señalar que el número de especies en el Caribe es comparable con aquellas presentes en el territorio continental de los Estados Unidos.
Las mismas fuerzas biogeográficas que modelaron esta extraordinaria biodiversidad insular también generaron su vulnerabilidad a la extinción pues como las especies evolucionaron sin competencia y en ausencia de depredadores mayores son frágiles frente a las amenazas causadas por el hombre.
A la fecha han ocurrido más extinciones registradas de mamíferos en el Caribe que en los continentes de África y Asia combinados. La amenaza de extinción es aumentada por la complejidad política de la Región, integrada por países con historia y cultura únicas, lo que resulta en una mezcla de problemas sociales, económicos y ambientales. La extinción en ecosistemas insulares es doblemente preocupante ya que al existir poca similitud entre especies es menor la posibilidad de que las funciones ecológicas que cumplían las especies extintas sean suplantadas por otras especies.
Como resultado, menos del 10% de la vegetación original permanece intacta, muchas de las especies están actualmente amenazadas o en peligro de extinción, y la mayoría de los países carecen de la capacidad e infraestructura para manejar eficientemente sus recursos naturales.
Esta situación no supone que todo esté perdido; además de las esperanzas, existen estrategias y acciones capaces de mitigar o abatir las amenazas y presiones que afectan la biodiversidad en el Gran Caribe, pues Cuba, Española y Puerto Rico cuentan con muestras viables de cada una de sus eco-regiones terrestres. Esas muestras están a la vez integradas a los sistemas de áreas protegidas nacionales, o como en el caso de Haití, han sido identificadas y se avanzan esfuerzos para lograr su declaratoria como áreas protegidas.
Pero es necesario asumir como prioridad e implementar las acciones de planificación necesarias para cumplir con las obligaciones asumidas por cada Estado frente a la Convención sobre Diversidad Biológica, y lograr entonces un acuerdo a largo plazo entre gobierno, fuerzas políticas y sociedad civil para consignar en los presupuestos nacionales los costos de conservación y manejo de la biodiversidad.
Archipiélago de Cuba
Cuba con sus 111,000 km2 es la nación más grande y más occidental en las Antillas Mayores. Esta nación es realmente un archipiélago compuesto por unas 4,196 islas y cayos en los que existen cinco eco regiones terrestres: Bosque Húmedo Cubano, Bosque Seco Cubano, Humedal Cubano, Bosques de Pinos Cubano y Matorral Árido Cubano. Todas estas eco-regiones, excepto la última, están clasificadas como de alta prioridad de conservación a escala regional debido a la riqueza de sus especies, su alto endemismo y vulnerabilidad.
Unas 3,193 especies son endémicas de Cuba, es decir, que no ocurren en ningún otro lugar del planeta, habiendo evolucionado en los bosques lluviosos de la isla, en sus extensos bosques de pinos, en el vasto territorio de la Ciénega de Zapata o en el sureste árido donde existen cactus antiguos con la circunferencia de árboles centenarios.
Un ejemplo de la extraordinaria diversidad biológica de Cuba es la gran cantidad de plantas vasculares que alcanza las 6,550 especies, que representan más de la mitad de las 12,000 especies presentes en todo el Caribe. A lo largo y ancho de la isla, existen hábitat que son críticos para la supervivencia de especies únicas como el Cocodrilo Cubano, el Almiquí o Solenodonte Cubano y el minúsculo Colibrí Calypte helena que con unos cinco centímetros de largo y pesando menos que una moneda de diez centavos es el ave más pequeña del mundo.
El área relativamente grande de Cuba y su localización en el Caribe es de importancia vital para la ecología y la conservación de las aves con unas 350 especies reportadas a la fecha, de las cuales 113 especies son residentes permanentes, 21 son especies endémicas y 200 especies migratorias, de estas últimas son particularmente importantes las paseriformes, de rapiña y acuáticas. De ellas, 114 pasan el invierno regularmente en la isla y las demás se detienen en la isla temporalmente durante sus migraciones hacia el sur.
Bajo la superficie del mar la vida marina permanece relativamente imperturbable. Los Arrecifes de coral, manglares y multitud de lagunas proveen abrigo para diversas especies. El manatí de las Antillas pasta en las praderas de algas marinas, la langosta y el lambí aprovechan las corrientes marinas que a lo largo de las costas, los sistemas de cayos y arrecifes ofrecen áreas ideales de apareamiento y desove de múltiples especies, jugando un rol importante en el mantenimiento de la biodiversidad marina en el Caribe.
