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Quisqueya aprende con ellos

El 8 de septiembre fue declarado Día Intl. de la Alfabetización por la ONU y la UNESCO, en 1967.

Identificar una dirección, llenar un formulario, firmar la cédula y obtener una licencia para conducir. Leer letreros, periódicos y libros. Sacar las cuentas de un negocio y anotar los resultados al medir. Desenvolverse en el barrio, la escuela de los hijos, la clínica, el banco, las tiendas y la iglesia... Son acciones que, aunque parecen comunes, son enfrentadas con una especie de ‘ceguera' civil por 12.8 % de la población dominicana mayor de 15 años: la iletrada.

"Cotorra vieja no aprende a hablar" es un refrán que está por verse en el caso de las 357,929 personas mayores de 15 años que, según la Unidad de Monitoreo y Evaluación de la Dirección General de Programas Especiales de la Presidencia (Digepep), están inscritas a la fecha en el Plan Nacional de Alfabetización "Quisqueya Aprende Contigo" para superar el analfabetismo y mejorar su calidad de vida.

Hace apenas un año, estos participantes formaban parte de los 851,396 jóvenes y adultos que declararon no saber leer ni escribir en el IX Censo Nacional de Población y Vivienda 2010 de la Oficina Nacional de Estadística (ONE). Sin saberlo, Emilia Lara, Norca Montero, Jorqui Ruíz y Ramón Evangelista engrosaban esa estadística y desertaron el mismo día en que decidieron enlistarse en las filas de los 27,533 grupos (Núcleos de Aprendizaje) dirigidos por 26,971 alfabetizadores en todo el país.

Así lo certifica el informe oficial de la Digepep al 5 de septiembre, que también da cuenta de que este proyecto, promovido por el Estado dominicano a través del Decreto Presidencial No. 546-12 del 10 de septiembre de 2012, no solo ha impactado a 42 % de la población no letrada, sino que enarbola como su gran meta: "En 2014 la República Dominicana será un territorio libre de analfabetismo".

Mientras la Unesco afirma que 774 millones de adultos en el mundo no saben leer ni escribir; la Cepal vaticina que el país podría no garantizar una enseñanza primaria universal en 2015; y  los expertos locales discuten si el nuevo Plan Nacional de Alfabetización cumplirá o no con las expectativas, millares de dominicanos como Emilia, Norca, Jorqui y Ramón dedican seis horas de la semana al aprendizaje de la lectoescritura y de las competencias básicas para un buen desempeño social, con la firme convicción de que alfabetizarse es lo mejor que les ha pasado en la vida.



"El que nada sabe, nada vale"

Ni un cáncer vaginal, ni deficiencias oculares; ni mucho menos las carencias económicas o 61 años a cuestas, pudieron evitar que Emilia Lara se encaminase hacia la cultura escrita.

A esta residente de uno de los intrincados callejones de La Zurza le pasó como a muchos de sus contemporáneos: a sus progenitores, también iletrados, no les interesó educarla en la escuela. Al respecto, la educadora especial del Centro de Orientación Psicológica y Educativa (COPE), Gabriela Auffant, opina: "Los padres analfabetos tienen hijos analfabetos, ya que no pueden ayudarlos adecuadamente ni pueden constituirse en el modelo apropiado de estudio. El analfabetismo crea un círculo vicioso, que se transmite de generación en generación".

Popularmente conocida como ‘Cristiana', esta mujer oriunda de Villa Altagracia admite haber confrontado múltiples problemas a causa del analfabetismo, sobre todo de índole económica, debido a que la población no letrada es supeditada tanto a trabajos con baja remuneración salarial, como a una productividad muy precaria.



