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Las Parras
Las Parras

VIDEO | Del martirio a la calma diaria: así es la vida de los presos trasladados a Las Parras

Algunos internos del centro narran cómo ya no temen por sus vidas ni duermen en el suelo desde que fueron trasladados

Familiares también resaltan el cambio y la tranquilidad que sienten

Hipólito Feliz lleva diez años preso, es cristiano evangélico y ahora habla sin gritar, no porque le falte energía, sino porque ya no tiene que competir con el ruido. Como recordó, en la Penitenciaría Nacional de La Victoria el silencio no existía. 

"Eso era una bomba de tiempo", dice. Allí vivía "entre la vida o la muerte", rodeado de violencia, drogas y camas que no siempre estaban garantizadas. El que no tenía una, estaba "tres veces preso": era el último en acostarse, el primero en levantarse, y dormía en el piso mientras otros le pasaban por encima.

Hoy, sentado junto a su esposa en el Centro de Corrección y Rehabilitación Las Parras, durante una visita rutinaria, Hipólito resume el cambio con una frase que repitió cuatro veces: "Esto es del cielo a la tierra".

No todo es perfecto. Está más lejos de su familia y las visitas se han vuelto más duras para quienes vienen desde la ciudad. Pero, aun así, cuando habla del interior del recinto, vuelve a la misma idea: tranquilidad, higiene y orden. 

"Aquí nosotros respiramos aire fresco", afirma. Tiene cama, comida, agua y un ambiente donde, por primera vez en mucho tiempo, no siente que su vida corre peligro.

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Tiempo de visita en la cárcel Las Parras. (NEAL CRUZ/DIARIO LIBRE)
""Antes eso era una bomba de tiempo y uno vivía entre la vida y la muerte (...) Aquí nosotros respiramos aire fresco y ya nadie tiene miedo de morir""Hipólito FélizInterno en Las Parras

Las visitas

Afuera, antes de que empiece la visita, esa tranquilidad también se nota y contrasta con el caos y el ambiente tenso que se respiraba en La Victoria los días de visita.

La entrada está pautada para las 9:00 de la mañana, pero desde las 8:00 ya hay gente esperando. La mayoría son madres, esposas e hijas que en las manos cargan cédulas, medicamentos, fundas con ropa y dinero que no podrán entregar directamente a sus presos. Ellos no reciben efectivo

El dinero para sus familiares se deja en administración y llega a los internos en forma de tickets, de manera controlada. En La Victoria, según cuentan, el efectivo circulaba y con él la corrupción.

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Así es una celda en el Centro Correccional Las Parras. (NEAL CRUZ)

Mujeres tranquilas

Las mujeres se muestran con menos tensión en el rostro. Ya no hay gritos ni los típicos empujones de "la vieja cárcel" durante las visitas.

"Esto es una maravilla", dice Ana Gertrudis Santos, madre de un interno. Su hijo estuvo seis años en La Victoria y, según cuenta, allí lo golpeaban con frecuencia, lo "ponían en la plancha" y lo maltrataban. 

Para Ana Gertrudis, cada visita para ver a su hijo en La Victoria se empañaba porque implicaba dinero extra: pagos para sacarlo de castigos y pagos para sobrevivir

"Cada vez que yo llevaba dinero, a los cinco minutos había que buscar más", recuerda casi llorando.

Desde que fue trasladado a Las Parras, según narra, su hijo está diferente. "Mi hijo se ha limpiado", afirma. Trabaja en la cocina, se porta bien y está tranquilo. Le faltan cuatro meses para salir. 

Ese mismo alivio lo siente Ana Gabriela Jiménez cuando habla de su padre, Carmona Jiménez. Lo ha visitado dos veces en Las Parras y la diferencia la notó desde la primera conversación. 

Antes, en La Victoria, siempre había problemas, conflictos y tensión que la mantenían intranquila por la integridad de su papá. Ahora Carmona le dice que se siente cómodo, que el trato es mejor y que el ambiente es tranquilo

Con una caja de pastillas para controlar la presión arterial de su padre, Ana Gabriela dice que el proceso es más claro en Las Parras. Aquí le informan cuándo puede llevar ropa, qué días y cómo hacerlo. En La Victoria, como cuenta, muchas veces no la dejaban pasar y tenía que devolverse con todo. Aunque la distancia es mayor y el traslado sigue siendo un esfuerzo, su experiencia es distinta. 