Estos elementos de biodiversidad están representados en 80 áreas protegidas de importancia nacional y 183 áreas protegidas de importancia local (incluyendo aquellas en proceso de aprobación y REDS) con un área equivalente al 17.6% del territorio de dicha nación. El área total bajo protección, incluyendo los ecosistemas terrestres y marinos es de más de 1.3 millones de hectáreas que representan aproximadamente un tercio de la riqueza de especies del Caribe, lo que las hace imprescindibles para evaluar los elementos restantes de esta región.
Sin embargo en el presente, más del 75% de la población de especies endémicas está amenazada y el 36% está clasificado como en peligro de extinción. El sumario de las amenazas a la biodiversidad cubana incluye: expansión forestal y agrícola, desarrollo turístico, desarrollo de infraestructuras, alteración hidrológica, contaminación y especies invasoras.
Sin duda, el país tiene suficiente capacidad técnica, una comunidad científica desarrollada e información sobre biodiversidad detallada para avalar la toma de decisiones y los procesos de planificación.
Puerto Rico
Es la menor y más oriental de las Antillas Mayores; junto a las islas de Vieques, Culebra, Mona, Monita y Desecheo conforma un pequeño archipiélago con un área terrestre de 8898 km2. A pesar de su reducida extensión, Puerto Rico se caracteriza por el elevado endemismo de sus especies. Este archipiélago contiene dos eco-regiones terrestres: el Bosque Seco de Puerto Rico y el Bosque Húmedo de Puerto Rico, ambas consideradas de alta prioridad de conservación a nivel regional tanto por la riqueza de sus especies, como por su alto endemismo y estado de vulnerabilidad.
Este archipiélago contiene una flora y fauna diversas cuyos elevados niveles de endemismo ocurren a múltiples escalas, pues algunas especies son endémicas de las Antillas, otras son endémicas de la isla de Puerto Rico, algunas son endémicas de una de las pequeñas islas, mientras otras ocurren en áreas apartadas dentro de las islas del archipiélago.
Las seis islas contienen 2,891 especies de plantas vasculares, 206 especies de vertebrados, 106 especies de aves residentes, 21 especies de mamíferos y 79 especies de reptiles y anfibios; de estos últimos un 46% es endémico. Puerto Rico y sus islas adyacentes ostentan la más elevada densidad de anfibios y reptiles de todas las Antillas Mayores, mientras que sus cuerpos de agua interiores contienen el 12% de las especies insectos acuáticos en toda la cuenca del Caribe.
El sistema de parques y reservas existente en la isla de Puerto Rico está compuesto por 44 áreas protegidas bajo distintas categorías de conservación, con una extensión equivalente a cerca del 6% de su territorio. Sin embargo, dicho sistema lograr capturar el 70% de los ecosistemas y elementos críticos -especies raras y/o amenazadas- el 87% de las especies de flora y el 48% de las especies de fauna presentes en la isla.
Al menos el 41.6% del territorio de la isla de Puerto Rico está cubierto por bosques, pero sólo el 5% de éstos se encuentran dentro de los límites de su sistema de parques nacionales y reservas. La mayoría de estos bosques son secundarios, producto de la regeneración natural, pues como resultado de la agricultura la isla fue desprovista casi totalmente de su cubierta boscosa en la primera mitad del siglo pasado.
Sin embargo, esta cobertura boscosa sobresaliente no ha producido efectos en las poblaciones de la fauna nativa. Las modificaciones del ambiente natural han sido consideradas como las causas principales para la declinación de dichas poblaciones. Otras causas, como la introducción de la Mangosta de la India (Herpestes javanicus) .mejor conocida en estas latitudes como Hurón, se consideran responsables por la extinción de varias especies de lagartos y culebras. La evidencia también señala a gatos, perros, cerdos y chivos con capacidad para dañar significativamente la flora y la fauna del archipiélago.
Pero en Puerto Rico existe bagaje técnico razonable, una comunidad académica y científica con capacidad suficiente y detallada información sobre biodiversidad, lo que facilita la planificación tanto para el manejo racional como para la conservación de sus recursos. Su asociación con los Estados Unidos ofrece diversas oportunidades para la gestión de acciones de protección, manejo de recursos e investigación científica mediante el acceso a fondos no reembolsables de las principales agencias ambientales del Gobierno Federal Norteamericano.
