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La poesía infantil de "Mi Barrio en Letras"

SAN CRISTÓBAL.- Lo confieso, si no fuese porque fui testigo presencial de la inspiración de niñas y niños que componen el movimiento "Mi Barrio en Letras" de la Fundación Literaria Aníbal Montaño (FLAM), me hubiese costado mucho creer que infantes entre 5 y 16 años pudieran unir las piezas gramaticales y formar versos de madurez anacrónica. 

En la comunidad de Madre Vieja Norte, de San Cristóbal, hay una casa azul con barcos blancos que parecen navegar sobre las paredes; un letrero anuncia la línea limítrofe entre la realidad y el universo literario al cruzar el portal. Del otro lado la FLAM asegura el futuro y presente del arte comunitaria.



La inspiración de los prematuros escritores les brota por los poros -o por las lágrimas-. La realidad de cada uno de los más de 100 niños y niñas es compleja, difícil, particular; van a la casita literaria quizá para olvidar un poco la superficie cruel de sus vidas, pero sólo los libros pueden lucir apariencia intacta.

Es una casa cobijada con zinc y madera usada. Posee dos habitaciones, una cocina y un patio modesto, pero ninguna de las partes es lo que parece; Las extremidades del hogar están pintadas con colores vivos que inspiran al romance con las letras.

Aunque más del 95 por ciento de las sillas son ocupadas por niñas, los pocos niños presentes aseguran hacerse sentir. Jefrey Marte tiene 10 años y su ímpetu lo resalta entre la multitud porque es constante en tomar iniciativas.

Para él, aunque haya más mujeres que hombres en Mi Barrio en Letras, considera que ambos son buenos en lo que hacen y que la única diferencia está en el sexo. Niurkary Brito es un año mayor que Jefrey y cree que predominan las hembras en el arte "porque la gente se encuentra raro un hombre sentimental. Además, nosotras somos más creativas".



Y así florece la diversidad de pensamiento y prosa entre los niños de la Fundación. Realidades tan distintas como la de los hermanos Kensem y Lehisen Jiménez de descendencia haitiana y la de Darihanna Mesa, hija de una madre escritora y un padre artista plástico.

La Fundación

Esta Fundación, sin fines de lucro, nace en 1997 por la iniciativa de Ysabel Florentino y Ramón Mesa, dos jóvenes escritores que deseaban mostrar otra realidad a la acostumbrada tragedia colectiva, ayudados por un mundo de fantasía.

FLAM tiene 490 facilitadores o tutores, 45 premios literarios, más de 100 publicaciones colectivas, 37 talleres impartidos, 33 eventos literarios, 20 barrios y comunidades intervenidas, 34 eventos nacionales en los que han participado, 5 homenajes a Juan Bosch y 2 campañas literarias.

¿Cuál es el mérito de este colectivo? Han perfeccionado un método de enseñanza-aprendizaje enfocado en alfabetizar con obras de literatura pura y, lejos de extrapolar cuentos de hadas, utilizan la realidad como musa para la formación de los aprendices.



Además, motivan el desarrollo literario con prácticas muy peculiares. Para escribir poemas dictan tres palabras distintas que deben ser combinadas entre versos improvisados, sin diccionario, sin computadoras, ni celulares. Solo lápiz, papel y emociones.

Ramón Mesa explica que el método usado no busca crear intelectuales, sólo escritores. Pretenden que los infantes vean a los textos como mundos de vivencias inimaginables, "porque los libros no muerden".

Mi Barrio en Letras funciona miércoles, viernes y sábado, en un ciclo de dos horas por grupo, con no más de 30 niños por tanda. Las clases son totalmente gratis y el único requisito es ser menor de edad.

 

Darihanna especificó que haber publicado cinco libros en los 12 años que tiene de vida se debe al proceso utilizado por sus tutores. "De tanto escuchar y leer metáforas, versos y prosa, lo hago natural. Quizás no sepa explicar qué es una metáfora, pero te aseguro que sé cómo construirla".

Muestra de eso lo da Alba Alcántara de 11 años en su poema "A qué saben los hombres"; o Jesmali Álvarez de la misma edad en "La cuerda"; también en el poema "Mírame porque me voy" de Greisy Soto, de igual edad que Darihanna.

Hay versos muy singulares como los escritos por Daneiris Reyes de 16 años. "Las gotas del canto que no se escuchan / en una luz de un país que grita en el derecho de tener una calle sin hoyo / que la basura no sea basura / y si gotean los pensamientos hacia arriba atraparlos con mi voz", es un fragmento de su poema escrito en 10 minutos.

La escritora Leibi NG comprobó la destreza de estos niños sureños. Considera muy motivador que la Fundación pueda sacar esa parte sensible y literal de infantes que son víctimas de circunstancias propias de la pobreza.

"Estoy impactada. Lo que sabía de este grupo no se asemeja a la realidad; simplemente es increíble...", expresó entusiasta NG, quien escuchó a cada uno de los niños y compartió con ellos sus versos y prosa.

San Cristóbal es "la cuna de la Constitución", pero en lo adelante puede que la historia también la califique como "la capital de la poesía infantil". Las muestras sobran, como los versos.