Pedro Mir, integral y total

Les voy a hablar de un ser humano integral y de un escritor total: Pedro Mir. Ido ya y a un siglo de su natalicio, guardo su imagen intacta en un presente infinito, como cuando lo conocí en vida.
La integralidad de Pedro Mir es humana. Es una persona que posee en forma muy pronunciada algunas cualidades que maravillan a quienes lo evocan y que permanecen en sus obras como improntas bienhechoras que debemos seguir admirando y emulando.
Pedro Mir irradia simpatía y admiración en todas sus acciones, exentas de escándalo y de rivalidad alguna. Es un ser humilde. Es preciso destacar este valor, por ser muy raro entre los intelectuales y los escritores, que por lo regular se caracterizan por la soberbia y la vanidad.
Pedro Mir es un hombre de vida sencilla; era un dominicano común en el plano material, aunque en el intelectual y el artístico era excepcional. Vivía una vida despejada de preocupaciones por el interés personal. Nunca le interesó la fortuna ni la fama.
La humildad es un vínculo esencial entre su vida y su poesía; entre su poesía y el pueblo. Cuando se afirma que Pedro Mir es el poeta nacional, y que su poesía está orientada hacia el pueblo, eso debe entenderse en el sentido más literal del término. La poesía de Pedro Mir está llena de humildad.
Su humildad es cercanía con la multitud, que se expresa en la imagen del grupo, de un nosotros, y en la inclusión de las preocupaciones colectivas y en sus poemas. Las cosas de que habla Pedro Mir son cosas muy sentidas por la gente: la falta de tierra, la opresión en los ingenios, la vida del exiliado que él fue, la ausencia de patria y de terruño, la faltad de dignidad, la lucha por la libertad, la justicia, la solidaridad, etc.
A partir de esas preocupaciones y del tono combativo que da a su poesía, se produce la comunicación con los demás, con su gente, con su pueblo, con quienes convivía sin vanidad y con el deseo de servir como a iguales. En ese sentido, la poesía de Mir no es solo social, sino sobre todo civil. Es una poesía ciudadana. Una poesía que se inscribe en la búsqueda y la defensa de la ciudadanía.
Pedro Mir comparte la humildad, esto debe ser enfatizado porque es muy significativo para nuestras letras, con otros dos grandes escritores dominicanos, los más importantes del siglo XX: Pedro Henríquez Ureña y Juan Bosch.
Pedro Mir es un ser muy sensible. No sólo en el plano artístico sino también en el personal y el social. Cultivó la sensibilidad en su poesía, haciendo de esta cualidad uno de los rasgos principales de su estilo. Sus imágenes son sensibles y sus versos transmiten una energía vital en torno a los temas que trata, dejando transparentar la subjetividad del poeta y su compromiso con su poesía.
Pedro Mir es también una persona muy reflexiva. A la vez que ama las emociones, ama el pensamiento. Es un ser de estirpe teórica. El mundo de los conceptos y las ideas lo acompaña en toda su producción no solo en prosa sino también en verso, lo cual hace de este autor alguien especial en la literatura dominicana: un poeta, un escritor culto e intelectual.
Esa comunión entre sensibilidad y pensamiento no se da tan a menudo ni en forma tan extraordinaria entre los escritores. En ese sentido, Pedro Mir es un poeta integral, un escritor total.
La integralidad de Pedro Mir es literaria. Él es poeta en el sentido estricto que se le da al autor de poemas y en el sentido amplio que desde los griegos se aplica a toda creación literaria. Él es un escritor total. Es un autor que cultivó de manera sostenida diversos géneros.
La poesía es su arte principal. Su relevancia en las letras dominicanas e hispanoamericanas se debe a poemas singulares, irrepetibles como "Hay un país en el mundo" y "Contracanto a Walt Whitman".
La integralidad está presente en sus poemas en las diversas voces, formas y modos que los integran. Algunos de sus textos poéticos son polifónicos y polimorfos. Los modos del relato y de la historia, de la métrica y el verso libre, de la emoción y el pensamiento, del lirismo y la protesta, coexisten en su poesía no como géneros separados, sino integrados.
Pero, Pedro Mir cultivó también la novela, el cuento y el ensayo de carácter histórico y literario. Pedro Mir es autor de la novela Buen viaje, Pancho Valentín y de otros textos narrativos de ficción.
Pedro Mir es historiador en las obras Tres leyendas de colores, El gran incendio, Las raíces dominicanas de la doctrina Monroe y La noción de período de la historia dominicana, textos que representan un gran aporte para la historiografía dominicana.
Pedro Mir es ensayista en sus textos académicos Apertura a la estética y Fundamentos de teoría y crítica del arte. Son obras nacidas en sus cátedras de filosofía y de estética en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, que hoy sirven de referencia a los artistas, los escritores y los estudiantes de artes en nuestro país.
La integralidad de Pedro Mir es cultural y política. Él encarna un complejo universo de valores culturales y poéticos que encontramos en su vida y su obra. Es una diversidad manifiesta en su biografía y en su obra literaria, como caribeñeidad vivencial y americanismo ideal.
Nacido en República Dominicana, es hijo de un cubano y una puertorriqueña. Y luego, en su vida adulta, signada por exilio durante la dictadura de Trujillo, de 1941 al 1962, vivió un prolongado peregrinaje en Cuba, Puerto Rico y toda la América latina.
Pedro Mir, el hombre del exilio que se enfrentó a la tiranía de Rafael Leónidas Trujillo, es el poeta del exilio. Un poeta de la diáspora, rasgo que aparece en su poesía, en los títulos de "Hay un país en el mundo", "Si alguien quiere saber cuál es mi patria," "Balada del exiliado" y "Dominí".
La vida de Pedro Mir es un símbolo de la convergencia de la diversidad de tres países que comparten, en la diferencia, una misma cultura, la cultura caribeña, los mismos ideales caribeños de unidad y solidaridad, proclamados y defendidos por tres insignes prohombres de las Antillas, nombrados en orden cronológico: el dominicano Juan Pablo Duarte, el puertorriqueño Eugenio María de Hostos y el cubano José Martí.
En el plano ideológico, toda la humanidad caribeña vibra en sus poemas. Ahí confluyen los grandes ejes que conforman la cultura del mar Caribe, de los ingenios de caña de azúcar, de las opresiones coloniales pasadas y presentes y de las luchas sociales y políticas de este rincón del universo.
La obra literaria de Pedro Mir es un testimonio del compromiso del autor con la comunidad caribeña en sus múltiples relaciones. Relación de lengua y de cultura; de historia y de luchas (primero en el marco del colonialismo, luego en el marco de la república) de República Dominicana, Puerto Rico y Cuba; relación de cosmovisión en torno a los diversos factores que conforman el Caribe en su conjunto y el Caribe hispánico en particular, isleño y continental.
En esos cimientos se apoya la humanidad y la universalidad en la obra de Pedro Mir. Una humanidad sin límites de tiempo y espacio; sin límites de entornos.
La obra de este autor tiene como materia principal el ser humano colocado en el centro de su historia, de sus preocupaciones y desvelos. En ese sentido, el humanismo total de Pedro Mir, teñido de caribeñismo y de dominicanidad, en el que late toda la humanidad, es el rasgo principal de toda su obra y de su vida misma.
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Pedro Mir es una persona que posee algunas cualidades que maravillan a quienes lo evocan (...)
Diario Libre
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