La Española
La isla Española tiene una extensión territorial de 76,192 km2. Está ocupada por las Repúblicas Dominicana y de Haití. Esta última se ubica en el tercio más occidental de la isla en un territorio que alcanza los 27,750 km2. La República Dominicana, con una superficie de 48,442 km2 cubre las dos terceras partes de la isla, extendiéndose hasta el extremo Este de la misma. En ambos lados de la isla ocurren sus cuatro eco regiones terrestres: Bosque Húmedo de la Española, Bosque de Pinos de la Española, Bosque Seco de la Española y Humedales de la Española.
En la porción más oriental de la Española se ubica la República Dominicana, en la que están presentes las cuatro eco regiones terrestres de la isla. Como ocurre con su vecino, las cuatro eco regiones están consideradas como de alta prioridad de conservación a nivel regional por su riqueza de especies, los elevados niveles de endemismo y su vulnerabilidad.
Ellas albergan, al igual que en la porción occidental de la isla, elevados niveles de endemismo y rareza de especies. Su diversidad biológica esta representada en 5,657 especies de plantas, 20 especies de mamíferos, 79 especies de aves residentes, 117 especies de reptiles y 38 especies de anfibios. El Cocodrilo Americano, La Jutía (Plagiodontia aedis) y el Solenodonte (Solenodon paradoxus) y la Iguana Rinoceronte son algunas de las especies.
Dominicana cuenta con su Sistema Nacional de Áreas Protegidas, integrado por más de 80 unidades de conservación que representan cerca del 24% del territorio nacional, que según estimados recientes cuenta con una cobertura de vegetación cercana al 30% de su territorio.
Dentro del sistema de áreas bajo conservación cabe señalar el Parque Nacional Lago Enriquillo, declarado como un Humedal de Importancia Internacional por la Convención de Ramsar y que representa el punto más bajo en el Caribe con cerca de 45 metros por debajo del nivel del mar. Este parque, junto a los Parques Nacionales Jaragua y Sierra de Bahoruco, integran la Reserva de Biosfera Enriquillo, un complejo de áreas protegidas que contiene múltiples ecosistemas con valores sobresalientes.
En la Cordillera Central, donde se ubica el Pico Duarte, que con más de 3,000 metros de altura es la mayor elevación del Caribe, una red de parques y reservas integrado por siete áreas protegidas: Parques Nacionales Armando Bermúdez, Juan B. Pérez Rancier (Valle Nuevo), José del Carmen Ramírez Eugenio de Js. Marcano (La Humeadora) y Nalga de Maco, y las Reservas de Ébano Verde y Las Neblinas cubren un área equivalente al 7% del territorio nacional que contienen las mejores representaciones de bosques de pinos, bosques nublados y húmedos de la isla, así como las mayores elevaciones del Caribe insular. El agua producida en esta región beneficia a cerca del 70% de la población dominicana mediante su uso agrícola e industrial, producción de energía y provisión de agua potable.
El Parque Nacional Nalga de Maco, en el extremo Noroeste de la República, aloja la cuenca alta del Río Artibonito, cuyas aguas suplen irrigación para dos tercios de la producción de arroz en Haití. En ese país, el arroz es el componente más importante en la dieta de su pueblo. La conservación integral de esa cuenca es una prioridad estratégica para las naciones que comparten la isla.
En el Noreste de la isla, en la Provincia de Samaná, existen dos sistemas costeros diferenciados: El Estuario de Yuna-Barracote y la Bahía de Samaná, los que al ser gobernados por regímenes climáticos e hidrológicos diferenciados crean el escenario perfecto para una diversidad marina sobresaliente. Allí existe el mayor manglar del país favorecido por el extraordinario gradiente de condiciones ambientales que provee el estuario.
La Bahía por su parte es más conocida por la visita de las Ballenas Jorobadas cada año, pero por su extraordinaria diversidad existen en ella y su entorno una red de áreas protegidas terrestres, acuáticas y marinas con una extensión cercana a los 900 kilómetros cuadrados. En la bahía faena el 42% de las embarcaciones de pesca registradas en el país, lo que muestra la importancia socioeconómica de la misma.
