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Jóvenes de Guachupita, de pandilleros a dirigentes comunitarios

SANTO DOMINGO. Nadie en su sano juicio hubiera pensado cinco años atrás que los jóvenes pandilleros, delincuentes y de "caco caliente" en Guachupita, Distrito Nacional, iban a encabezar la lucha por una mejor comunidad. Sin embargo, esa es la realidad hoy.

Todo empezó en el 2004 cuando Lino Castro, que en ese momento acaba de cumplir condena por tráfico ilícito de drogas, decidió darle un giro a su vida, y a la de otros. Entonces crea la Red de Jóvenes Unidos de Guachupita, que más tarde se convertiría en una fundación de reconocimiento internacional.

Antes de su iniciativa Copresida había levantado un estudio sobre la juventud de ese sector y había determinado que la falta de oportunidades era su Talón de Aquiles.

Conocida esa realidad, Lino entra en contacto con los distintos líderes de pandillas y naciones para cambiar el curso de la picada que llevaban. "La idea fue aglutinarse y presentar una propuesta diferente para que nuestras voces fueran escuchadas sin ser señalados como delincuentes".

Entonces la mentalidad de los jóvenes comenzó a cambiar. Entregaron sus armas a las autoridades, prohibieron la venta de drogas y las acciones ilícitas, además de dejar rotundamente prohibido el enfrentamiento entre pandillas.

 

Empero, todavía Guachupita es un referente de delincuencia y violencia en la psiquis de la población y Lino sabe por qué:

"Aquí, como en otros barrios, el 50 por ciento de los jóvenes tiene o ha tenido antecedentes penales, lo que nos convierte en personas excluidas de los puestos de trabajo porque no se cree en la regeneración. Cuando un joven se ve rodeado de problemas económicos, sin trabajo y sin ayuda de terceros, no le queda otra salida que delinquir para sobrevivir. Si tuviéramos oportunidades, te aseguro que la delincuencia fuera mucho menor", explicó.

Elvis Brito (Chipilla) es uno de eso jóvenes que para el 2008 era vendedor activo de drogas en una iglesia, sin embargo hoy es un dirigente comunitario de mucho respeto en la sociedad.

"Con esta Red hemos recibido un apoyo que nunca tuvimos, ni siquiera de la propia familia. Antes le teníamos miedo a todas las organizaciones porque pensábamos que nos iban a denunciar con la Policía, pero nos dimos cuenta que es todo lo contrario: se nos han abierto puertas que nunca pensamos", comentó.



¡Hay que cambiar!

¡Hay que cambiar!, fue la conclusión a la que llegó Juan Javier Rojas (Edwin) cuando se dio cuenta que como cabecilla de una pandilla la muerte la tenía muy cerca. Con 33 años ya había sido apresado por problemas con la Policía y la convicción de que quería un mejor futuro para su hija lo motivaron a unirse a la Red de Jóvenes de Guachupita.

Antes era el líder de la nación Amor Dorado, ahora es cabeza de la fundación Gedeones Dorados en Acción Comunitaria. Cuando lo encontré estaba compartiendo con otros jóvenes frente al destacamento de Guachupita, algo que ni imaginaba un lustro atrás.

"No podía ni asomarme por el destacamento porque cuando lo hacía era para tirar piedras, botellas o cualquier cosa que encontrara. Ahora la relación con los policías es buena y se terminaron esos días de protestas irracionales", contó.



Chipilla señala que después de unificarse en pro de la sociedad han aprendido hasta cómo protestar por reivindicaciones colectivas sin llegar a las agresiones o manifestaciones violentas.

"Aquí vivíamos presos o corriendole a la Policía. Era una guerra campal todos los días, una guerra que gracias a personas como Lino terminó", contó.

Empero, ambos mencionaron que todavía mantienen luchas pacíficas contra algunos agentes que los agreden sin previa justificación o los apresan sin mediar palabras.

Por las paredes de la Red se ven las fotos de los momentos que han vivido; como aquel cuando, conjuntamente con la Policía, entregaron muletas a personas discapacitadas, o las tantas veces en que han movilizado a todos los comunitarios en favor de una campaña educativa.

También las charlas y seminarios en favor del medio ambiente, prevención de enfermedades venéreas, discriminación por antecedentes penales, exclusión por preferencia sexual, entre otros problemas que les afectan a diario.

Acciones que se multiplican

 

Lo que estos jóvenes han hecho por Guachupita se nota. El famoso callejón Los Morenos del Bronx, un punto de drogas hace un lustro atrás, hoy es mural para todas las personas que quieran expresarse mediante gráficos pacíficos.

Lo que han hecho por su comunidad también se ha extendido hasta Cristo Rey, Los Guandules, Villa María y La Ciénaga. Ahora piensan abrir redes de jóvenes en esas localidades para, como dice Edwin, llevar el mensaje a cada rincón del país.

La Red de Jóvenes Unidos de Guachupita espera que desde las más altas esferas gubernamentales se den oportunidades de empleo para los jóvenes que han tenido conflicto con la justicia y se han regenerado.

¿Merece esta gente otra oportunidad para reintegrarse a la labor productiva formal? Esa pregunta parece que ya tiene respuesta, pero mientras los empleadores analizan los jóvenes de Guachupita están firmes en su decisión de hacer un mejor país colectivo, y han demostrado que no es demagogia política.