Haití y el multidestino

Haití trabaja junto a RD en la venta de paquetes multidestino.

El turista tendrá en cuenta las diferencias entre RD y el vecino país a la hora de seleccionar su destino. Por Juan Lladó

Haití está llamado a ser un socio importante de nuestro país en materia de desarrollo turístico. Las objeciones que se presentan en contra de esa idea son con frecuencia producto del prejuicio histórico o racial. Y las razones aducidas para oponerse a una colaboración de los dos países en el campo turístico no son válidas. Por eso conviene identificar y destronar algunos de los errores de juicio que tienen más trascendencia.

Son dos las nociones que se propalan en contra de la colaboración turística binacional. La primera postula que si Haití se desarrolla turísticamente nos quitaría mercado. Es decir, el flujo de visitantes extranjeros hacia nuestro país disminuiría como consecuencia de una oferta turística atractiva en nuestro hermano país porque parte de los que vienen ahora preferirían a Haití. La segunda noción es que la promoción conjunta perjudica a los intereses nacionales. Se argumenta que no conviene yuxtaponer nuestra imagen a la deteriorada imagen de Haití porque esta última es muy negativa. Los turistas potenciales podrían así percibirnos igual.

Estas erradas nociones impiden algunas iniciativas plausibles de colaboración. La más obvia siempre ha sido la de desarrollar una oferta binacional que genere las visitas de multidestino. Esto se basa en la también errada presunción de que el tiempo que un turista podría destinar a nuestro país sería reducido si este opta por visitar también a Haití. Otro temor asociado es que Haití puede quitarnos inversionistas turísticos, teniendo en cuenta que la competencia entre destinos para captar inversión extranjera en turismo es feroz. En cuanto a promoción conjunta, los prejuicios impiden que los dos países se presenten juntos en ferias internacionales y otros espacios turísticos.

Para rechazar estas aprehensiones solo se requiere pensar en cuan distintos son los dos países. La República Dominicana es un país de mulatos y mestizos con una cultura esencialmente hispánica, aunque esté permeada en décadas recientes por los aires anglosajones de la diáspora. Mientras Haití es un país de negros con cultura africana y francesa, aunque también permeado por la influencia de una diáspora anglosajona creciente y mas diversa. En otras palabras, los dos países son dos productos turísticos muy distintos y con una clara diferenciación en el imaginario perceptual de los posibles visitantes extranjeros.

Eso implica que el visitante potencial tendrá en cuenta estas diferencias a la hora de seleccionar el destino vacacional. Aunque el "todo incluido" sea una gran burbuja que en cierta medida aísla al visitante de los efluvios étnicos y culturales, la imagen de cada país es tan distinta que no podría alegarse indiferencia de parte del potencial visitante. Aunque los dos destinos son de clima cálido ("warm-wheather destinations") y ofrecen básicamente sol y playa como los atractivos principales, su percepción por parte del visitante potencial es de bifurcación obligada. Una situación similar se da con Cuba, un destino que es escogido por muchos por curiosidad sobre su diferente sistema político.

Quien nos escoja como destino turístico no escogería a Haití porque eso no es lo que anda buscando (y viceversa). La real competencia nuestra son los destinos caribeños de ascendencia hispánica: Cuba, Puerto Rico y México (Cancún/Riviera Maya). Jamaica y los demás destinos isleños del Caribe también representan una real competencia en tanto son destinos de sol y playa. Pero los que buscan sol y playa son un universo mucho más grande que incluye a competidores en los océanos Índico y Pacífico y los que prefieren un destino hispánico son un subconjunto de ese más variado pastel. El mundo de sol y playa es un mundo segmentado y nosotros competimos en el segmento de los que quieren el Caribe versus Fiji, Polinesia, Hawaii, Seychelles, Mauricio, Bali o aun Las Canarias.

Algo similar pasa con el asunto de la promoción conjunta. Quien se fije en ella será aquel turista potencial que está interesado en el multidestino, aquel que quiere visitar más de un país y quiere conocer diferentes culturas en un solo viaje. Las motivaciones de ese turista son muy diferentes a los que vienen a los resorts de playa a tenderse en la arena para ser abrazados por el sol. En consecuencia, una promoción conjunta solo apelaría a un subconjunto del mercado de sol y playa caribeño. Por tanto, esta solo tiene lógica cuando se busca atraer al tipo de turista que busca enriquecimiento cultural cuando selecciona un destino.

Es cierto, sin embargo, que la imagen de Haití en el mercado turístico internacional podría no favorecernos en una promoción conjunta. Pero no son el voodoo, la negritud y la pobreza que se asocian con Haití los elementos perceptuales que perjudicarían. Sería más bien la imagen de sitio convulso donde podría no existir mucha seguridad personal y los desastres naturales han causado estragos inconfesables sobre la infraestructura y facilidades turísticas. Esas serían consideraciones del segmento que busca el multidestino exótico y retador, un subgrupo que no sería tan grande. La promoción conjunta, entonces, solo perjudicaría con los pocos que quieren ese tipo de multidestino. Y esos podrían rechazar a Haití sobre la base de sus aprehensiones, pero tal situación no necesariamente se daría con nosotros.

De cualquier modo, la promoción conjunta no es la principal opción de colaboración turística. Lo que hay que preguntarse es cómo puede la República Dominicana contribuir al desarrollo turístico de Haití y viceversa. En vista de que los dos países tienen un perfil tan radicalmente diferente, lo importante sería determinar cómo el mayor y más importante destino ayuda a que el otro se desarrolle. Las respuestas a tal interrogante deberán basarse en el argumento de que el desarrollo turístico haitiano beneficiaría a la República Dominicana en tanto permite ofrecer un producto más diversificado. No es lo mismo ofrecer un país con un vecino que no es un jugador en las ligas turísticas que ofrecerlo con un vecino que también ofrece múltiples y variados atractivos.

Una opción de colaboración binacional es la de ayudar a Haití a detonar su desarrollo turístico ayudándole a construir cuatro hoteles de 500 habitaciones cada uno. Sin que los dos gobiernos tengan que poner un centavo, el capital se buscaría en el BID (unos US$300 millones), los hoteles se arrendarían a algunas de las cadenas multinacionales que tienen presencia en la República Dominicana y los beneficios amortizarían el préstamo. Este esquema responde a la reticencia de los inversionistas privados con respecto Haití y es una formula que República Dominicana aplicó en el caso del despegue de Puerto Plata.

Si sabemos trabajar el multidestino con Haití adecuadamente esta islita del Caribe podría ser la gran meca turística de las Américas. Pero la principal justificación para buscar tal cosa es el beneficio que derivaría la República Dominicana de que Haití avance en su desarrollo económico. Mientras Haití más se desarrolla, más nos desarrollamos nosotros. Las razones son sobradamente obvias para todos los que se quiten las gafas del prejuicio infundado y la cerrazón.

Existe la errada creencia de que si Haití se desarrolla turísticamente le quitaría mercado a República Dominicana.

20121112 http://www.diariolibre.com

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