Jorge Armando Peña: la vida después del diagnóstico
Con 22 años, transforma una batalla contra el cáncer en un proyecto deportivo, entre la ciencia médica y la fe

A los 19 años, cuando su vida transcurría entre estudios universitarios y entrenamientos de fútbol en Estados Unidos, Jorge Armando Peña sintió que algo no estaba bien. Lo que parecía una molestia pasajera en la pierna terminó siendo el inicio de una batalla que redefiniría su destino.
"Me levanté un día... y la pierna me dejó de funcionar totalmente", recuerda sobre el momento que marcó el quiebre.
Hasta entonces, su historia respondía al perfil de un joven enfocado en el deporte. Había salido de República Dominicana a los 15 años para jugar soccer y cursar Administración de Empresas en Iowa, en una universidad de Estados Unidos.
Pero aquella mañana en la que cayó dos veces al intentar caminar fue la primera señal de alerta. Aunque recibió terapias por una supuesta lesión muscular, su intuición le decía que algo más grave estaba ocurriendo.
Un mes después, sin mejoría, decidió regresar al país. Tampoco aquí encontró respuestas definitivas. "No me sentí conforme... no me dio la paz que yo necesito", explica.
La inquietud lo llevó de nuevo a Estados Unidos, donde en menos de 20 minutos recibió el diagnóstico que cambiaría todo: osteosarcoma en etapa 4, un cáncer de hueso agresivo que afecta principalmente a jóvenes.
El tratamiento fue inmediato y exigente. Más de 22 sesiones de quimioterapia en apenas 10 meses y una cirugía de más de 12 horas para reconstruir su pierna izquierda marcaron el proceso. Hoy, esa extremidad es en un 90 % de titanio.
Nuevo comienzo
"Tuve que aprender a caminar", afirma, al resumir un proceso de rehabilitación que implicó terapias diarias y una disciplina constante.
El impacto emocional fue igual de intenso. "Me sentí como ahogado", admite sobre el momento en que recibió el diagnóstico de aquella cruel enfermedad.
A sus 22 años, se encuentra en el segundo año de remisión, aún bajo seguimiento médico cada tres meses. Aunque el proceso no ha terminado, su mirada está puesta en lo que viene:
- "Hoy en día el destino cambió... Dios me abrió otras puertas", afirma, convencido de que su vida, ahora, se juega en otro terreno.
"Los jóvenes no se pueden rendir... uno no sabe la batalla que va a tener en el futuro", confiesa con dejo de motivación.

Elina María Cruz