Pero como en las demás islas, la expansión agrícola en áreas frágiles de las cuencas hidrográficas, el desarrollo turístico, la construcción de infraestructuras, la alteración del régimen hidrológico y del régimen natural del fuego, la contaminación y las especies invasoras presentan serias y crecientes amenazas para los recursos naturales.
Se requiere articular mecanismos para asegurar los recursos que permitan manejar adecuadamente el sistema de parques y reservas existentes. En Costa Rica, el presupuesto ideal para manejar un sistema relativamente similar en extensión excede los $50 millones de dólares, que traducidos al tipo de cambio vigente resultan en $1,600 millones de pesos, que duplican la asignación presupuestaria de toda la Secretaría de Medio Ambiente, de la cual el Sistema de Áreas Protegidas que administra la Subsecretaria de Áreas Protegidas y Biodiversidad es una fracción mucho menor.
Estrategias y acciones posibles
Los estados del Gran Caribe tienen en el Programa de Trabajo de la Convención sobre Diversidad Biológica una excelente oportunidad para completar la planificación necesaria para, alrededor del año 2012, iniciar el proceso de manejar racionalmente su biodiversidad.
Pero la planificación debe ser apoyada con instrumentos financieros provenientes de los presupuestos nacionales y de herramientas fiscales e incentivos diseñados para contribuir con los costos inherentes a la conservación y manejo de los recursos naturales. En todo el planeta se implementan estrategias innovadoras como el incentivo a la protección de tierras privadas, el co-manejo y la co-gestión de áreas protegidas y la conversión de deudas públicas en inversiones en naturaleza.
Quizás los países con diversos ambientes naturales y paisajes sobresalientes, integrados en sistemas de parques y reservas, podrían obtener provecho de leyes que ofrezcan incentivos, en este caso a las alianzas entre el sector privado, las comunidades locales y las ONG para realizar inversiones que permitan implementar actividades no extractivas en los sistemas de áreas protegidas, y así generar ingresos mediante la diversificación de la oferta de servicios turísticos a través del uso sostenible de los recursos naturales. O
Así, las especies terrestres y de agua dulce evolucionaron aisladas originando la aparición de nuevas especies por la adaptación o "radiación adaptativa" a diversos ambientes. Estimados actuales sugieren que alrededor del 40% de las plantas y los vertebrados terrestres del Caribe son endémicos, es decir, que no existen en ningún otro lugar del planeta. Para resaltar la escala de esta situación basta señalar que el número de especies en el Caribe es comparable con aquellas presentes en el territorio continental de los Estados Unidos.
Las mismas fuerzas biogeográficas que modelaron esta extraordinaria biodiversidad insular también generaron su vulnerabilidad a la extinción pues como las especies evolucionaron sin competencia y en ausencia de depredadores mayores son frágiles frente a las amenazas causadas por el hombre.
A la fecha han ocurrido más extinciones registradas de mamíferos en el Caribe que en los continentes de África y Asia combinados. La amenaza de extinción es aumentada por la complejidad política de la Región, integrada por países con historia y cultura únicas, lo que resulta en una mezcla de problemas sociales, económicos y ambientales. La extinción en ecosistemas insulares es doblemente preocupante ya que al existir poca similitud entre especies es menor la posibilidad de que las funciones ecológicas que cumplían las especies extintas sean suplantadas por otras especies.
Como resultado, menos del 10% de la vegetación original permanece intacta, muchas de las especies están actualmente amenazadas o en peligro de extinción, y la mayoría de los países carecen de la capacidad e infraestructura para manejar eficientemente sus recursos naturales.
Esta situación no supone que todo esté perdido; además de las esperanzas, existen estrategias y acciones capaces de mitigar o abatir las amenazas y presiones que afectan la biodiversidad en el Gran Caribe, pues Cuba, Española y Puerto Rico cuentan con muestras viables de cada una de sus eco-regiones terrestres. Esas muestras están a la vez integradas a los sistemas de áreas protegidas nacionales, o como en el caso de Haití, han sido identificadas y se avanzan esfuerzos para lograr su declaratoria como áreas protegidas.
Pero es necesario asumir como prioridad e implementar las acciones de planificación necesarias para cumplir con las obligaciones asumidas por cada Estado frente a la Convención sobre Diversidad Biológica, y lograr entonces un acuerdo a largo plazo entre gobierno, fuerzas políticas y sociedad civil para consignar en los presupuestos nacionales los costos de conservación y manejo de la biodiversidad.
