Chernobil: la ciudad eternizada por la pesadilla nuclear
REDACCIÓN. Los temores albergados sobre los riesgos de la energía nuclear tomaron el rostro de la evidencia un 26 de abril de 1986, cuando explotó uno de los reactores de la planta de Chernobil, en la ciudad de Prípiat de la región de Chernobil, ubicada en el norte de Ucrania.
Un hecho que no solo dejó miles de muertos y la contaminación de hasta tres cuartas partes de Europa en ese momento, sino que ha permanecido como una advertencia constante para evitar otra desgracia de esta magnitud.
Hoy, al cumplirse tres décadas del peor accidente nuclear de la historia, se recuerda a los que fallecieron en las labores de limpieza de la zona, denominados liquidadores, así como las consecuencias de esta catástrofe que estuvo magnificada por el secretismo y la burocracia de la entonces Unión Soviética, y que dejó detrás miles de muertos por enfermedades y una ciudad que ha sido eternizada por esta pesadilla nuclear.
“Chernobil se convirtió en la peor catástrofe provocada por el hombre en todo el mundo. Estamos aquí para hacer todo lo posible para evitar un accidente así en el futuro”, dijo el presidente ucraniano, Petro Poroshenko, reporta la agencia AFP en una ceremonia en el lugar del accidente y donde actualmente se construye una nueva estructura que cubrirá los restos de la accidentada planta, o un nuevo “sarcófago” sobre el que se levantó a toda prisa, hecho de hormigón, en las semanas posteriores a la explosión y que amenaza con desplomarse desde hace años.
El nuevo sarcófago, un gigantesco arco impermeable en acero y que se estima durará unos 100 años, empezó a construirse en 2012 y finalizaría su montaje para finales del 2017.
En una nota sobre el aniversario del accidente, la agencia AFP relata que el reactor número 4 de la central explotó durante una prueba de seguridad y que durante diez días el combustible nuclear ardió, expulsando elementos radioactivos que según ciertas estimaciones contaminaron hasta tres cuartas partes de Europa, pero sobre todo Ucrania, Bielorrusia y Rusia.
“Moscú intentó al principio esconder el accidente. La primera alerta pública fue dada el 28 de abril por Suecia, que había detectado un aumento de radioactividad. El jefe de Estado soviético, Mijail Gorbachov, no habló públicamente del incidente hasta el 14 de mayo. Una vez que las autoridades reconocieron el accidente, un total de 116.000 personas tuvieron que dejar sus hogares situados en la zona de exclusión, a la que hoy en día siguen sin poder volver. En los años siguientes, otras 230.000 personas fueron desalojadas”.
Detalla AFP que hoy en día cerca de 5 millones de ucranianos, rusos y bielorrusos viven en zonas donde la cantidad de radiación es alta.
Las voces
“Quiero saber. Quiero comprender, ¿para qué se nos mandan semejantes sufrimientos? ¿Por qué? Al principio tenía la impresión de que después de todo aquello me aparecería algo negro en la mirada, algo ajeno. Que no lo soportaría. ¿Qué me ha salvado? ¿Qué me ha arrojado de nuevo a la vida? Me ha devuelto a la vida mi hijo. Tengo otro hijo. Un primer hijo suyo. Hace tiempo que está enfermo. Ha crecido, pero ve el mundo con ojos de un niño. Con los ojos de un niño de cinco el veredicto de los médicos: para que siga con vida debe estar allí. Viajo cada día a verlo. Y él me recibe diciendo: «¿Dónde está papá Misha? ¿Cuándo vendrá?». ¿Quién más me va a preguntar eso? Él lo espera. Lo esperaremos juntos. Yo rezaré mi plegaria de Chernobil. Y él... Él mirará al mundo con ojos de niño”.
Es el testimonio Valentina Imoféyevna Ananasévich, esposa de un liquidador, y que está recogido en el libro “Voces de Chernobil”, de la periodista, escritora y ensayista bielorrusa Svetlana Alexievich. Este libro es uno de los documentos más difundidos, en especial después de que Alexievich recibiera Nobel de Literatura en 2015, sobre las marcas de este episodio.
En el libro, publicado en 1997, recoge distintos testimonios posteriores al accidente nuclear recopilados durante 10 años, no sólo de los exhabitantes de la ciudad de Pripiat, sino de funcionarios, periodistas y políticos soviéticos que participaron en distintos episodios relacionados con la catástrofe de Chernobil.
En el epilogo de texto, Alexievich expone con ironía una mirada cuestionadora sobre Chernobil, un lugar promocionado como un destino turístico internacional.
“¿Creen ustedes que todo esto es una idea demencial? Se equivocan, el turismo nuclear goza de una gran demanda, sobre todo entre los turistas occidentales. La gente viaja al lugar en busca de nuevas y poderosas impresiones. Sensaciones que es difícil encontrar en el resto del mundo, ya tan excesivamente acondicionado y accesible al hombre. La vida se vuelve aburrida. Y la gente quiere algo eterno”.
Insólito hogar de animales salvajes
Pero el abandono de la zona más afectada por el accidente nuclear a dado paso a que la fauna se reproduzca, convirtiéndose en el nuevo hogar de animales salvajes como alces, lobos y osos.
Argénida Romero


Argénida Romero