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¿Inversiones estancadas?

Se requieren estudios más acabados para determinar la rentabilidad de la industria

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¿Inversiones estancadas?
Según la firma internacional PKF Hospitality Research, en 2011 hubo un aumento de 10% en el turismo del Caribe.

SANTO DOMINGO.A la industria turística no le convienen los misterios. Al ser tan internacional y globalizada, la transparencia debe ser su norte y su práctica. Sin embargo, no ha habido ningún esfuerzo por parte de las autoridades de conocer los factores responsables de la presente pausa de la inversión hotelera, cuando en Centroamérica, Panamá, Colombia y Belice está en auge. Como no ha surgido ningún estudio serio sobre la materia que ayude a desbrozar el camino hacia los anhelados 10 millones de turistas, lo único que se puede ofrecer al respecto son hipótesis educadas.

Según Asonahores, durante el periodo 2001-2010 las adiciones anuales al inventario nacional promediaron 1,506 habitaciones. En algunos años de la década previa hubo hasta 4,000 habitaciones en construcción. Hoy día, penosamente, hay menos de mil nuevas habitaciones en construcción y 700 de ellas están concentradas, por razones especiales, en la ciudad de Santo Domingo. En el Caribe, el total en construcción actualmente sobrepasa las 12,000, mientras en Centroamérica y Cuba hay unas 10,000 en cada uno, en Panamá casi ocho mil y en Colombia más de 16,000. La comparación entre destinos sugiere que la ominosa pausa dominicana no se debe a la crisis mundial ni es producto de un ciclo económico.

¿Por qué no estamos propiciando mayor inversión hotelera? Frente al escenario esbozado, y en ausencia de otros factores extraordinarios que podrían influir, habría que concluir que hemos perdido competitividad para las inversiones hoteleras. Habría que acoger como válidas las aseveraciones de muchos de los actuales inversionistas, tanto nacionales como extranjeros, de que la baja rentabilidad es culpable (a pesar de unas cuantas inversiones en remodelaciones). Y si eso es lo que nos está diciendo el mercado, entonces tenemos que ver cuáles son las razones de la (alegada) baja rentabilidad.

Es cierto que en los últimos años los inversionistas dominicanos en la hotelería han estado vendiendo sus propiedades. En manos dominicanas sólo quedan menos de 5,000 habitaciones, de un total de 55,000 de estándar internacional. Pero la baja rentabilidad no afecta solamente a los inversores nativos, puesto que la inversión extranjera tampoco está acudiendo hacia el sector. Lo que está afectando a los nacionales también está teniendo efectos en los extranjeros. Estos últimos solamente podrían seguir expandiendo el inventario nacional si la rentabilidad fuera atractiva, en vista de que tenemos todavía mucho que ofrecer y explotar. Para que haya una buena rentabilidad, por supuesto, tiene que haber una buena brecha entre costos de operación y precios de ocupación. Respecto a estos últimos debemos ante todo recordar que continuamos siendo muy competitivos en la región del Caribe, donde somos todavía el destino más barato. Naturalmente, los precios de los paquetes turísticos no solo incluyen el alojamiento sino también el transporte, tanto aéreo (de origen a destino y viceversa) como terrestre (del aeropuerto al hotel y viceversa). Pero el grueso del paquete está compuesto por el alojamiento y los servicios que el hotel ofrece, incluyendo las comidas y bebidas. Y serían los costos de tales componentes, los llamados "costos de operación", las causas de la baja rentabilidad. Esto así porque el flujo de visitantes ha estado aumentando saludablemente.

A juzgar por lo que han dicho públicamente los integrantes del gremio hotelero nacional, los factores que más le agobian son los impuestos, la tasa de cambio y los altos costos de la electricidad y el financiamiento. Tanto inversores nacionales como extranjeros también se han quejado de la inseguridad jurídica y los niveles de seguridad ciudadana. (Aunque estos dos últimos factores solo afectarían el nivel de demanda por el destino, eventualmente se traducen en mayores costos o menores precios.) Pero nunca ha habido quejas sobre los costos de comidas y bebidas, hábida cuenta de que una gran parte de éstos son importados con exenciones impositivas. Y últimamente no hay muchas quejas sobre los incentivos fiscales.

Para el inversor nacional prospectivo, la situación es peor porque los costos del financiamiento son menores para los extranjeros. Tal ventaja se debe a que los extranjeros tienen acceso a financiamiento externo con unas tasas de interés y unos plazos que se comparan muy favorablemente con los imperantes en el mercado financiero nacional. Si el financiamiento en dólares aquí lo ofrecen los bancos a un 8%, en Europa o EE.UU. se consigue a la mitad o menos y con plazos más cómodos. En el resto de los factores mencionados los nacionales sufren lo mismo que los extranjeros.

Pero los nacionales han de confrontar, además, la ventaja que para las cadenas extranjeras significa la escala y diversidad de operaciones. Las cadenas pueden comprar en mucho mayor escala los bienes que ofrecen sus hoteles y, por ende, disfrutan de costos al por mayor. Algunas de las cadenas también están verticalmente integradas y eso les permite reducir algunos costos. La cobertura geográfica de sus establecimientos también permite soportar niveles de rentabilidad bajos si en otros países donde operan estos son más favorables porque lo que importa a sus dueños es el resultado global de todo el conglomerado.

Juzgar la validez de estos juicios no resulta fácil con los datos de que se dispone. Por ejemplo, si bien es cierto que la crisis mundial de los últimos años (desde el 2008) ha deprimido la demanda por la falta de confianza de los consumidores ("turistas"), también es cierto que en el 2012 los niveles de ocupación hotelera se incrementaron sustancialmente. Pero eso no necesariamente mejora la rentabilidad si no ha habido cambios en las tarifas promedio logradas por la industria. Y es ahí donde reside la opacidad de la cuestión, ya que esa información fidedigna no está disponible al público porque las empresas la guardan secreta ("maña fuera"). Hay, por supuesto, algunas publicaciones disponibles en la web que pretenden dar indicios. KPMG, una renombrada consultora internacional, publica anualmente el "Caribbean Hotel Benchmarking Survey", pero los datos aplican poco a la hotelería dominicana debido a que la muestra de establecimientos participantes está sesgada hacia las islas de las Antillas Menores y tiene poca representatividad del "todo incluido".

PKF Hospitality Research reportó en Agosto del 2012 que en el 2011 hubo un incremento de un 10% en los niveles de rentabilidad hotelera en el Caribe, la primera vez que creció desde el 2008 (www.caribbean360.com/index.php/news/bahamas_news/609741.html#axzz2MwDgUFtY). Como diversas fuentes concuerdan que el 2012 fue mejor que el 2011, se asume que la rentabilidad fue aún mayor en este último año. Pero estos juicios tienen problemas de la información que son similares a los de KPMG.

En el país, la DGII ha hecho algunos análisis con la finalidad de determinar si lo que cobran de impuestos es lo que deberían. Pero esos análisis están basados en supuestos que serían cuestionados de inmediato por los concernidos y la información que estos pudieran dar, no es necesariamente confiable. Como en este país no hay una tradición de suministrar información veraz a las instituciones públicas, lo más aconsejable es que el Ministerio de Turismo contrate el estudio necesario a una consultora externa que pueda enriquecer el análisis con comparaciones y datos internacionales. Sólo de esa forma podremos determinar qué nueva política industrial habría que adoptar para revertir el estancamiento en la inversión hotelera y poder así, eventualmente, alojar a los 10 millones de turistas.

Según Asonahores, durante el periodo 2001-2010 las adiciones anuales al inventario nacional promediaron 1,506 habitaciones.

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