Con Lula libre, Partido de los Trabajadores busca estrategia
SAO PAULO (AP) — Mientras el partido de izquierda más grande de Brasil se reúne para planear el futuro, una figura que ha dominado su pasado sobresale incluso más.
El expresidente Luiz Inácio Lula da Silva es la indiscutible estrella de la convención del partido que comenzó el viernes en Sao Paulo y muchos todavía creen que otra vez podría ser el abanderado del partido en 2022, cuando sea un sobreviviente de cáncer de 77 años que actualmente tiene prohibido postularse a puestos públicos debido a una condena por corrupción.
Lula, quien gobernó Brasil entre 2003 y 2010, fue excarcelado recientemente tras pasar 19 meses en una celda, aunque sólo permanecerá libre en lo que los tribunales deciden las apelaciones a su condena _la cual sus seguidores están convencidos que es injusta_ y en espera de posibles condenas por otros cargos.
La mayoría de los analistas lo consideran más una persona influyente y estratega para un partido en el que jugó un papel fundamental para su transformación. El exlíder sindical tomó un partido que muchos políticos consideraban una facción radical y lo llevó al poder en 2003, logrando la adulación de millones de personas por gobernar durante más de una década de prosperidad y reducir la pobreza con políticas que fueron mucho más proempresariales de lo que muchos rivales temían.
Esa trayectoria se vio cada más envuelta en escándalos de corrupción que finalmente atraparon al mismo Lula y, la tasa de popularidad de 80% que tenía al concluir su mandato en 2010 cayó a aproximadamente 40% en la actualidad, aunque aun así es mejor que la del presidente Jair Bolsonaro.
Sin embargo, muchos en la izquierda todavía lo consideran como el único político hoy en día que puede organizar a la oposición contra la extrema derecha de Bolsonaro, quien el año pasado rompió la racha de victorias del Partido de los Trabajadores en cuatro elecciones consecutivas.
La izquierda salió debilitada de la última elección, y Bolsonaro, un excapitán del ejército que de forma muy similar al presidente de Estados Unidos Donald Trump se ha distanciado de las formas convencionales de gobernar, ha desestabilizado todavía más a la oposición, según algunos analistas.
Otros argumentan que la oposición ha sido más discreta de lo esperado porque el gobierno de Bolsonaro con frecuencia demuestra ser su propio enemigo.
El Partido de los Trabajadores sigue siendo el principal partido en la cámara baja, con 54 escaños. Pero incluso con Lula como presidente, necesitaba aliarse con partidos más pequeños para gobernar, partidos que con el tiempo demostraron ser aliados poco fiables.
La sucesora de Lula, Dilma Rousseff, fue destituida tras un juicio político en 2016 cuando miembros de la coalición le dieron la espalda. Y el candidato del PT en las últimas elecciones, Fernando Haddad, perdió con menos de 45% de los votos.
El analista político Fábio Kerche, de la Universidad Federal del estado de Río de Janeiro, dijo que Lula ya enviaba señales de que intentaba llegar más allá del partido, al centro y la centroderecha, posiblemente construyendo un frente democrático más extenso contra Bolsonaro.
Señaló que Lula ha demostrado la capacidad de atraer a una amplia gama de aliados políticos y votantes por igual. “Una vez más, ésta será su misión”, dice.
Durante sus dos mandatos, Lula logró implementar un programa muy enfocado en combatir la pobreza extrema sin radicalizar a su gobierno ni enajenar al sector empresarial, dijo Kerche.
Tras su liberación de prisión a principios de mes, Lula reunió a miles de seguidores afuera del sindicato en Sao Paulo que alguna vez dirigió y que después sirvió como la base de su carrera política.
Lo acompañaban Haddad y el legislador federal Marcelo Freixo, del Partido Socialismo y Libertad, de filiación izquierdista.
Se prevé que Lula contacte a otros partidos políticos, como el Partido Socialista Brasileño.
“Lo veo como un organizador irremplazable de un frente izquierdista que va más allá de las elecciones, que tiene una agenda para la sociedad brasileña”, dijo Raul Pont, miembro del Partido de los Trabajadores y exalcalde de Porto Alegre, desde la convención del partido en Sao Paulo.
“Lo que más necesitamos de él es que fortalezca al partido y amplíe el apoyo para una agenda progresista”, dijo Pont.
Sin embargo, muchos se preguntan cuánto control está dispuesto a ceder el exlíder. Lula espera que el Supremo Tribunal emita el fallo que podría desestimar los casos en los cuales está acusado de corrupción y lavado de dinero, y que dicho fallo despeje legalmente el camino para otra postulación a la presidencia.
Tanto Rousseff como Haddad carecen del carisma populista que ayudó a Lula a animar a las audiencias.
“Desafortunadamente, izquierda o derecha, las personalidades tienen mayor atracción que las instituciones”, dijo Melo.
Se postule o no, todos coinciden en que será el cerebro tras la campaña.
“Cualquier candidato de la izquierda tendrá que acercarse al centro o no ganará”, dijo Melo. “Y cualquier candidato de la izquierda tendrá que pasar por” Lula.
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Diane Jeantet reportó desde Río de Janeiro.


AP