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Venezolanos acuden a votar bajo el escrutinio internacional

CARACAS (AP) — En unos comicios donde la afluencia de electores pareció muy escasa, las autoridades electorales de Venezuela no anunciaban el cierre de las mesas de votación a través de las cuales los venezolanos elegían el domingo a sus gobernantes estatales y municipales.

Los centros de votación abrieron a las seis de la mañana (10:00 GMT) y tenían previsto cerrar a las seis de la tarde (22:00 GMT), pero una hora después de dicho límite no había anuncio oficial del término de la votación por parte del Consejo Nacional Electoral (CNE). La jornada electoral se puede extender más allá de ese horario en las mesas en las que existan electores por sufragar.

En las elecciones no está en juego la presidencia de Nicolás Maduro, pero para muchos su importancia radica en que sería sometido a prueba el sistema electoral de Venezuela, desacreditado por la inhabilitación de partidos y de algunos de los candidatos opositores más populares. También servirán para verificar la pulcritud del proceso tras años de denuncias de abusos, según expertos.

“Sé que del voto del pueblo van a surgir decisiones que nos encaminan, que nos señalan el rumbo, el destino del país”, declaró Maduro a la prensa tras votar en un centro instalado en una escuela del barrio Fuerte Tiuna de Caracas, la mayor instalación militar del país. “Va a fortalecer el diálogo político, va a fortalecer la gobernabilidad democrática, va a fortalecer la capacidad para enfrentar los problemas, conseguir soluciones”, agregó.

En los comicios estatales y municipales, que suelen realizarse por separado, la abstención ha sido alta en el pasado. En el enrarecido clima electoral venezolano el proceso podría considerase exitoso si supera 50%.

“Hay poca gente, se entiende, pero yo no me quedo en la casa, siempre salgo a votar”, dijo Liliana Velásquez, una secretaria de 32 años, quien se encontraba entre un puñado de personas que buscaba en una lista el número de la mesa donde le correspondía a ella y a su madre sufragar en una escuela del centro de Caracas.

Luis Palacios, 72, dijo que salió a votar por su país y no por partidos ni dirigentes políticos. “Creo que Venezuela puede mejorar participando porque, bueno, ya no tenemos más ninguna opción”, estimó.

El oficialismo, que controla casi todas las instituciones (alcaldías, gobernaciones y la Asamblea Nacional), es el favorito para adjudicarse la mayoría de los cargos. Entre más de 70.200 candidatos, se elegirán 3.082 cargos, de ellos 23 gobernadores, 335 alcaldes, 253 legisladores de consejos estatales y 2.471 concejales municipales. En su mejor momento, la oposición conquistó seis gobernaciones y 76 alcaldías en 2008 y 2013, respectivamente.

Las elecciones son monitoreadas por cientos de observadores, entre los que destacan los miembros de una misión de la Unión Europea -entre otros organismos independientes- en atención de una añeja exigencia de los adversarios del gobierno socialista.

La UE, motivada por los diálogos en México, aceptó la invitación de las autoridades venezolanas. El bloque, que el año pasado no reconoció los comicios legislativos, no participaba de un proceso electoral venezolano desde 2006.

La misión europea divulgará un informe preliminar el miércoles y el próximo año presentará sus conclusiones y dará recomendaciones para futuros comicios. Por años, los comicios fueron “acompañados” por veedores en su mayoría miembros de organismos electorales multilaterales y regionales cercanos al Ejecutivo venezolano.

En rueda de prensa, el presidente del CNE, Pedro Calzadilla, declaró que sólo se registraron algunos incidentes aislados relacionados mayormente con retrasos en la instalación de algunas mesas de votación. Estos comicios tienen “una importancia nacional porque de la suerte de esta elección, de su resultado, también depende un gran esfuerzo de entendimiento, de diálogo que busca la estabilidad del país, la prosperidad del país, la paz”, añadió.

Los comicios también marcan el retorno a la senda electoral de los principales partidos opositores, que desde 2017 habían boicoteado los procesos electorales argumentando que no existían condiciones suficientes para garantizar que las elecciones fuesen justas y transparentes.

La decisión de participar se anunció en agosto después de meses de diálogos iniciales tras bastidores entre aliados del excandidato presidencial opositor Henrique Capriles y altos funcionarios del gobierno de Maduro, que hizo algunas concesiones. En paralelo, los aliados del mandatario socialista se reunieron con representantes del líder opositor Juan Guaidó. Posteriormente, los aliados de Guaidó y el gobierno oficializaron y comenzaron diálogos en México.

Las conversaciones a mediados de octubre fueron suspendidas unilateralmente por el oficialismo en protesta por la extradición de uno de sus aliados, desde Cabo Verde a Estados Unidos. Se espera que se reanuden tras las elecciones, aunque Maduro dijo que por ahora “no hay condiciones” para retomarlas.

Al margen de los resultados, los comicios podrían marcar el surgimiento de nuevos liderazgos opositores, consolidar otros y trazar las líneas a seguir por los adversarios de Maduro, que llegaron a estas elecciones diezmados por fracturas internas, en su mayoría concatenadas a sus fallidos intentos para desalojar del poder a los herederos de Chávez, que dominan la escena política desde 1999.

El primer boletín de resultados se esperaba tarde en la noche.

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