Luis Greco: "El problema no es el juez robot, es el juez humano que perdió su humanidad"
El jurista considera que la IA puede asistir a los magistrados, pero rechaza que decida sobre libertad, allanamientos y otros derechos fundamentales

La inteligencia artificial plantea un reto para la justicia, pero también una prueba que permitirá determinar cuánto de humano conserva actualmente el trabajo de los jueces y qué parte de sus funciones puede ser sustituida por una máquina.
Así lo plantea el jurista brasileño-alemán Luis Greco, profesor de Derecho Penal de la Universidad Humboldt de Berlín, quien considera que la discusión no debe limitarse a lo que será capaz de hacer la inteligencia artificial (IA), sino que obliga a examinar cómo ejercen hoy sus funciones los propios jueces.
"El problema no es el juez robot. El problema es el robot que finge que es juez o el juez humano que ya perdió su humanidad", sostuvo Greco durante una entrevista con Diario Libre, tras participar el lunes en el VI Congreso Internacional sobre Derecho y Justicia Constitucional, organizado por el Tribunal Constitucional (TC).
Para el académico, la amenaza de sustitución aparece precisamente cuando una profesión se ejerce como una actividad mecánica. El desafío para jueces, periodistas, profesores y otros profesionales consiste, según su reflexión, en demostrar que su trabajo incorpora elementos humanos que una máquina no puede reproducir.
"Si nosotros jugamos como máquinas, la inteligencia artificial hará nuestro trabajo. Si ustedes hacen periodismo como máquinas, la inteligencia artificial hará vuestro trabajo", expresó. Frente a ello contrapuso el ejercicio profesional realizado "con principios éticos", compromiso, pasión y otros elementos que considera propiamente humanos.
Greco llevó esa reflexión directamente al ejercicio de la judicatura. Describió al juez que ya funciona como una especie de "robot de carne" como aquel interesado fundamentalmente en evacuar expedientes, cumplir estadísticas o proteger su posición, en lugar de concentrarse en las personas sometidas a sus decisiones.
"Se comporta decidiendo solo para no tener nada en la mesa, solo preocupado con números", explicó. Agregó que es el juez que no presta atención a los argumentos de los abogados ni se preocupa suficientemente por determinar si la persona que condenará es realmente culpable, sino por "la reacción de los otros" o por su propia promoción.
A su juicio, un juez que funciona de esa manera puede ser sustituido por una máquina precisamente porque la dimensión humana de su trabajo ya había desaparecido.
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¿Puede la IA reducir la mora?
Greco también se mostró escéptico ante la posibilidad de que incorporar inteligencia artificial a la producción de decisiones judiciales constituya por sí mismo una solución a la mora, uno de los principales problemas que enfrenta el sistema de justicia dominicano.
Aunque reconoció que la tecnología puede acelerar la elaboración de decisiones, advirtió que esa misma capacidad estará disponible para los abogados, que podrán producir con mayor rapidez demandas, recursos y otros documentos.
Explicó esa dinámica mediante el denominado problema de la "Reina Roja", utilizado para describir situaciones en las que es necesario correr cada vez más rápido simplemente para permanecer en el mismo lugar.
"Si hay sentencias más rápidas también va a haber más demandas y va a haber más recursos", señaló. "Entonces yo no veo esto como una solución, no va a solucionar nada, añadió".
Una herramienta de consulta
La posición de Greco, sin embargo, no supone excluir la inteligencia artificial del trabajo judicial. Considera legítimo utilizarla como herramienta de consulta, revisión y contraste, de manera similar a como un profesional pediría una segunda opinión a un colega o amigo.
Un juez, profesor, investigador o periodista puede presentar a una herramienta de IA un trabajo propio para detectar errores, revisar su redacción o encontrar posibles objeciones a un argumento. El límite aparece, según explicó, cuando se delega en la máquina la elaboración sustancial del trabajo que corresponde al profesional.
Greco puso como ejemplo su propia actividad académica. Consideraría legítimo pedir a una IA que revise la gramática de un artículo escrito por él o que cuestione alguno de sus argumentos, pero calificó como una falsedad encargarle la producción completa del texto y posteriormente publicarlo bajo su nombre.
El jurista tampoco considera indispensable responder al avance tecnológico mediante una regulación exhaustiva que establezca cada uso permitido o prohibido. Ante la pregunta de Diario Libre sobre la necesidad de protocolos para los jueces, defendió que los límites pueden derivarse del sentido común y de la buena fe con que cada profesional ejerza su función.
Su criterio parte de que quien está dispuesto a delegar indebidamente su trabajo en una máquina probablemente ya enfrenta un problema ético previo a cualquier regulación. "Quien necesita aquí de una regulación ya mostró que no tiene buena voluntad y no la va a respetar", argumentó.
Lo que una máquina no debería decidir
Greco establece una diferencia entre utilizar inteligencia artificial para asistir en la aplicación del derecho y entregarle decisiones que implican ejercer directamente poder sobre una persona.
Considera admisible automatizar determinados procedimientos reglados, como algunas multas de tránsito o indemnizaciones establecidas previamente por retrasos de vuelos. También entiende posible que dos personas acuerden voluntariamente someter determinadas controversias patrimoniales a una herramienta automatizada.
La frontera cambia cuando están en juego decisiones sobre la libertad de una persona, la autorización para que la Policía entre en una vivienda, relaciones familiares, daños inmateriales y otros derechos fundamentales.
"Esas decisiones, en mi opinión, no pueden ser decisiones tomadas por una máquina", afirmó. Aclaró que su objeción no radica en que la IA sea incapaz de producir técnicamente una respuesta correcta, sino en que son decisiones en las que el derecho debe mostrar "su fase humana".
Por eso, para Greco, la pregunta de fondo no es solamente si en el futuro existirán jueces robots. Es si los jueces actuales conservan aquello que justificaría que determinadas decisiones continúen exclusivamente en manos humanas.

Balbiery Rosario