Se vende inocencias en el barrio Villa Juana y ensanche Espaillat
Niñas rescatadas reciben asistencias de las autoridades judiciales

Santo Domingo. Las muchachas comienzan a llegar poco antes de la medianoche, con sus griteríos, sus cinturas al desnudo y sus caras de abandono.
Algunas toman cerveza en un colmadón y luego, si tienen ¿suerte?, se van con algún cliente. Así es en las calles Central, del Ensanche Espaillat, y la Mauricio Báez casi esquina María Montez, en Villa Juana. "La Duarte está ahora aquí", comenta Tomás Acosta, un comerciante del Espaillat.
Las adolescentes que se prostituyen en Villa Juana oscilan entre los 10 y los 18 años, y muchas ya no viven con sus padres. De ese grupo eran, según vecinos del barrio, las niñas que vivían con Ángel Alcides Richardson, quien está bajo prisión preventiva desde febrero pasado, acusado de proxenetismo.
Cinco de las muchachas que convivían con Richardson en un cuartucho de madera están "bajo inventario" de la Fiscalía. Esto significa que las autoridades obligan a los padres a hacerse cargo de sus hijas y a llevarlas a los programas de asistencia psicológica y legal.
Otras, con menos suerte, todavía se prostituyen en el mismo lugar. Mientras que en la calle Central, del Espaillat, se vendían hasta hace poco, según supo DL, algunos de los ocho menores que vivían con Víctor Manuel García, otro supuesto proxeneta que también ha sido detenido.
Ayer en la mañana, una muchacha caminaba por esa vía y un vecino comentó, mientras la señalaba: "Es más mujer que cualquiera de cuarenta".
Ella no niega que alguna vez se ha ido con hombres a cambio de dinero, mas no se considera prostituta.
"Mi papá no se ocupa de mí", se justifica.
Algunos ven a estas niñas como culpables del desorden de las calles. Cuando aún se discutía el caso del supuesto proxeneta del Espaillat, un dirigente comunitario se acercó a una de las ayudantes fiscales para contar que las adolescentes se ofrecían a los hombres.
"Por 50 pesos le hacen el sexo oral a cualquiera", relató el hombre, quien considera que las muchachas "asaltan" a los transeúntes. Entre tanto, la fiscal Rita María Durán se lamenta de que no cuenta con locales para ubicar a las víctimas del proxenetismo.
Rmendez@diariolibre.com
Algunas toman cerveza en un colmadón y luego, si tienen ¿suerte?, se van con algún cliente. Así es en las calles Central, del Ensanche Espaillat, y la Mauricio Báez casi esquina María Montez, en Villa Juana. "La Duarte está ahora aquí", comenta Tomás Acosta, un comerciante del Espaillat.
Las adolescentes que se prostituyen en Villa Juana oscilan entre los 10 y los 18 años, y muchas ya no viven con sus padres. De ese grupo eran, según vecinos del barrio, las niñas que vivían con Ángel Alcides Richardson, quien está bajo prisión preventiva desde febrero pasado, acusado de proxenetismo.
Cinco de las muchachas que convivían con Richardson en un cuartucho de madera están "bajo inventario" de la Fiscalía. Esto significa que las autoridades obligan a los padres a hacerse cargo de sus hijas y a llevarlas a los programas de asistencia psicológica y legal.
Otras, con menos suerte, todavía se prostituyen en el mismo lugar. Mientras que en la calle Central, del Espaillat, se vendían hasta hace poco, según supo DL, algunos de los ocho menores que vivían con Víctor Manuel García, otro supuesto proxeneta que también ha sido detenido.
Ayer en la mañana, una muchacha caminaba por esa vía y un vecino comentó, mientras la señalaba: "Es más mujer que cualquiera de cuarenta".
Ella no niega que alguna vez se ha ido con hombres a cambio de dinero, mas no se considera prostituta.
"Mi papá no se ocupa de mí", se justifica.
Algunos ven a estas niñas como culpables del desorden de las calles. Cuando aún se discutía el caso del supuesto proxeneta del Espaillat, un dirigente comunitario se acercó a una de las ayudantes fiscales para contar que las adolescentes se ofrecían a los hombres.
"Por 50 pesos le hacen el sexo oral a cualquiera", relató el hombre, quien considera que las muchachas "asaltan" a los transeúntes. Entre tanto, la fiscal Rita María Durán se lamenta de que no cuenta con locales para ubicar a las víctimas del proxenetismo.
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