Archipiélago de Cuba
Cuba con sus 111,000 km2 es la nación más grande y más occidental en las Antillas Mayores. Esta nación es realmente un archipiélago compuesto por unas 4,196 islas y cayos en los que existen cinco eco regiones terrestres: Bosque Húmedo Cubano, Bosque Seco Cubano, Humedal Cubano, Bosques de Pinos Cubano y Matorral Árido Cubano. Todas estas eco-regiones, excepto la última, están clasificadas como de alta prioridad de conservación a escala regional debido a la riqueza de sus especies, su alto endemismo y vulnerabilidad.
Unas 3,193 especies son endémicas de Cuba, es decir, que no ocurren en ningún otro lugar del planeta, habiendo evolucionado en los bosques lluviosos de la isla, en sus extensos bosques de pinos, en el vasto territorio de la Ciénega de Zapata o en el sureste árido donde existen cactus antiguos con la circunferencia de árboles centenarios.
Un ejemplo de la extraordinaria diversidad biológica de Cuba es la gran cantidad de plantas vasculares que alcanza las 6,550 especies, que representan más de la mitad de las 12,000 especies presentes en todo el Caribe. A lo largo y ancho de la isla, existen hábitat que son críticos para la supervivencia de especies únicas como el Cocodrilo Cubano, el Almiquí o Solenodonte Cubano y el minúsculo Colibrí Calypte helena que con unos cinco centímetros de largo y pesando menos que una moneda de diez centavos es el ave más pequeña del mundo.
El área relativamente grande de Cuba y su localización en el Caribe es de importancia vital para la ecología y la conservación de las aves con unas 350 especies reportadas a la fecha, de las cuales 113 especies son residentes permanentes, 21 son especies endémicas y 200 especies migratorias, de estas últimas son particularmente importantes las paseriformes, de rapiña y acuáticas. De ellas, 114 pasan el invierno regularmente en la isla y las demás se detienen en la isla temporalmente durante sus migraciones hacia el sur.
Bajo la superficie del mar la vida marina permanece relativamente imperturbable. Los Arrecifes de coral, manglares y multitud de lagunas proveen abrigo para diversas especies. El manatí de las Antillas pasta en las praderas de algas marinas, la langosta y el lambí aprovechan las corrientes marinas que a lo largo de las costas, los sistemas de cayos y arrecifes ofrecen áreas ideales de apareamiento y desove de múltiples especies, jugando un rol importante en el mantenimiento de la biodiversidad marina en el Caribe.
Estos elementos de biodiversidad están representados en 80 áreas protegidas de importancia nacional y 183 áreas protegidas de importancia local (incluyendo aquellas en proceso de aprobación y REDS) con un área equivalente al 17.6% del territorio de dicha nación. El área total bajo protección, incluyendo los ecosistemas terrestres y marinos es de más de 1.3 millones de hectáreas que representan aproximadamente un tercio de la riqueza de especies del Caribe, lo que las hace imprescindibles para evaluar los elementos restantes de esta región.
Sin embargo en el presente, más del 75% de la población de especies endémicas está amenazada y el 36% está clasificado como en peligro de extinción. El sumario de las amenazas a la biodiversidad cubana incluye: expansión forestal y agrícola, desarrollo turístico, desarrollo de infraestructuras, alteración hidrológica, contaminación y especies invasoras.
Sin duda, el país tiene suficiente capacidad técnica, una comunidad científica desarrollada e información sobre biodiversidad detallada para avalar la toma de decisiones y los procesos de planificación.
Puerto Rico
Es la menor y más oriental de las Antillas Mayores; junto a las islas de Vieques, Culebra, Mona, Monita y Desecheo conforma un pequeño archipiélago con un área terrestre de 8898 km2. A pesar de su reducida extensión, Puerto Rico se caracteriza por el elevado endemismo de sus especies. Este archipiélago contiene dos eco-regiones terrestres: el Bosque Seco de Puerto Rico y el Bosque Húmedo de Puerto Rico, ambas consideradas de alta prioridad de conservación a nivel regional tanto por la riqueza de sus especies, como por su alto endemismo y estado de vulnerabilidad.
Este archipiélago contiene una flora y fauna diversas cuyos elevados niveles de endemismo ocurren a múltiples escalas, pues algunas especies son endémicas de las Antillas, otras son endémicas de la isla de Puerto Rico, algunas son endémicas de una de las pequeñas islas, mientras otras ocurren en áreas apartadas dentro de las islas del archipiélago.
