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Actualidad

Labor de la prensa

El oficio de periodista brinda muchas satisfacciones a quienes lo ejercen como profesión. Esto lo puedo decir por experiencia propia, ya que a lo largo de más de 30 años en los medios de comunicación, he tenido el honor de ser testigo de primera línea de un sin número de eventos históricos y de hazañas excepcionales, vedados para la inmensa mayoría de la gente.

El trabajo de cronista le da a uno la oportunidad de estar en contacto y conocer a las grandes luminarias del deporte, lo que significa un privilegio del que casi todo el mundo quisiera disfrutar.

Sin embargo, la labor del reportero o comentarista también trae momentos de frustraciones y enormes sinsabores, por lo que no todo es color de rosa en esta actividad.

El periodista se puede pasar años elogiando a un determinado atleta, ensalzando sus proezas, pero cuando llega la hora de hacer una crítica o de reseñar algún fracaso, ahí mismo comienza la desgracia de quien osa mancillar el nombre inmaculado del héroe.

Esto sucede especialmente cuando se inicia el natural declive del deportista de primer nivel y el comunicador está en el deber profesional de ser objetivo y relatar las actuaciones mediocres o los fallos de cualquier índole.

Es en ese momento que el cronista deportivo, por cumplir con su labor informativa, se convierte en la peor escoria del mundo y en un ser insignificante, que se deleita haciendo leña del árbol caído.

En nuestro país esto ocurre con frecuencia con muchos jugadores de béisbol, cuya epidermis es muy susceptible y no logran asimilar las críticas de los miembros de la prensa.

No importa que por largo tiempo usted haya sido un promotor gratuito de un determinado pelotero y hasta su principal fanático, por que desde el instante en que se difunde o comenta una actuación negativa, se cae en desgracia y ya jamás ni siquiera se puede el periodista acercar al atleta.

Sé que algunos cronistas se pasan de la raya en sus críticas y hasta se inmiscuyen en asuntos que no les conciernen, como es la vida personal de los jugadores, pero estos no representan a la mayoría.

También reconozco que no todos los peloteros se comportan de esa manera, pero desgraciadamente esos son los menos.

Ojalá llegue el tiempo, aunque es muy difícil que esto suceda, en que jugadores y reporteros se respeten mutuamente, que los peloteros entiendan que el trabajo del comunicador es informar al público con objetividad y sin distorsiones y que al mismo tiempo, los cronistas realicen su labor periodística respetando los cánones éticos y morales de la profesión.