Al rememorar los oficios ejercidos durante el paso de los años, Cristiana menciona que ha sido lavandera, trabajadora doméstica y costurera, pero enfatiza su experiencia como vendedora de cocos en Haití. "Cuando una amiga me hizo la propuesta, le dije a una vecina: ‘Me está pasando lo más grande', y ella me preguntó si se había muerto mi madre. Entonces, yo le respondí: ‘Es más grande que eso, ¡tengo que viajar y no sé firmar si no es con tres cruces!", comenta con voz hilarante sobre aquellos años mozos. Finalmente, después de practicar la escritura de su nombre durante un mes, logró signar su pasaporte y su cédula para viajar al vecino país.

A partir de esta y de otras experiencias, la hoy participante del Plan Nacional de Alfabetización "Quisqueya Aprende Contigo" comprendió que la educación es un derecho fundamental del ciudadano y que el analfabeto no cuenta con las herramientas necesarias para exigir sus derechos.



Por eso, cuando la facilitadora del Programa en La Zurza, Andrea Martínez, tocó sus puertas enarbolando el lema "Yo sí puedo" y la invitó al Núcleo de Aprendizaje de la comunidad, Emilia Lara la siguió sin pensarlo. De ese modo, Martínez, que es enfermera de profesión y educadora de vocación, no solo ha servido de guía para la alfabetización de Lara, sino de soporte durante su tratamiento contra el cáncer: al escucharla y aconsejarla, al inyectarle y suministrarle varios medicamentos, al prestarle unos lentes de aumento para la lectura y hasta al colarle un cafecito vespertino... No obstante, su mayor aporte ha sido inculcar en la sexagenaria el deseo de seguir estudiando y el hacerla parte de su familia a través de la alfabetización.

"Estoy como un niña en tiempo de Reyes"

Todo el que transita cerca de La Gallera, específicamente por el Callejón de Zoila en la Puya de Arroyo Hondo, ha degustado -o al menos se ha visto tentado a hacerlo- los famosos yaniqueques de ‘Dorca'. Su cédula de identidad, rubricada con tres cruces, revela que su nombre oficial responde al de Norca Montero Montero, que nació en El Cercado (San Juan de la Maguana) y que no sabe leer ni escribir.



Con 49 años, cuatro hijos y toda una vida como empleada informal, Dorca parece encajar en la siguiente descripción de la especialista educativa Gabriela Auffant: "Los analfabetos están expuestos a un mayor número de embarazos". La experta también abunda en la vulnerabilidad de este tipo de población ante las enfermedades de transmisión sexual, así como ante los problemas de salud e higiene, ya que se le dificulta seguir instrucciones, comprender las recetas y dar seguimiento a los tratamientos médicos.

Contra el escepticismo de muchos de sus vecinos que le decían: "¡Ay, Dorca! ¿Tú vas a dejar tu negocio para perder tiempo por ahí?", ella ya tiene tres meses alfabetizándose en el Núcleo de Aprendizaje de su zona; allí asiste "vestida apropiadamente, con el pelo suelto y con todos los libros y mascotas en un bultito". Ella se ha constituido, además, en la principal inspiración tanto de sus detractores iniciales y los iletrados que le rodean, como de sus hijos y nietos.



Al hablar de su experiencia en "Quisqueya Aprende Contigo" se le aguan los ojos y su voz se entrecorta: "Alfabetizarme ha sido lo mejor que me ha pasado. De hecho, estoy loca porque llegue el lunes para ir a clase, porque estoy muy motivada a seguir... Mi nieta está en la escuela y ya puedo ayudarla a hacer su tarea; antes no, ¡no sabía ni lo que era ‘a', ‘e', ‘i', ‘o', ‘u'!

Otro de los grandes incentivos para continuar con su proceso de formación, según explica esta aspirante a enfermera, es dejar de ser engañada en el pequeño tarantín de la pieza donde vive y desde donde vende provisiones al detalle. De acuerdo a Auffant, como entendida en la materia, el analfabetismo crea dependencia en los demás para llevar a cabo las actividades de la vida diaria, porque el iletrado precisa que los demás no se aprovechen de él. "No produzco mucho, pero he perdido un dinerito que necesito por no saber de letras", amplía Dorca.