Las seis islas contienen 2,891 especies de plantas vasculares, 206 especies de vertebrados, 106 especies de aves residentes, 21 especies de mamíferos y 79 especies de reptiles y anfibios; de estos últimos un 46% es endémico. Puerto Rico y sus islas adyacentes ostentan la más elevada densidad de anfibios y reptiles de todas las Antillas Mayores, mientras que sus cuerpos de agua interiores contienen el 12% de las especies insectos acuáticos en toda la cuenca del Caribe.
El sistema de parques y reservas existente en la isla de Puerto Rico está compuesto por 44 áreas protegidas bajo distintas categorías de conservación, con una extensión equivalente a cerca del 6% de su territorio. Sin embargo, dicho sistema lograr capturar el 70% de los ecosistemas y elementos críticos -especies raras y/o amenazadas- el 87% de las especies de flora y el 48% de las especies de fauna presentes en la isla.
Al menos el 41.6% del territorio de la isla de Puerto Rico está cubierto por bosques, pero sólo el 5% de éstos se encuentran dentro de los límites de su sistema de parques nacionales y reservas. La mayoría de estos bosques son secundarios, producto de la regeneración natural, pues como resultado de la agricultura la isla fue desprovista casi totalmente de su cubierta boscosa en la primera mitad del siglo pasado.
Sin embargo, esta cobertura boscosa sobresaliente no ha producido efectos en las poblaciones de la fauna nativa. Las modificaciones del ambiente natural han sido consideradas como las causas principales para la declinación de dichas poblaciones. Otras causas, como la introducción de la Mangosta de la India (Herpestes javanicus) .mejor conocida en estas latitudes como Hurón, se consideran responsables por la extinción de varias especies de lagartos y culebras. La evidencia también señala a gatos, perros, cerdos y chivos con capacidad para dañar significativamente la flora y la fauna del archipiélago.
Pero en Puerto Rico existe bagaje técnico razonable, una comunidad académica y científica con capacidad suficiente y detallada información sobre biodiversidad, lo que facilita la planificación tanto para el manejo racional como para la conservación de sus recursos. Su asociación con los Estados Unidos ofrece diversas oportunidades para la gestión de acciones de protección, manejo de recursos e investigación científica mediante el acceso a fondos no reembolsables de las principales agencias ambientales del Gobierno Federal Norteamericano.
La Española
La isla Española tiene una extensión territorial de 76,192 km2. Está ocupada por las Repúblicas Dominicana y de Haití. Esta última se ubica en el tercio más occidental de la isla en un territorio que alcanza los 27,750 km2. La República Dominicana, con una superficie de 48,442 km2 cubre las dos terceras partes de la isla, extendiéndose hasta el extremo Este de la misma. En ambos lados de la isla ocurren sus cuatro eco regiones terrestres: Bosque Húmedo de la Española, Bosque de Pinos de la Española, Bosque Seco de la Española y Humedales de la Española.
En la porción más oriental de la Española se ubica la República Dominicana, en la que están presentes las cuatro eco regiones terrestres de la isla. Como ocurre con su vecino, las cuatro eco regiones están consideradas como de alta prioridad de conservación a nivel regional por su riqueza de especies, los elevados niveles de endemismo y su vulnerabilidad.
Ellas albergan, al igual que en la porción occidental de la isla, elevados niveles de endemismo y rareza de especies. Su diversidad biológica esta representada en 5,657 especies de plantas, 20 especies de mamíferos, 79 especies de aves residentes, 117 especies de reptiles y 38 especies de anfibios. El Cocodrilo Americano, La Jutía (Plagiodontia aedis) y el Solenodonte (Solenodon paradoxus) y la Iguana Rinoceronte son algunas de las especies.
Dominicana cuenta con su Sistema Nacional de Áreas Protegidas, integrado por más de 80 unidades de conservación que representan cerca del 24% del territorio nacional, que según estimados recientes cuenta con una cobertura de vegetación cercana al 30% de su territorio.