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Fila de familiares allegados en la recepción de Las Parras para visitar a los presos. (NEAL CRUZ)
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Tiempo de visita en la cárcel Las Parras (NEAL CRUZ)

Dentro del recinto, Franklin Sánchez, preso desde hace cinco años, confirma ese contraste. Explica que en Las Parras hay agua, comida, camas para todos e higiene. No hay vicios ni jerarquías informales como en La Victoria.

"Aquí somos todos iguales", dice. Nadie alquila camas, nadie duerme en el suelo y la convivencia es pacífica, sin drogas y sin los conflictos constantes que marcaban el día a día en el antiguo penal. Aquí, dice, se vive bajo supervisión y con normas claras.

Logística en Las Parras

Ese orden que se percibe afuera y adentro no es casual. Amauris de Jesús Soriano, subdirector de seguridad del centro, explica que el cambio de La Victoria a Las Parras es notable y, aunque dice que al principio la transición fue incómoda, con el tiempo los propios presos fueron adaptándose.

Actualmente, el recinto alberga alrededor de 600 privados de libertad trasladados desde La Victoria y otros centros preventivos, aunque en esta primera etapa está preparado para recibir más de 2,400 internos.

El centro cuenta con consultorio médico, servicio de odontología, cámaras de vigilancia en todas las áreas y un sistema de control que, según explica, ha influido en que los propios internos "moldeen su conducta".

Durante las visitas, el dinero no se entrega en efectivo. Los familiares lo depositan en recepción y la administración lo controla mediante tickets, un sistema que busca evitar los cobros ilegales que marcaban la vida cotidiana en La Victoria

Los sábados, además, se permiten visitas de niños —hijos y nietos— en un área infantil habilitada como parque, mientras que una cafetería funciona en horario de visita para evitar la arrabalización en los alrededores del centro.

La distancia

En comparación con La Victoria, el nuevo centro de Las Parras queda relativamente más lejos y está ubicado en un espacio más alejado de la gente, lo que provoca que el traslado de los familiares visitantes se complique.

La gente que vive lejos de Las Parras, como Ana Gertrudis, tiene que destinar alrededor de 600 pesos cada vez que acude a la cárcel a visitar a sus presos, dependiendo la distancia.

El dinero para el costoso pasaje, como narra la señora, debe ahorrarse con tiempo porque se suma a otros gastos como la comida, algún medicamento o ropa.

Esther Batista, la esposa de Hipólito Féliz, vive cerca del puente de La 17 y sus domingos empiezan a las 5:00 de la mañana para poder acudir puntual a la visita de las 9:00. Se queja también de la distancia, pero se siente aliviada cuando sabe que, aunque debe destinar mucho dinero para los pasajes y recorrer un largo camino, su pareja tiene la vida asegurada fuera de violencia o peleas.

"Ahora yo estoy tranquila", afirma asegurando que antes no dormía tranquila pensando que en cualquier momento recibiría la noticia de que mataron a Hipólito en alguna pelea.

Hipólito y los demás internos ya duermen tranquilos. Sus esposas, padres e hijos ya no tienen que destinar hasta 6,000 por dormir en una cama.

Los reos ahora saben que, durante su condena en el centro correccional en Las Parras, no será arropados por el mismo martirio y el peligro de muerte que se respiraba constantemente en La Victoria y que convertía su condena en un conteo de sus días vivos.  

Más áreas habilitadas en 2026

En noviembre del 2025, el director de Prisiones, Roberto Santana Sánchez dijo que, desde inicios de aquel mes, el personal administrativo y de seguridad del sistema penitenciario ocupa el CCR-Las Parras, poniendo a funcionar sus diferentes áreas en preparación para recibir los internos hasta una cantidad de 2,400.Esto equivale a que dos, de los cinco cuadrantes del recinto, entrarán en funcionamiento. "Este proceso nos sirve además como un gran piloto y esperamos que los tres restantes puedan ser entregados en el transcurso del 2026", dijo.

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Periodista dominicano. Escribe sobre temas legislativos y políticos.