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Sentencias de 9 y 12 años en caso de Wendy's

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Sentencias de 9 y 12 años en caso de Wendys
CALIFORNIA.- Un hombre y una mujer que colocaron un dedo en un plato de comida para tratar de chantajear a la cadena de restaurantes Wendy's fueron condenados el miércoles a 12 y nueve años de cárcel respectivamente.

Anna Ayala, de 40 años, quien dijo que había mordido inadvertidamente el dedo, fue sentenciada a nueve años, mientras que su marido, Jaime Plascencia, de 44, deberá pasar más de 12 años en la cárcel. Plascencia fue quien obtuvo el dedo, que perdió un compañero de trabajo en un accidente laboral.

Plascencia y Ayala se habían declarado culpables de conspirar para presentar una demanda falsa y de intento robo, con daños calculados en más de 2,5 millones de dólares.

Ayala sostuvo que sintió náuseas el 22 de marzo pasado al ponerse en la boca un dedo que estaba en su plato cuando comía con su familia en un restaurante de Wendys en San José.

Si bien las autoridades sospecharon de inmediato que se trataba de una farsa, en parte porque el dedo no parecía cocinado, la noticia del episodio dio vuelta al mundo. La cadena de comidas rápidas sostuvo que perdió ingresos por valor de 2,5 millones de dólares debido a la publicidad negativa y licenció a decenas de empleados en el norte de California.

Ayala fue detenida en abril en su vivienda de un suburbio de Las Vegas. Los investigadores comprobaron que había demandado a varias empresas en su nombre o el de sus hijos.

Luego de una prolongada pesquisa, se comprobó que el dedo pertenecía a un compañero de trabajo de Plascencia, quien lo había perdido en un accidente laboral, según la policía. Ambos trabajaban para una compañía de pavimentación.

Plascencia le compró en 100 dólares la punta del dedo anular de su mano derecha a Brian Rossiter e incluso le comentó lo que estaban tramando él y su esposa, de acuerdo con las autoridades. Rossiter le dijo a la policía que posteriormente la pareja le había ofrecido 250.000 dólares para que guardase el secreto.

Las autoridades dijeron haber grabado una conversación telefónica desde la cárcel, en la que Ayala se vanaglorió de que otros reclusos le estaban pidiendo autógrafos.