Incendios controlados: quemar el bosque para salvar la vida

SANTO DOMINGO. Decía Claude Bernard que en la naturaleza, lo que es absurdo según nuestras teorías, no siempre es imposible. El fuego, por ejemplo, sinónimo de destrucción forestal, es imprescindible para mantener saludables a los bosques que siempre contaron con él como un aliado vivificante y renovador. Eso pasa con nuestros bosques de pino, que como evolucionaron con fuegos naturales periódicos, sus plantas y animales los necesitan para reproducirse, crecer y sobrevivir. Suena paradójico, pero se trata de ecosistemas que no pueden subsistir sin el fuego.
Debido en parte a la fragmentación de los bosques y al desarrollo humano cerca de áreas protegidas, estos incendios naturales no ocurren con la frecuencia necesaria, lo que origina una densidad vegetal que impide sobrevivan muchas plantas y los animales que dependen de ellas.
Además, por la ausencia del fuego, la acumulación de árboles, arbustos, yerbas y hojas crea peligrosos depósitos de combustibles, que en caso de un incendio no planificado, pueden originar incendios catastróficos que arruinen el bosque y amenacen vidas y propiedades.
Pequeños fuegos controlados hoy, pueden evitar grandes incendios mañana.
En el taller sobre fuego y especies invasoras, organizado por The Nature Conservancy la semana pasada en la Florida, tuvimos la oportunidad de comprobar los efectos bienhechores del fuego controlado sobre los bosques naturales. Una traducción literal de "prescribed fire" sería algo así como "fuego recetado" o "prescrito"; y de eso precisamente se trata: incendios recetados para curar bosques enfermos.
El fuego controlado es el método menos costoso para mantener saludables los hábitats naturales y reducir los depósitos de combustibles en el sustrato del bosque. Aunque parezca extraño, el fuego no elimina las valiosas especies endémicas de esos ecosistemas.
Como evolucionaron en ese ambiente incendiario, plantas y animales saben como lidiar con él. Las plantas se chamuscan pero luego reverdecen, mientras que los animales logran ponerse a salvo. Es cierto que muchos individuos perecen (los viejos, los enfermos, los ineptos) pero las especies sobreviven. Sin el fuego bienhechor podrían desaparecer los ecosistemas. De todos modos, vimos como en los Everglades de Florida toman precauciones para proteger del fuego especies importantes por su rareza y escasez o porque ofrecen refugio y alimento a las mariposas. Por eso en los equipos de fuego controlado deben participar, además de forestales, botánicos y zoólogos capaces de identificar las especies vulnerables.
Otro aspecto importante es la interacción del fuego con las especies invasoras. El fuego controlado es lo más barato y efectivo para eliminar plantas invasoras. Por otra parte, una planta invasora puede invadir un bosque devastado por un huracán o un fuego no planificado.
Eso podría ocurrir en el Hoyo de Pelempito, donde hay un brote de Leucaena leucocephala, una planta invasora muy agresiva y exitosa.
Después de tanta y variada tecnología, retornemos al fuego, que ha sido, a lo largo de la historia, nuestro compañero de siempre, tanto en la paz como en la guerra, y cuyo imborrable fulgor "ningún ser humano puede mirar sin un asombro antiguo".
guerrero.simon@gmail.com
Simón Guerrero
Simón Guerrero