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Minero Florencio Ávalos, de 31 años, será primero en subir a la superficie

Ávalos es un minero experimentado y fuerte que podría brindar valiosa información sobre los detalles del ascenso en una cápsula de acero.

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Minero Florencio Ávalos, de 31 años, será primero en subir a la superficie
La cápsula de rescate de los 33 trabajadores

CHILE.- Florencio Ávalos, de 31 años, será el pirmero que suba a la superficie cuando inicie la labor de rescate de los 33 mineros que están en un socavón de más de 700 metros de profundidad.

Ávalos es un minero experimentado y fuerte que podría brindar valiosa información sobre los detalles del ascenso en una cápsula de acero.

La información la dio a conocer el presidente de Chile, Sebastián Piñera, durante un discurso en los alrededores de la Mina de San José, al norte de ese país.

Afirmó que esta noche en Chile habrá lágrimas de alegría cuando se materialice el rescate de los 33 mineros atrapados desde el pasado 5 de agosto.

"Yo voy a estar al pie del cañón junto al ducto por donde van a salir los mineros. Estaré todo el tiempo que sea necesario para supervisar que el rescate se esté llevando a cabo a la perfección", dijo Piñera.

El presidente de Chile agradeció a Dios, a los hombres y mujeres que han trabajado en el rescate y al pueblo chileno en general. "Hoy día quiero agradecerle a ese Dios poderoso que escuchó nuestros ruegos y le pido que siga acompañándonos hasta el último momento", agregó.

A pocas horas del inicio del rescate de los 33 mineros atrapados en las entrañas del desierto, sus familiares aguardan el final de su espera, que a menudo resultó interminable, con una mezcla de alegría, ansiedad, nervios e impaciencia.

Contrariamente a lo esperado, no pasaban las últimas horas levantando las tiendas del Campamento Esperanza, que fue su hogar por más de dos meses.

Parecen ocupados preparándose para el reencuentro y tal vez pensando que dirán a su minero cuando salga.

Tras el derrumbe del 5 de agosto que sepultó a los mineros 700 metros bajo tierra en la mina de cobre y oro al norte de Chile, las familias fueron llegando de poco, instalándose en rudimentarias tiendas, a veces sólo en una silla. Con el paso de las semanas, las tiendas ganaron colchones y llegaron más sillas, mesas improvisadas, objetos de cocina. Se estableció un sector aparte para encender fogatas y braseros, indispensables para soportar las bajas temperaturas nocturnas del desierto chileno.

La mayoría de los familiares pasó las últimas horas nerviosamente, preparándose para subir a una explanada cercana al túnel de evacuación de los mineros. Cada trabajador escogió a los tres parientes que como máximo autorizó el equipo médico para estar allí.

Varios de esos designados esperaban en un sector reservado para ellos el aviso de "subir", o desplazarse por la polvorienta curva de unos 200 metros que en un leve ascenso lleva a la entrada principal de la mina.