Pobre desempeño pone en entredicho liderazgo de MVM

  • La ausencia de una revisión autocrítica podría marcar el inicio del desgajamiento total del PRD
Vargas acompañó a los candidatos en sus actos de campaña. Archivo

SANTO DOMINGO. Los resultados electorales confirmaron lo que todo el mundo presentía: Que la dirección del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), que desde inicios del año pasado transitó por un camino repleto de errores, llevaba al "buey que más jala" al matadero y que, muy a pesar de que tanta gente lo advertía, resultó inexplicable que se dejara matar, como en la "Crónica de una muerte anunciada" de García Márquez, con la diferencia de que a Santiago Nasar, su personaje central, lo liquidaron un lunes ingrato y la fecha infausta de la debacle de los blancos cayó domingo.

Todos los análisis imparciales y las encuestas se lo recordaron, y hasta Hatuey se aventuró a adelantar la versión de una pela de "calzón quitao", pero con tanta gente pendiente de su comportamiento, habría que concluir que la cúpula perredeísta y sus asesores nacionales y extranjeros, estaban en un limbo para no darse cuenta a tiempo que tenían que reorientar el rumbo porque su discurso no sintonizaba ni siquiera con la aguerrida militancia partidaria.

 El negativo desempeño del PRD comenzó a hilvanarlo Miguel Vargas desde el mismo instante en que decidió imponer su voluntad para agenciarse la dirección del partido, en un proceso cargado de denuncias de imposición, con la supresión de los espacios estatutarios establecidos con el confeso propósito de habilitarse como presidente de su estructura y a la vez ser su candidato a la Presidencia de la República.

Concomitantemente con esta errada táctica, Vargas abrió las puertas del PRD y ubicó en puestos de mando y de influencia a elementos extraños a la organización, en desmedro de militantes auténticos y sacrificados.

Como si se tratara de un plan preconcebido para llevar al PRD a la catástrofe, Vargas castró toda iniciativa opositora, al suscribir un pacto con Leonel Fernández, que si bien lo erigía como el líder indiscutible de los blancos y se convertía en interlocutor del gobierno, los que recogieron los frutos de esa componenda fueron Leonel Fernández y el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), porque facilitó la aprobación de la nueva Constitución, que era la prioridad del mandatario, además de que lo habilitaba para volver a la Presidencia de la República, y hacía lo propio con Hipólito Mejía, despertando así a las huestes "pepehachistas", un verdadero escollo para sus aspiraciones presidenciales.

Y para rematar, a la hora de conformar la boleta electoral, no hubo democracia, y por vía de la denominada "reserva de candidaturas" acrecentó el malestar interno y mandó a mucha gente importante a sentarse en su casa para ver pasar el cortejo, malogrando de paso su consigna de avanzar en 2010 para ganar en 2012.

El futuro es impredecible

Miguel Vargas debe rendir honor a su profesión y patrocinar una "reingeniería", de manera autocrítica y con mucha humildad, reconociendo que el camino emprendido ha llevado al PRD a la perdición. De no ser así, el pronóstico, particularmente el suyo como político, es reservado.

Leonel no es el culpable

Como discurso para consumo público, se acepta que se hable del uso abusivo de los recursos estatales para señalar uno de los factores de la derrota, pero si Vargas no mira hacia adentro, empezando por abrir las puertas al perredeísmo histórico, echando a un lado a los "aparecidos", es improbable que pueda hacer retornar la mística perdida.

En la misma disyuntiva están los que le adversan en el PRD, algunos de los cuales ya acarician la idea de desplazarlo vía un "golpe institucional", ignorando que pretender resurgir sobre las cenizas de Vargas, podría ahondar la división y llevar a la maquinaria partidaria a una parálisis total.

Hipólito Mejía y los otros sectores que pugnan por la supremacía, deben asimilar su paradójica "victoria" del domingo, reivindicando que de lo que se trata es de un PRD herido de muerte, necesitado de encontrar caminos para reemprender la marcha.

Lo peor que le podría ocurrir al Partido Revolucionario es que ahora, en su desesperante búsqueda de salidas, y por una valoración errada de la coyuntura, aparezca alguien que, como le ocurrió a Santiago Nasar, el personaje central de la "Crónica de una muerte anunciada", le cierre la puerta que podría conducir a salvarle la vida.

Una fuerza importante

Que nadie se equivoque. Aún sin presencia en el Senado y todo lo que ello implica por la preponderancia de esa instancia que otorga al PLD una posición privilegiada para hacer leyes e integrar organismos fundamentales como el Consejo de la Magistratura, la JCE, el Tribunal Constitucional, el Tribunal Electoral y la Cámara de Cuentas, el PRD aún cuenta con una cuota importante en el Congreso y los municipios, y el caudal de votos de más de un 40% como partido obtenido el pasado domingo, indica que es una fuerza determinante para el equilibrio de la democracia. De ahí la importancia de que su liderazgo no pierda la perspectiva, lo que de ocurrir le podría conducir a sobrevalorar la derrota y crucificar, como únicos culpables, a los actuales dirigentes.  O lo que sería más grave: que la cúpula dirigencial no entienda que gran parte del fracaso se concentra en la manera errática como han conducido a la organización en los últimos 20 meses.

20100518 http://www.diariolibre.com

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