Dentro del sistema de áreas bajo conservación cabe señalar el Parque Nacional Lago Enriquillo, declarado como un Humedal de Importancia Internacional por la Convención de Ramsar y que representa el punto más bajo en el Caribe con cerca de 45 metros por debajo del nivel del mar. Este parque, junto a los Parques Nacionales Jaragua y Sierra de Bahoruco, integran la Reserva de Biosfera Enriquillo, un complejo de áreas protegidas que contiene múltiples ecosistemas con valores sobresalientes.
En la Cordillera Central, donde se ubica el Pico Duarte, que con más de 3,000 metros de altura es la mayor elevación del Caribe, una red de parques y reservas integrado por siete áreas protegidas: Parques Nacionales Armando Bermúdez, Juan B. Pérez Rancier (Valle Nuevo), José del Carmen Ramírez Eugenio de Js. Marcano (La Humeadora) y Nalga de Maco, y las Reservas de Ébano Verde y Las Neblinas cubren un área equivalente al 7% del territorio nacional que contienen las mejores representaciones de bosques de pinos, bosques nublados y húmedos de la isla, así como las mayores elevaciones del Caribe insular. El agua producida en esta región beneficia a cerca del 70% de la población dominicana mediante su uso agrícola e industrial, producción de energía y provisión de agua potable.
El Parque Nacional Nalga de Maco, en el extremo Noroeste de la República, aloja la cuenca alta del Río Artibonito, cuyas aguas suplen irrigación para dos tercios de la producción de arroz en Haití. En ese país, el arroz es el componente más importante en la dieta de su pueblo. La conservación integral de esa cuenca es una prioridad estratégica para las naciones que comparten la isla.
En el Noreste de la isla, en la Provincia de Samaná, existen dos sistemas costeros diferenciados: El Estuario de Yuna-Barracote y la Bahía de Samaná, los que al ser gobernados por regímenes climáticos e hidrológicos diferenciados crean el escenario perfecto para una diversidad marina sobresaliente. Allí existe el mayor manglar del país favorecido por el extraordinario gradiente de condiciones ambientales que provee el estuario.
La Bahía por su parte es más conocida por la visita de las Ballenas Jorobadas cada año, pero por su extraordinaria diversidad existen en ella y su entorno una red de áreas protegidas terrestres, acuáticas y marinas con una extensión cercana a los 900 kilómetros cuadrados. En la bahía faena el 42% de las embarcaciones de pesca registradas en el país, lo que muestra la importancia socioeconómica de la misma.
Pero como en las demás islas, la expansión agrícola en áreas frágiles de las cuencas hidrográficas, el desarrollo turístico, la construcción de infraestructuras, la alteración del régimen hidrológico y del régimen natural del fuego, la contaminación y las especies invasoras presentan serias y crecientes amenazas para los recursos naturales.
Se requiere articular mecanismos para asegurar los recursos que permitan manejar adecuadamente el sistema de parques y reservas existentes. En Costa Rica, el presupuesto ideal para manejar un sistema relativamente similar en extensión excede los $50 millones de dólares, que traducidos al tipo de cambio vigente resultan en $1,600 millones de pesos, que duplican la asignación presupuestaria de toda la Secretaría de Medio Ambiente, de la cual el Sistema de Áreas Protegidas que administra la Subsecretaria de Áreas Protegidas y Biodiversidad es una fracción mucho menor.
Estrategias y acciones posibles
Los estados del Gran Caribe tienen en el Programa de Trabajo de la Convención sobre Diversidad Biológica una excelente oportunidad para completar la planificación necesaria para, alrededor del año 2012, iniciar el proceso de manejar racionalmente su biodiversidad.
Pero la planificación debe ser apoyada con instrumentos financieros provenientes de los presupuestos nacionales y de herramientas fiscales e incentivos diseñados para contribuir con los costos inherentes a la conservación y manejo de los recursos naturales. En todo el planeta se implementan estrategias innovadoras como el incentivo a la protección de tierras privadas, el co-manejo y la co-gestión de áreas protegidas y la conversión de deudas públicas en inversiones en naturaleza.
Quizás los países con diversos ambientes naturales y paisajes sobresalientes, integrados en sistemas de parques y reservas, podrían obtener provecho de leyes que ofrezcan incentivos, en este caso a las alianzas entre el sector privado, las comunidades locales y las ONG para realizar inversiones que permitan implementar actividades no extractivas en los sistemas de áreas protegidas, y así generar ingresos mediante la diversificación de la oferta de servicios turísticos a través del uso sostenible de los recursos naturales. O
Diario Libre





Diario Libre