El primer ciego en la Escuela Nacional de la Judicatura

  • “El peor obstáculo es decir no puedo”, dice el abogado Roberto Quiroz, que además es catedrático de universidad

Roberto Quiroz es una persona ciega, pero también es un abogado de una amplia trayectoria profesional y considerado por sus adversarios en el tribunal como un excelente profesional. Su discapacidad ha sido un reto, pero no una barrera que no haya derribado.

“Mi mayor reto era vencer el obstáculo para que creyeran que una persona con discapacidad podía hacer el trabajo igual o mejor que una persona con su vista, y lo he logrado. Me siento complacido del ejercicio que he tenido hasta hoy”, comenta en entrevista para Diario Libre el señor Quiroz.

Nació en un pequeño campo de Constanza llamado Portezuelo, en el seno de una familia humilde. Siendo muy joven comenzó a tener problemas visuales hasta quedar ciego. En su pueblo natal, el acceso a la educación básica fue difícil, puesto que los profesores no estaban preparados para la enseñanza a una persona con discapacidad visual.

Sus padres se esforzaron y a la edad de seis años trasladan a Quiroz a la capital para estudiar en la Escuela Nacional de Ciegos, donde se alfabetizó en el sistema de lectura y escritura Braille, aprendió a escribir a máquina y algunas cosas a mano.

Posteriormente regresó a Constanza, donde continuó con la educación básica y terminó el bachillerato. En esa etapa, las limitaciones económicas de su familia le dificultaban estudiar una carrera universitaria, sin embargo, participó en un concurso que se hizo en Constanza sobre el mérito municipal al mejor estudiante y ganó el primer lugar. El premio era una beca para estudiar una carrera.

En el año 2000 se muda a Santo Domingo y se matriculó en la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA) para estudiar una licenciatura en derecho. En 2004 culminó sus estudios universitarios, graduándose con el mayor índice académico de una promoción de 628 estudiantes. Para ese entonces ya tenía un año trabajando para la Suprema Corte de Justicia.

Primero en la ENJ

Roberto había logrado mucho, pero no se conformaba. Se postuló para aspirante a defensor público y aprobó el concurso, convirtiéndose en la primera persona ciega en entrar a la Escuela Nacional de la Judicatura (ENJ).

En febrero del 2007 comenzó su ejercicio como defensor público en los tribunales del Distrito Nacional y desde entonces ha tenido expedientes en casos de lavado de activo, homicidios y trata de personas.

No obstante, la carrera de Roberto Quiroz no se ha limitado a los tribunales, sino que también se dedica a impartir docencia en Universidad del Caribe y la Universidad Dominicana O&M. Recientemente publicó un libro bajo el título “Litigación Penal, principio y fin” que, según explica, versa sobre el proceso penal en la República Dominicana y aborda las etapas para conocer un proceso penal desde la medida de coerción hasta la ejecución de la pena.

Apoyo de la tecnología

Aunque tiene un ayudante que le colabora con la lectura rápida y le acompaña siempre cuando sube a estrado, en ocasiones está sólo y se desenvuelve con ayuda de las tecnologías.

“Cuando no estoy en su compañía o en la compañía de mi familia, cuento con aplicaciones y programas en el celular que me ayudan. Yo le tomo una foto a cualquier documento y el teléfono automáticamente me lo convierte y me lo lee”, explica.

Su vida personal

“Yo llevo una vida totalmente normal y una familia muy bonita”, comenta. Tiene una esposa que está embarazada y un niño de 5 años. Estas explicaciones, expresa, “es porque muchas personas creen que porque seas ciego o tengas alguna limitación no puedes tener una vida como los demás”.

“Yo juego con mi niño, salgo al patio, lo pongo a montar bici, jugamos ajedrez y hacemos un sin número de actividades. Ya mi niño de 5 años entiende la discapacidad que tengo, no me trata como persona con discapacidad. Sabe mi limitación y cuando él quiere algo, él sabe dirigirme hacia donde está si no lo alcanza. Ya él entiende a su padre”, manifiesta.

Un consejo

A las personas con discapacidad les recomienda que “el camino se pone difícil cuando se está a punto de llegar, pero hay que continuar. Las personas, con discapacidad o no, no pueden desesperanzarse porque haya obstáculos”. Entiende que el peor obstáculo que una persona se puede colocar “es decir yo no puedo”.

Consideraciones

Jacinto Castillo Moronta, subdirector de la Escuela Nacional de la Judicatura, define a Quiroz, como un jurista de curtida experiencia que diariamente sube a los tribunales a defender derechos con gallardía, capacidad y entereza.

“Es un corredor incansable que no se detiene cuando fija una meta. Es un hombre de gran coraje y tenacidad. Ese es el material del que están hecho los hombres”, expresa Castillo Moronta, quien escribió el prólogo de la primera obra publicada por Roberto Quiroz en octubre del año en curso. l

Detalles de su vida personal

En el Palacio de Justicia de Ciudad Nueva al defensor Roberto Quiroz se le ve caminar en compañía de un joven abogado, su nombre es Miguel Tapia quien, a pesar de ser su asistente, es considerado por Quiroz como sus ojos cuando están en estrado, puesto que le informa sobre algunos aspectos que él no puede percibir. “Miguel sería mi cuarto asistente. La Institución lo contrata, me lo asigna, pero yo trato de hacer una especie de relación amistosa. Cuando estamos en estrado los ojos de Miguel son mis ojos. Miguel es el complemento de cosas que, a la simpleza, no puedo percibir”, dice Quiroz al referirse a su asistente.

“El peor obstáculo que una persona se puede colocar en la vida, ciega o no, es decir yo no puedo. Eso es darse por vencido”
Roberto Quiroz Defensor Público
“Trabajando con Quiroz he adquirido una gran experiencia. Es un excelente profesional y un gran ser humano”
Miguel Tapia Abogado asistente
20181122 https://www.diariolibre.com

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