Dos años buscando a Ana Iris: una familia atrapada entre la incertidumbre y la espera
La familia Abreu enfrenta el dolor de la desaparición de su madre, con episodios de ansiedad y depresión
Evelyn Abreu fundó una asociación para apoyar a otras familias que viven la misma angustia por la desaparición de sus seres queridos

Dos años pueden parecer poco tiempo. Pero cuando cada día transcurre sin una respuesta sobre el paradero de un ser querido, el tiempo adquiere otra dimensión.
Para los hermanos Abreu, la espera se ha convertido en una eternidad marcada por la incertidumbre, las búsquedas incesantes y una pregunta que nadie ha podido responder: ¿Dónde está Ana Iris Román Martínez?
A sus 54 años, Ana Iris desapareció tras salir de su vivienda en Herrera, Santo Domingo Oeste, con destino a la casa de su padre, en Los Alcarrizos. Nunca llegó, y desde entonces, sus hijos no han dejado de buscarla, mientras exigen que la investigación avance y que el caso no quede en el olvido.
Este fin de semana se cumplieron dos años de su desaparición, un aniversario que llega sin respuestas y con varias líneas de investigación que, según la familia, continúan pendientes.
"No hemos vuelto a ser los mismos"
La desaparición de Ana Iris cambió la vida de toda la familia, pero especialmente la de sus hijos.
En una entrevista concedida a Diario Libre, la periodista Evelyn Abreu, hija de Ana Iris, reconoció que durante estos dos años tanto ella como sus hermanos han enfrentado episodios de depresión, ansiedad y ataques de pánico, una realidad de la que nunca antes había hablado públicamente.

Explica que el dolor se renueva constantemente con la llegada de las fechas especiales. Su cumpleaños, el Día de las Madres y el aniversario de la desaparición ocurren con pocas semanas de diferencia.
"Tú quieres salir a flote, pero no terminas de levantarte y ya viene otro aniversario que te recuerda que no la tienes", dijo Evelyn con tristeza.
Para Evelyn, el impacto psicológico que enfrentan los familiares de personas desaparecidas es una realidad de la que poco se habla.
"Los familiares también somos víctimas y muchas veces el sistema de justicia termina revictimizándonos".
Su hermano, Tony Abreu, describe ese mismo dolor desde otra perspectiva. Recuerda que vivía a pocas cuadras de su madre y que era parte de su rutina visitarla casi todos los días.
"Yo siempre estaba con ella. La visitaba a diario y muchas veces comíamos juntos", declaró.
El último recuerdo que conserva de Ana Iris es una conversación la noche antes de su desaparición. Hablaron como de costumbre y quedaron de verse al día siguiente.

Esa mañana comenzó a llamarla y a escribirle por WhatsApp después de enterarse de que había salido de la casa.
Recuerda que durante las primeras horas los mensajes todavía eran enviados, pero alrededor de las 11:00 de la mañana el teléfono dejó de recibirlos.
"Ahí fue cuando entendí que algo había pasado", dice.
Dos años después, asegura que la incertidumbre sigue marcando su vida cotidiana.
"Todos los días, cuando me levanto, pienso en eso. Me pregunto: '¿Dónde estará mi madre?'. Y cuando me acuesto también pienso en ella".
Un expediente que, según la familia, vuelve a empezar
La frustración de la familia no se limita a la falta de respuestas. Justo el día que se cumplían dos años de la desaparición, las autoridades contactaron a los familiares para informarles que un nuevo equipo asumiría la investigación.
Lejos de generar tranquilidad, la noticia aumentó la incertidumbre, pues es la tercera vez que cambian el personal.
Evelyn considera que la constante rotación de investigadores impide que los casos avancen, porque "cada vez que llega alguien nuevo hay que volver a contar toda la historia".
Las pistas que siguen esperando
Desde los primeros días de la desaparición, Evelyn obtuvo el registro de llamadas del celular de su madre e identificó una comunicación recibida la noche anterior desde el número de una expareja.
Aunque aclara que nunca acusó a esa persona, asegura que pidió que esa línea fuera investigada, pero, según la familia, no fue agotada. También sostiene que la última ubicación del teléfono fue en la comunidad Los Almendros, en Monte Plata, donde una unidad canina de la Policía marcó un punto de interés antes de que la búsqueda fuera suspendida. "Solo pedimos que retomen esas investigaciones y esclarezcan el caso", expresó.
De buscar a su madre a acompañar a otras familias
La búsqueda de Ana Iris llevó a Evelyn a fundar la Asociación Dominicana de Familiares de Desaparecidos (Asodofade), una organización que hoy brinda apoyo a personas que atraviesan la misma incertidumbre.
Lo que ha encontrado en ese camino la ha convencido de que el problema trasciende su historia personal.
"Lo que más me ha marcado es descubrir que a las familias no les ayudan y que no hay una intención real de resolver los casos, expresó".
Afirma que la asociación acompaña familias con expedientes de hasta 15 años sin resultados. "No se le puede decir a una familia después de diez o quince años que todavía se está investigando. Eso demuestra que hay un patrón que se repite".

La esperanza de encontrarla
A pesar del paso del tiempo, los hermanos Abreu aseguran que no han perdido la esperanza de conocer la verdad. Tony dice que, si pudiera volver a ver a su madre, no necesitaría pronunciar muchas palabras.
"No habrían palabras. Lo primero sería darle un abrazo muy fuerte", aseguró.
Explica que él y otros miembros de la familia han recibido ayuda psicológica para intentar sobrellevar el proceso, aunque reconoce que el dolor sigue presente. Evelyn, por su parte, envía un mensaje a cualquier persona que pueda conocer lo ocurrido con su madre.
Y después de dos años, su mayor anhelo sigue siendo el mismo: "Nosotros queremos justicia, pero también queremos encontrarla. Yo no me quiero ir de este mundo sin saber qué pasó con ella".
Mientras el expediente cambia nuevamente de manos y la investigación promete reiniciarse una vez más, la familia Abreu continúa esperando una respuesta que lleva dos años sin llegar. Una respuesta que no solo podría esclarecer la desaparición de Ana Iris Román Martínez, sino también poner fin a una incertidumbre que, para sus hijos, parece no tener fecha de vencimiento.


Yari Tapia