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Pinochet vivió solitario y enfermo en sus últimos días

"Me iré al cielo", decía Pinochet, quien aseguraba que la Virgen María lo salvó del intento de asesinato en 1986

SANTIAGO DE CHILE (AP). Augusto Pinochet quien se consideraba "un ángel" que al morir se iría al cielo y que gobernó al país con mano de hierro, murió este domingo tras vivir sus últimos años enclaustrado, solitario y abandonado por sus partidarios.

Sus seguidores no le perdonaron que hubiera ocultado en bancos del extranjero millones de dólares de origen por lo menos dudoso. Falleció sin haber sido nunca condenado por una serie de crímenes que motivaron varios juicios en su contra.

El corpulento militar que a los 58 años encabezó un sangriento golpe militar contra el presidente socialista Salvador Allende, cruzó al siglo 21 convertido en un anciano nonagenario, afectado de una demencia moderada y otros males que le ayudaron a eludir la cárcel y cientos de querellas judiciales por violaciones a los derechos humanos.

Pinochet tomó el poder en un cruento asalto al palacio de gobierno el 11 de septiembre de 1973, derrocando a Allende, quien 19 días antes lo había nombrado comandante en jefe del ejército. Allende prefirió el suicidio en el bombardeado palacio de gobierno antes que entregarse a los sublevados.

El general y otros tres jefes de las fuerzas armadas instauraron una dictadura de 16 años y medio caracterizada por una implacable persecución de quienes consideraba sus enemigos marxistas, pero nunca reconoció los abusos ni pidió perdón. Ante los jueces atribuyó los "excesos" a sus subordinados.

"Yo no soy ningún criminal", le dijo al primer juez que lo procesó, Juan Guzmán, durante un interrogatorio. "Yo me considero un ángel...reflexionando y meditando".

Sólo el día de su 91 cumpleaños, el 25 de noviembre del 2006, asumió "responsabilidad político de todo lo obrado".

Pinochet disolvió los partidos políticos, cerró el congreso, destruyó los registros electorales y reprimió de manera implacable a sus adversarios.

"En este país no se mueve una hoja si no la estoy moviendo yo", fue su frase para resumir el poder ilimitado que ejercía, y afirmaba tener una misión divina de rescatar a Chile del comunismo.

Nunca mostró arrepentimiento por la represión, que dejó oficialmente 3.197 muertos, incluidos 1.200 detenidos-desaparecidos. Cuando una investigación judicial descubrió que en numerosos casos dos víctimas fueron sepultadas en un mismo ataúd, exclamó ante los periodistas: "¡que economía más grande!".

Sin condena

Sus últimas batallas fueron en los tribunales. Fue procesado y nunca condenado en cinco causas por violaciones a los derechos humanos, y en otra por evadir tributos por 1.592 millones de pesos. Otra evasión fue excluida porque el delito prescribió. Dos juicios fueron cerrados por causa de su demencia moderada. Dejó el poder en 1990, tras perder un plebiscito con el que pretendía seguir en el poder hasta 1998, pero siguió como jefe del ejército hasta marzo de 1998, cuando se convirtió en senador vitalicio, escudándose en la constitución impuesta por su régimen.

Chile llora y celebra

Apenas conocida la muerte del ex dictador Augusto Pinochet este domingo afloró la profunda división que persiste en este país a casi 17 años de restaurada la democracia: miles de detractores se lanzaron a las calles a celebrar, mientras centenares de llorosas partidarias expresaban su pesar por el deceso.

La muerte del nonagenario ex gobernante sorprendió a muchos chilenos que hasta este día se enteraban por boletines oficiales de una sorprendente recuperación del infarto al miocardio que sufrió hace una semana.

Ondeando banderas y haciendo sonar las bocinas de sus automóviles cientos de detractores de Pinochet fueron los primeros en lanzarse a las calles.

En tanto frente al Hospital Militar decenas, primero, y luego alrededor de un millar de dolidas partidarias expresaban su dolor con gritos de apoyo. Por momentos las emprendieron contra periodistas llegados al lugar.

Los manifestantes, en su mayoría mujeres, enarbolaban banderas, fotos y carteles en apoyo a su líder.