Anciana del El Libertador quiere vivir en paz lo que le queda de existencia
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SANTO DOMINGO. Doña Ana Méndez es una octogenaria que vive en la calle 4 del barrio El Libertador de Herrera en medio de una cañada y un filtrante tapado de donde emanan constantemente malos olores y mosquitos.
Ha tenido que abandonar la mecedora de su galería por los fuertes olores porque frente, hay un filtrante tapado del que sale agua cloacal. Tampoco se puede ir al patio porque por allí una especie de río se entiende por el lugar.
No importa el calor, ella se ve obligada a quedarse en medio de la casa y hasta allí llegan la pestilencia y los mosquitos. Ella aspira a que lo que le queda de vida, sea con algo de calidad y dignidad, porque dice que los achaques propios de su edad se complican cada día por el drama en que vive.
“Vivo grave de muerte, no puedo ni siquiera comer por esta cañada, mire como estoy inválida y cuando viene el agua y se mete no puedo ni salir huyendo, los vecinos son los que vienen a dar auxilio”, cuenta mientras se aferra a los hierros de su casa para sostenerse.
Como doña Ana, otros moradores están sufriendo por los dos problemas de la cañada y el filtrante tapado. Erenia Delgado, explica que con frecuencia los niños del lugar se enferman y dice que por más que han exigido la solución del problema a los distintos alcaldes de Santo Domingo Oeste, incluyendo al actual, Francis Peña, no han tenido receptividad.
Cuenta que tienen más de ocho años con el problema, aunque doña Ana Méndez dice que tiene 30 años en el lugar y siempre ha habido malos olores.
Amarilis Sánchez, vicepresidenta de la Junta de Vecinos “Espíritu Santo, exclama a las autoridades, al cabildo, al Ministerio de Obras Públicas, a Salud Pública o cualquier otra entidad para que se conduela de ellos y resuelvan un problema que parece eterno.
Asegura que lo grave es cuando llueve porque las casas se inundan de todas las inmundicias que pueden haber en filtrantes donde se acumulan aguas de los baños y una cañada repleta de alimañas.
Adalberto de la Rosa


Adalberto de la Rosa