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TL.-Turismo Libre

Huésped habitual de hoteles se queja de trato

Gracias a los atractivos naturales que adornan este país y a la hospitalidad que caracteriza a su gente, la República Dominicana ha podido convertir el turismo en esa locomotora económica de la que siempre se habla. Esa industria sin chimeneas -como también se le denomina al turismo- depende en fundamental medida de los visitantes que llegan a esta media isla procedentes de todos los lugares del mundo. Nadie pretende restar importancia a este incontrovertible y necesario hecho. Pero por esa trascendencia no se puede menospreciar el lugar que ocupa la afluencia a los hoteles de los turistas nacionales, quienes, en ocasiones pagan incluso más que los que nos visitan de allende a los mares. Por esa razón es que me indigna que ocurran situaciones como la que relata esta lectora en su carta:

Estimada Periodista:

Mi nombre es Yulissa Carrasco, vivo en el Sector Los Alcarrizos y viajo por todo mi país con mucha frecuencia por cuestiones de trabajo y también por vacaciones.

Tenemos un país bello en verdad, con mucha fauna bonita y unos ambientes naturales únicos, y he disfrutado de todo eso alojándome en hoteles, villas y demás centros turísticos, donde a veces el servicio es excelente, pero otras no lo es.

A continuación paso a contarle algunas situaciones en las que me he visto envuelta, han ocurrido cerca de mí o las he escuchado de boca de otros huéspedes. Por asunto de discreción prefiero no revelar el nombre de los hoteles

Mire, hace unos meses me fui al Este del país a cumplir con mis labores y me alojé en uno de los resorts de la zona donde me hicieron esperar cuatro horas para entregarme mi habitación, la cual no estaba lista al yo instalarme en la misma, pues el hotel se encontraba en reparaciones y no había pared divisoria entre el baño y el área de dormitorio. Tuve que pedir dos veces por teléfono que resolvieran el problema hasta que pusieron una sabana en el enorme espacio vacío. Afortunadamente la comida estuvo insuperable, pero la atención en el restaurante buffet era discriminatoria. A los turistas extranjeros evidentemente europeos y de piel blanca, casi los acosaban para ayudarles a llevar sus alimentos a la mesa escogida para sentarse, mientras que a un señor panameño, evidentemente latino, por el color de su piel y su acento, de esos que tienen todos los cuartos del mundo porque hicieron negocio con los gringos y les fue muy bien, se le volteo una taza de sopa encima mientras intentaba trasladar las bandejas de sus pequeñas hijas hasta sus asientos. Eso lo enojó muchísimo y a mí también.

Por eso le digo que no todo es color de rosa como lo pintan a veces las cadenas de resorts o las agencias de viajes y reservaciones de hoteles.

Felicito a este diario por su interés en abordar nuestro turismo y sus interioridades.

Muchas gracias.

Licda. Yulissa Carrasco.

Dirija sus preguntas a: acardenas@diariolibre.com

Annet Cárdenas