Fallece César García, intrépido reportero colombiano de AP

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El periodista de The Associated Press César García posa con un diploma por su 20mo aniversario con la agencia noticiosa el 31 de mayo del 2019 en Bogotá. García falleció el 15 de septiembre del 2020, a los 61 años.

BOGOTÁ (AP) — César García, incansable periodista de The Associated Press que se internó por toda Colombia para contar la historia del conflicto armado de esta nación, falleció el martes. Tenía 61 años.

García sufrió un paro cardíaco y estuvo tres semanas en un hospital, al cabo de las cuales se le detectó el COVID-19. No está claro qué papel puede haber tenido el virus en su deceso.

Grabadora en mano, García cubrió casi todos los acontecimientos relevantes de las últimas tres décadas en Colombia, desde conversaciones de paz con las guerrillas izquierdistas hasta las novedades que surgían en el palacio presidencial.

Su persistencia y su afabilidad hicieron que se ganase la confianza de una cantidad de dignatarios de distintos bandos, algo poco frecuente en un país muy dividido, con heridas de guerra que no terminan de cicatrizar.

“No tenía preparación formal, pero a fuerza de persistir y con sus agallas y carisma hizo carrera con empresas periodísticas grandes”, expresó Frank Bajak, quien trabajó estrechamente con García como jefe de la región andina de AP. “Se hizo indispensable a fuerza de voluntad”.

Bajak agregó: “Y, desde ya, por dentro era un osito de peluche”.

García nació en Bogotá y de niño quiso ser médico, pero no pudo cursar estudios por razones económicas. De joven ayudó a su madre vendiendo arbolitos bonsai. Posteriormente incursionó en el mundo del periodismo trabajando como mensajero para United Press International.

Un periodista de UPI notó su personalidad entradora y lo alentó a que se iniciase como periodista, según su hija Amelia García. Pronto se dio cuenta de que era bueno para cubrir noticias y conseguir declaraciones de altos funcionarios que inicialmente se mostraban reticentes a hablar.

Javier Baena, un excorresponsal de AP, dijo que le impresionaban la dedicación y el tacto que exhibía de García cubriendo la Casa de Nariño, la residencia presidencial frecuentada por líderes políticos y militares. Deseoso de que trabajase para AP, le dio su número de teléfono y le dijo, “llame cada vez que tenga una noticia importante”.

García aprovechó la oportunidad y comenzó a pasar noticias que acapararon titulares en todo el mundo.

“Su trabajo como reportero fue esencial para el éxito del cubrimiento informativo de Colombia”, dijo Baena. “Él era un enamorado de su profesión de reportero”.

Fue contratado por la AP en principio como colaborador en 1999 y fue ascendiendo hasta llegar a ser el principal corresponsal en español de la cooperativa noticiosa. En las dos décadas siguientes se aplicó a una profesión que a menudo impide a la gente hacer planes.

Se subió a un avión cuando un terremoto destruyó la ciudad de Armenia, matando a 1.000 personas. Pasó largas horas en hospitales, entrevistando a sobrevivientes de explosiones y secuestros. Su constante presencia en conversaciones de paz con los rebeldes en un sector rural del sur de Colombia bajo la presidencia de Andrés Pastrana hizo que se lo llamase el alcalde de la localidad de Los Pozos.

Como tenía buenas fuentes militares, los rebeldes en un primer momento se resistieron a hablar con él, pero García no se dio por vencido y su rolodex se llenó de contactos con miembros de ambos bandos del conflicto.

“La misión que le inculcó la AP, la de ser los árbitros imparciales de la verdad, era muy importante para él”, declaró Bajak.

Vivian Sequera, otra colega que trabajó mucho tiempo a su lado, dijo que “César podía cruzar esas fronteras invisibles. Veía en su cara que no había una segunda intención”.

A pesar de su envidiable trayectoria, era muy humilde. Jamás rechazó una asignación e iba de buena gana adonde se lo necesitase.

“Era un periodista muy talentoso, curioso, sociable, bien conectado, que al mismo tiempo era humilde, no presumía. Y era muy generoso y compartía información”, comentó Andrew Selsky, exjefe de la oficina de la AP en Colombia.

Amante de la salsa, le gustaba cantar y bailar. En la oficina cantaba baladas de amor. Hablaba siempre de su esposa Edith Bárbara Beltrán, con la que estuvo casado 23 años, y de sus dos hijas, Amelia y Cristina. Era aficionado al fútbol, seguidor del club Millonarios.

Se acercaba la jubilación pero seguía trabajando a pleno, desafiando los gases lacrimógenos en las calles de Bogotá el año pasado durante una ola de protestas antigubernamentales y cubriendo el arresto domiciliario del expresidente Álvaro Uribe dispuesto por la Corte Suprema.

“Era uno de los periodistas con más fuentes que haya conocido”, expresó Eduardo Castillo, director del servicio en español de la AP, quien recordó que hace poco le pidió a García reacciones de los militares a una noticia y a la media hora le mandó comentarios del ministro de defensa. “Nunca dijo que no a nada”.

Joshua Goodman, exdirector de la región andina de AP, agregó: “Su actitud hacia el periodismo y la vida se resume en una frase que repetía mucho: ‘Estamos en la jugada’”.

En una de sus últimas asignaciones, colaboró con el reportero de AP Christopher Torchia en una nota sobre las tensiones que persisten en torno al histórico acuerdo de paz del 2016 que puso fin al conflicto con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

Ambos habían trabajado juntos en la década de 1990 y García recordó su primera época en la AP. “Recordar es vivir”, le dijo en una oportunidad.

Además de su esposa e hijas, le sobreviven su madre y cuatro hermanos.

20200916 https://www.diariolibre.com

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