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Las claves para escapar del maltrato

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Las claves para escapar del maltrato

Luego de 30 años de sufrir maltrato psicólogico por parte de su pareja, Alma descubre que su vida puede cambiar

 A sus 53 años, Alma Galán, odontóloga de profesión y madre de 4 hijos, habla con serenidad y una sorprendente lucidez sobre todo el historial de maltrato psicológico que marcó las pautas de su vida. Hace apenas 3 años que despertó de una pesadilla demasiado larga que comenzó, como en la mayoría de los casos, a desarrollarse en el seno de su hogar paterno y que se amplificó en la relación con su esposo.

Su despertar ha sido tan vibrante y maravilloso que la ha llevado a publicar, en la pasada Feria Internacional del Libro, la obra: "Amor saludable, para ti y tu familia: Descubre cómo amar y ser amado sin violencia y sin dependencia", con la ilusión de transmitir a las demás mujeres dominicanas las verdades que hicieron que su propia vida cambiara.

Desde niña aprendí que era bruta y me acostumbré a que todos me maltrataran...

Nací en una familia de 6 hermanos. Era la tercera hija y la primera hembra de una madre muy estricta. Delante de mí, mi madre golpeaba brutalmente a mis hermanos mayores, mientras que a mí y al segundo hermano nos trataba de forma delicada.

A nosotros no nos golpeaba, pero éramos testigos de las palizas que le daba a mis hermanos (a veces hasta les chocaba la cabeza en las paredes), y nos decía que éramos brutos. Tanto me lo creí, que me pasé la vida, en el colegio y en todas partes, afirmando que lo que se me dijera o explicara no lo iba a entender. A pesar de eso, sacaba buenas notas, pero creía que los profesores me las ponían por pena. Desde pequeña idealizaba a los amigos y novios y me volvía dependiente de ellos. Y claro, la gente te ve "derretía" y abusa de ti.

De todo esto me he dado cuenta después de hacer terapia, del por qué sucedían esas cosas.

Me casé con 21 años. Veía que mi marido era celoso y muy posesivo. Ya desde antes del mes de casados, comenzaron los episodios de violencia verbal. Primero decía cosas ofensivas sobre las mujeres en general: "Todas las mujeres son unos cueros, unas cuerneras", "Mi tío lo decía, que el enemigo número uno que uno tiene en su casa son las mujeres". Luego pasó de lo general a atacarme directamente a mí: "Eres una estúpida, una sucia, una asquerosa".

Compartíamos la profesión y teníamos el consultorio en la misma casa. Comencé a llenarme de muchachos, y con todo el "rebolú//" de tener el consultorio en la casa, tener que atender a los niños y a él, a veces llegaba un paciente y lo atendía en bata. No tenía tiempo para añoñarme, todo era pa'lante, pa'lante.

La violencia que ejercía sobre mí era psicológica, creo que nunca hubo violencia física, aunque sí amenazas, porque me sometí tanto, y siempre trataba de alejarme cuando lo veía violento y buscarle la vuelta. Me descalificaba constantemente. Yo sabía que me molestaba, pero no sabía manejarlo.

Me provocaba celos cuando conocía a alguna colega o amiga. Me decía: "Mira a fulana, esa sí es una mujer completa", lo decía delante de la gente y de mí. A esas mujeres las recogía en el carro cuando salían del trabajo, por ejemplo, mientras yo andaba en carro público hasta para ir al médico con los niños. Cuando protestaba y le reclamaba: "Pero es que ella es la mujer tuya, ¿por qué tienes que llevarla pa' arriba y pa' abajo?". Hasta me amenazaba con romperme los dientes de una "trompá". Yo le decía:"Es lo único que falta".

Después de 30 años me pregunté por mi vida...

Pasaron 30 años en esta dinámica, mis dos hijas y mis dos gemelos crecieron, murieron mis padres, se casaron mis dos hijas mayores y comencé a preguntarme dónde estaba mi vida. Me comenzaron unas depresiones tremendas. Durante 6 años dormía apenas cuatro horas. Vivía enferma. A veces me alteraba tanto que le hablaba mal a mis hijos. "Mami pero tú estás igualita que papi, no hay quien te aguante", me decían. Mi marido me decía que yo estaba loca. Así que fui a la psiquiatra y ella me refirió al PACAM. En el año 2007, con más miedo que vergüenza, comencé a ir al PACAM. Lo que sentía era culpa, primero por sentir que si hablaba de estas cosas estaba violando la privacidad de mi familia. En las primeras dos sesiones de ayuda sicológica vivía justificando a mi esposo. Luego, cuando me di cuenta de lo que había sido mi vida, sentí vergüenza. Saber cómo una persona puede haber vivido la vida entera equivocada. El miedo y la vergüenza es lo que más paraliza a uno.

Me dio una gran depresión cuando empecé las terapias. Cuando me di cuenta de cómo todo el mundo había abusado de mí. Todo el mundo. Pero seguía yendo. Iba todas las semanas. Hay que ser valiente. Yo iba temblando. Me daban diarreas de pensar que tenía que enfrentar todo eso. Pero, como digo en mi libro, "ser valiente no es hacer las cosas sin miedo, es hacerlas por encima del miedo".

Decidí echar el pleito dentro de la casa...

Así comencé a hablarle a él, a pesar del miedo. Aprovechaba cuan-do se estaba bañando, que sabía que no podía huir ni podía atacarme. Le decía: "Mira tú nos has hecho mucho daño a mí y a mis hijos, no eres más que un buen abusador, eres esto y aquello". Todo lo que tenía por dentro.

En el momento se quedaba de una pieza. Yo automáticamente me retiré, no me acercaba a él. Me distancié de él dentro de la casa. Si me hablaba mal, antes yo iba a buscarle la vuelta, "no te pongas así", le decía, y era cariñosa y le decía que lo amaba, y le compraba cosas. Pensaba que con darle mucho amor, todo se solucionaría. Una vez se puso bastante violento. Decía que las mujeres se ponían así cuando se querían divorciar, que las mujeres deberían ser más sumisas.

Él se sentía un buen padre y un buen marido. Decía: "Me he pasado la vida trabajando".

Desde hace un año, él ha ido mejorando su forma de tratarme. Sé que tiene su problema, pero ahora me respeta. Yo decidí echar el pleito y su actitud hacia mí ha cambiado. Antes dependía completamente de él, lo dejaba controlar todo, ahora hago mis cosas con autonomía. He visto que él ha aguantado mi cambio, y sé que la mayoría de hombres no lo aguanta. Ahora me anda atrás y me da cariño. Antes yo no daba la oportunidad, porque vivía arri-ba de él. Ahora me siento joven.

Luego de 30 años de sufrir maltrato psicólogico por parte de su pareja, Alma descubre que su vida puede cambiar


Me descalificaba constantemente. Yo sabía que me molestaba pero no sabía manejarlo"

"Ser valiente no es hacer las cosas sin miedo, es hacerlas por encima del miedo"