"Todas los días saco mi momento libre para hacer las tareas. Si estoy cocinando, bajo el fuego y le digo: ‘Aguántate ahí', para ponerme a leer o a escribir", una expresión campechana de Norca Montero, que explica su irreversible camino hacia la inclusión social y el desarrollo de sus capacidades y oportunidades para elevar su calidad de vida.

"Cuando era analfabeto me sentía perdido..."

Después de recibir las descargas eléctricas del desfibrilador que restableció su ritmo cardíaco a los tres días de quedar inconsciente a causa de un accidente motorístico, Jorqui Ruíz, de 28 años, decidió convertirse en un hombre nuevo y dejar atrás el analfabetismo.

Oriundo de Salinas, Barahona, desertó de la escuela a muy temprana edad, porque se vio obligado a vincularse en el mundo laboral a través de la agricultura. Luego trabajó como ‘delivery' de un colmado y, posteriormente, se enganchó en la milicia -opción que fue truncada por su condición de iletrado-.



Hace cinco años que emigró del Sur profundo en busca de un mejor futuro tanto para él, como para la esposa y las dos hijas que todavía permanecen en su tierra natal. Contraproducentemente, su fuente de trabajo en la Capital ha sido -y es- el montoconcho, el medio de transporte que un día por poco le ciega la vida.

Como si de algo deshonroso se tratase, este joven, que es uno de los 39,292 egresados del Plan Nacional de Alfabetización "Quisqueya Aprende Contigo", se aleja de la parada de sus colegas motoristas en Camino Chiquito para confesar susurrante y cabizbajo: "He sentido vergüenza de ser analfabeto". Al parecer este sentimiento es común entre las poblaciones no letradas, según el Centro de Orientación Psicológica y Educativa (COPE) que indica: "Como el analfabeto no tiene acceso a informaciones básicas, se aísla socialmente y crea un sentimiento de vergüenza por ser incapaz de leer, escribir y realizar operaciones básicas simples, disminuyendo así su autonomía, autoestima y seguridad en sí mismo".

Previo a que la facilitadora de su barriada (Los Cerros de Doña Luisa) lo integrase a un Núcleo de Aprendizaje, Jorqui trabajaba en el motor gracias a su memoria fotográfica. "Para llegar a los lugares me orientaba grabando cada dirección primero. Si algún pasajero venía buscando una dirección que yo no conocía, le decía que no estaba disponible y que se montase con otro motoconchista que estuviese desocupado. Así que, por no saber de letras, perdí muchos clientes...", dice.



Cuando la educadora Ileana de la Cruz lo convenció de entrar al Plan, el hoy alfabetizado pensó: "¡Qué apuro que me vean tomando clase con los viejos, pero no puedo llevarme de eso, porque yo no sé nada y si aprendo algo me voy a superar... Y así lo hice hasta que me gradué". Hasta su alfabetizadora reconoce que este pupilo fue uno de los más destacados de su clase y aspira no solo a que él se siga educando, sino a que todos los iletrados se alfabeticen en este proceso de movilización social nacional en el que contribuye: "Más que por la remuneración que le puedan dar a uno, por la satisfacción que se recibe al enseñar a leer y escribir".

De su lado, Jorqui aspira a acceder al programa de postalfabetización que desarrollará el Programa en una segunda fase, para formarse en el futuro como técnico o profesional. Mientras tanto, este joven ya puede enviar y recibir mensajes de texto vía telefónica, cosa que le era imposible al pertenecer a la población no letrada; sobre este fenómeno el COPE explica: "El analfabetismo impide la inserción de la persona en la era digital, dificultando aun más su adecuada participación en la sociedad moderna".

