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Día de los Padres
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“Lo único que sé es trabajar, y eso fue lo que les enseñé”

SECUNDINO SANTANA (LABOR)

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“Lo único que sé es trabajar, y eso fue lo que les enseñé”
Mientras aparece cualquier chiripa, Labor se la busca con su motocicleta en Los Guandules. (RICARDO HERNÁNDEZ)

Santo Domingo. “Mis hijos no pudieron estudiar. Eso es lo que más me atormenta”, confesó con amargura Secundino Santana, otrora albañil, hoy lo que aparezca. “Me hubiera gustado darle más cosas materiales, pero no pude. Lo único que sé es trabajar, y eso fue lo que les enseñé. Les decía que aprendan para que no tengan que hacer nada malo”.

En ese momento alza la vista. Su nieto lo llamaba. “Mis hijos nacieron en Barahona”, continúa, luego hablar unos segundos con el niño.

“Tengo ocho por todos, y el más pequeño tiene 22. En aquel tiempo, cuando nacieron, trabajaba en el ingenio Barahona. A los diez años de estar juntos, la mamá de cuatro de ellos vino para la capital, y me los dejó. Cuando eso, el más chiquito tenía siete meses. Me quedé solo atendiéndolos. Del trabajo pedía permiso para ver cómo estaban, les cocinaba y regresaba. La gente me decía que le buscara una mamá, porque la mai ni se acuerda de sus hijos, pero yo les decía que no, que como quiera es su mai, y que algún día aparece. No busqué mujer hasta que estuvieron grandes, no quería que nadie me los maltrate. Recuerdo que tenía que echar un día para llevarles comida, pero prefería todo eso antes que abandonarlos”, dice convencido.

Una suave brisa refrescaba la tarde mientras las yolas iban y venían, dejando a las personas de un lado y del otro del río. Es un transporte económico y limpio. Por quince pesos evitas el tránsito desesperante del puente Duarte.

“Un par de años después la mamá apareció”, continuó Secundino, “ellos querían verla, y yo les dije que sí. Nunca les hablé mal de ella... Decidieron venir a la capital, y yo vine para no dejarlos solos. No quería que les pasara nada. Ellos siempre han sido obedientes, hasta de chiquito. Recuerdo que les decía que no vayan por ahí, y no iban. Por eso se criaron así, nunca han hecho nada malo”.

En su voz, un asomo de orgullo. El primero desde que inició. “Hizo lo mejor que pudo con lo que tenía”, le dijo quién escribe. “El haberse quedado junto a sus hijos, echarlos pa’ lante y que hoy sean hombres y mujeres de bien, es más importante que cualquier cosa que crea que les haya faltado”.

Pensativo observa a su nieto jugar con el Ozama como telón de fondo. “Yo no siento nada de ellos, no; siento yo. Ellos me quieren y yo los quiero, pero lo único que sé es trabajar honradamente y fue todo lo que les enseñé. Ahora hacen trabajos sencillos, porque no los puse estudiar, y eso es lo que más me atormenta”.

Dos de sus hijos están estudiando. Uno cursa el tercero de bachiller y otro, el cuarto.
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