José Castro abusaba de la familia constantemente
Miriam Brito se fue a EE.UU y Argentina huyendo del maltrato de su esposo, que en una ocasión la lanzó del segundo piso de su casa

SAN CRISTÓBAL. Miriam Brito había agotado todos sus recursos cuando finalmente se decidió a hacer justicia con sus propias manos. Cansada de buscar ayuda en la Policía, en el Palacio de Justicia de San Cristóbal, la Fiscalía, entre amigos y relacionados, la esposa del empresario José Castro no resistía un maltrato más en su cuerpo.
En Madre Vieja Sur, de San Cristóbal, era un secreto a voces que Miriam y sus cinco hijos -dos hembras y tres varones, todos menores de edad- eran golpeados constantemente por el hoy occiso empresario sancristobalense. Según el testimonio de sus vecinos, en una ocasión Castro lanzó de un segundo piso a su esposa que salvó la vida milagrosamente al caer en la piscina de su residencia, con dos costillas rotas. "Un día la agarró por los cabellos, comenzó a arrastrarla por la calle hasta llevarla a su casa", dijo a DL un conocido que no quiso ofrecer su nombre.
En una de sus brutales reacciones, según el testimonio de sus relacionados, uno de los hijos de Castro cayó al pavimento con un brazo roto. Su vecina más cercana corrió en auxilio del joven. "No me lleves a la casa, no, no, no me lleves a la casa, no quiero volver a entrar", es el relato de una señora que tampoco quiso identificarse.
En el Palacio de Justicia de San Cristóbal las historias no varían. "Él amarró con una soga a sus dos hijos menores, y los metió durante toda la noche, en la casa de los perros, donde amanecieron".
Estudiantes, profesores y directivos del Instituto Politécnico Loyola confirmaron que Miriam acudía al centro constantemente en busca de ayuda. "Una de sus hijas vino al colegio con la boca ensangrentada, otro con un balazo en la pierna y un tercero presentaba herida en uno de sus brazos", relató un estudiante del centro educativo.
A Miriam Brito sus conocidos la describen como una persona temerosa, que nunca se atrevía a enfrentar a su marido. Según supo DL, la esposa de Castro, luego de querellarse en la Policía contra su esposo sin que éste fuera apresado, decidió desistir de sus lamentos temiendo por su vida. "Joselito siempre lograba un arreglo con los policías", expresó un residente del sector.
En varias ocasiones, de acuerdo con versiones recogidas en Madre Vieja Sur, Miriam huyó a Estados Unidos y a Argentina, donde fue rastreada por su pareja. Frustrados sus intentos, partió a Santiago donde se asentó en una residencia para la que trabajaba quehaceres domésticos. "Su esposo la volvió a localizar, contratando los servicios de un detective", dijo otro de los vecinos de la familia Brito Castro. Castro murió en su residencia de dos impactos de bala propinados por su sirvienta, Elisa Deidania González Jiménez, de 28 años. Miriam Brito, a pesar de preparar el plan para asesinar a su pareja, no tuvo valor para disparar.
Según la Policía, Miriam Brito denunció varias veces los maltratos de su marido en la Fiscalía de San Cristóbal. En esas ocasiones José Castro era apresado y sometido a la justicia, pero, siempre salía bajo fianza.
Hoy la Policía pondrá en manos de la justicia el caso. Brito, la doméstica y el resto de la familia serán quienes se enfrenten a un juicio.
En Madre Vieja Sur, de San Cristóbal, era un secreto a voces que Miriam y sus cinco hijos -dos hembras y tres varones, todos menores de edad- eran golpeados constantemente por el hoy occiso empresario sancristobalense. Según el testimonio de sus vecinos, en una ocasión Castro lanzó de un segundo piso a su esposa que salvó la vida milagrosamente al caer en la piscina de su residencia, con dos costillas rotas. "Un día la agarró por los cabellos, comenzó a arrastrarla por la calle hasta llevarla a su casa", dijo a DL un conocido que no quiso ofrecer su nombre.
En una de sus brutales reacciones, según el testimonio de sus relacionados, uno de los hijos de Castro cayó al pavimento con un brazo roto. Su vecina más cercana corrió en auxilio del joven. "No me lleves a la casa, no, no, no me lleves a la casa, no quiero volver a entrar", es el relato de una señora que tampoco quiso identificarse.
En el Palacio de Justicia de San Cristóbal las historias no varían. "Él amarró con una soga a sus dos hijos menores, y los metió durante toda la noche, en la casa de los perros, donde amanecieron".
Estudiantes, profesores y directivos del Instituto Politécnico Loyola confirmaron que Miriam acudía al centro constantemente en busca de ayuda. "Una de sus hijas vino al colegio con la boca ensangrentada, otro con un balazo en la pierna y un tercero presentaba herida en uno de sus brazos", relató un estudiante del centro educativo.
A Miriam Brito sus conocidos la describen como una persona temerosa, que nunca se atrevía a enfrentar a su marido. Según supo DL, la esposa de Castro, luego de querellarse en la Policía contra su esposo sin que éste fuera apresado, decidió desistir de sus lamentos temiendo por su vida. "Joselito siempre lograba un arreglo con los policías", expresó un residente del sector.
En varias ocasiones, de acuerdo con versiones recogidas en Madre Vieja Sur, Miriam huyó a Estados Unidos y a Argentina, donde fue rastreada por su pareja. Frustrados sus intentos, partió a Santiago donde se asentó en una residencia para la que trabajaba quehaceres domésticos. "Su esposo la volvió a localizar, contratando los servicios de un detective", dijo otro de los vecinos de la familia Brito Castro. Castro murió en su residencia de dos impactos de bala propinados por su sirvienta, Elisa Deidania González Jiménez, de 28 años. Miriam Brito, a pesar de preparar el plan para asesinar a su pareja, no tuvo valor para disparar.
Según la Policía, Miriam Brito denunció varias veces los maltratos de su marido en la Fiscalía de San Cristóbal. En esas ocasiones José Castro era apresado y sometido a la justicia, pero, siempre salía bajo fianza.
Hoy la Policía pondrá en manos de la justicia el caso. Brito, la doméstica y el resto de la familia serán quienes se enfrenten a un juicio.
Diario Libre
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