"Cuando uno no sabe de letras, le teme a los que saben"

"Nadie quiere caer preso, pero me siento feliz de que aprendí a leer y escribir en la cárcel", reflexiona Ramón Evangelista, desde su casa enclavada en el barrio Los Chinchilines de Fantino. Ingresó en el Centro Penitenciario Palo Hincado de Cotuí con ocho meses de condena sobre sus hombros y regresó a la libertad -condicional- con un certificado del Plan Nacional de Alfabetización bajo el brazo y con todo el deseo de seguir estudiando para superarse junto a su familia.



De acuerdo con la educadora especial Gabriela Auffant: "Como el analfabetismo causa dificultades en el ámbito social, ya que limita la participación de los individuos en la vida comunitaria y política, tiende a aumentar el involucramiento de estos en actividades delictivas". En tanto, "Quisqueya Aprende Contigo", en su obligación constitucional de incluir a todo dominicano con deseos de aprender, independientemente de sus circunstancias, registra en el proceso de alfabetización a 1,666 personas iletradas e internas (dentro de una población de 3,376) y a 209 alfabetizadores distribuidos en 19 recintos penitenciarios del país, conforme a estadísticas suministradas por la Digepep.

No obstante, para este hombre de 36 años que se dedica a la construcción desde hace dos meses, estudiar junto a 700 internos no fue fácil. "Los compañeros de celda me decían: ‘No te pongas a estudiar, tú no va' a llega' a na'... ¡y mucho menos preso!'. Entonces, me invitaban a hacer ejercicio, a jugar dominó o cartas; me escondían los libros y hasta me gastaban las hojas de las mascotas, pero aun así yo no comía cuento con mis clases y mis tareas". Una vez excarcelado, Ramón todavía visita a los amigos que dejó en prisión y los incentiva a que sigan estudiando, pues cuando estaba allí inspiró a varios y "era de los que los buscaba por todos los rincones, diciéndoles: ‘¡Vengan, bajen! La profesora ya llegó y nos va a pelear si llegamos tarde".

Que aprender no pesa, lo aprendió a golpe y porrazo. Desde haber viajado ilegalmente a territorio norteamericano y haber dormido en un parque por elegir la parada equivocada en un tren urbano, hasta ser incapaz de anotar las medidas y los materiales a utilizar en el revestimiento de un mueble cuando laboraba en una tapicería de su terruño, pasando por lo mucho que lo engañaron cuando montó una fritura, forman parte de las anécdotas de este ex iletrado.



"Mi madre era cristiana y antes de morir me llevaba con ella a todos los cultos. De aquella, soñaba con ser Pastor...", narra Ramón, mientras los recuerdos de su niñez le invaden. Hoy día, este hombre no solo acude a la iglesia y lee la Biblia, sino que confiesa que al escudriñar la Palabra se siente más libre que nunca y con ganas de seguir hacia adelante.

El A, B, C de futuros alfabetizados y alfabetizadores para entrar a "Quisqueya Aprende Contigo"

A) Todo aspirante a participar en el Plan Nacional de Alfabetización puede hacerlo en calidad de persona, de organización voluntaria (universidad, organización de base social, ONG, organización basada en la fe), de empresa y de entidad estatal.

B) Tanto el alfabetizador como el futuro alfabetizado podrán integrarse al Plan al acercarse a la Junta Municipal de Alfabetización de su municipio, localidad u organización (religiosa, social, empresarial...), para ser incluido en la calidad correspondiente. En el caso del facilitador se requerirá que al menos sean bachilleres y, luego de conformar su correspondiente Núcleo de Aprendizaje, será capacitado para tales fines en un programa y con un contenido preestablecido.

C) Para el registro vía electrónica se puede acceder a:

Plan Nacional de Alfabetización "Quisqueya Aprende Contigo"
Ministerio de Educación República Dominicana (Minerd)
Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT)
Presidencia de la República Dominicana
                                                                                                                                  Mientras que para el registro telefónico, los números disponibles son: 809.688.9700 y 1.809.200.1000