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Túnez elige presidente entre un magnate o un profesor

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Túnez elige presidente entre un magnate o un profesor
Niños ondeando banderas tunecinas durante un acto de campaña del candidato independiente a la presidencia Kais Saied, en el último día de campaña antes de la segunda vuelta electoral en Túnez, el viernes 11 de octubre de 2019. (AP FOTO/MOSA'AB ELSHAMY)

TÚNEZ (AP) — Los tunecinos votaban el domingo para elegir presidente, en una inusual decisión entre un magnate populista recién salido de la cárcel y un profesor conservador respaldado por islamistas moderados.

El ganador de la segunda vuelta el domingo heredará un país norteafricano que trata de superar la corrupción, el desempleo y la violencia extremista esporádica, pero orgulloso de su aún naciente democracia tras la Primera Árabe.

La decisión entre dos candidatos poco habituales que nunca han ejercido un cargo público ha planteado un escenario sin precedentes.

El más votado el mes pasado en la primera vuelta fue Kais Saied, de 61 años, un enigmático exprofesor de derecho constitucional apodado “Robocop” por su actitud poco expresiva.

Su rival es Nabil Karoui, un elocuente magnate mediático de 56 años que pasó la mayor parte de la campaña entre rejas, acusado de lavado de dinero y evasión fiscal. Él afirma que las acusaciones tenían motivaciones políticas.

Lo único que tenían en común los dos hombres era su carácter de ajenos a la política.

Karoui, un empresario acomodado que fundó su partido político este año, ha basado su campaña en promesas de que combatirá la pobreza que asedia a Túnez desde que su alzamiento prodemocrático de 2011 desencadenara revueltas en todo el mundo árabe.

Sus detractores le llaman “Nabil Macaroni” porque su partido reparte pasta a los pobres. Él ha asumido el apodo, y el viernes dijo ser “Nabil Macaroni, y orgulloso de ello”, según declaraciones citadas por Radio Mosaique.

Durante un debate televisado sin precedentes en el país, Karoui prometió combatir la violencia extremista “atacando sus raíces” y mejorar las perspectivas económicas en provincias pobres, donde el grupo extremista Estado Islámico y otras milicias tienen fácil reclutar gente.

También dijo que buscaría alianzas con empresas como Microsoft, Google y Netflix para crear empleo, además de describir a las mujeres como pilares de la sociedad.

Saied, un independiente conservador respaldado por el partido islamista Ennahdha, ha recabado apoyos con su imagen de persona honrada y prometido transformar la “pirámide del poder” para dar más poder de decisión a las provincias pobres y los jóvenes.

Se sienta siempre derecho y su rostro no deja ver signos de emoción. Habla en árabe clásico o culto, una variedad inaccesible para muchos en las zonas rurales del interior de Túnez. Firmemente conservador, se opone a que hijas e hijos obtengan derechos iguales de herencia, afirmando que el polémico asunto se decidió en el Corán, el libro sagrado del islam.

Pese al apoyo del partido islamista moderado Ennahdha, que ganó las parlamentarias de la semana pasada, se describe como políticamente neutral.

Los dos candidatos se estrecharon la mano cordialmente el viernes tras su debate televisivo, un gesto celebrado por los tunecinos como un signo de que su democracia va por el buen camino.

Pero el ganador afrontará duros desafíos, desde intentar reactivar la economía y dar esperanza en las tierras más desfavorecidas a mantener un esfuerzo antiterrorista continuo.

El nuevo presidente también tendrá que trabajar con un Parlamento dividido, tras unas elecciones legislativas el 6 de octubre que no dieron una mayoría clara a ningún partido.

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Elaine Ganley en París y Nadine Achoui-Lesage en Túnez contribuyeron a este despacho.

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