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Turismo y transculturación

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Turismo y transculturación
Muchos visitantes aprenden de la cultura de los anfitriones.

 En la actividad económica es donde más se ve el choque entre culturas, y si el desarrollo de una sociedad presupone dejar atrás algunos patrones culturales y adoptar otros, la transculturación debe ser un fenómeno positivo, en tanto implique desarrollo. Por Juan Lladó, especial para Diario Libre

En los años sesenta, el término "transculturación" era anatema. Los comunistas de la época se habían encargado de homologarlo con las lacras del capitalismo. Por eso la Revolución Cubana de entonces vilipendió al turismo como agente transcultural, al provenir los turistas de los imperios capitalistas que subyugan a los pueblos. Pero siempre que la ponderemos con ecuanimidad, la "transculturación" que se origina en el turismo es mucho más positiva que negativa.

El Larousse la define como el "proceso de transición por el que una cultura va adoptando rasgos culturales de otra." Sin embargo, el famoso antropólogo Malinowski amplia el concepto: "Es un proceso en el cual emerge una nueva realidad, compuesta y compleja; una realidad que no es una aglomeración mecánica de caracteres, ni siquiera un mosaico, sino un fenómeno nuevo, original e independiente". De ahí que una cultura no claudica frente a la otra. La criatura tiene insumos de ambos progenitores, pero también es distinta de los dos.

Para entender el fenómeno se debe ponderar lo que es "cultura" y lo que ésta representa. Cultura tiene cualquier sociedad o individuo, pues no es más que un amasijo de creencias, actitudes, usos y costumbres que influyen en la forma de pensar y actuar. (Ser "culto" tiene la diferente connotación de ser educado.) La transculturación, entonces, consistiría en la aparición de nuevos patrones culturales de conducta en base a los originales.

Si el desarrollo de una sociedad presupone dejar atrás algunos patrones culturales y adoptar otros, la transculturación es positiva en tanto implique desarrollo. Pero el famoso "efecto demostración" del turismo, al concretarse en conductas de los anfitriones que son aprendidas de los visitantes y de los operadores turísticos, no necesariamente se traduce en desarrollo. Aquí, no obstante, el impacto ha sido más positivo que negativo.

En la actividad económica es donde el choque entre culturas y su consecuente transformación de los patrones de conducta se ve más claramente. La nueva disciplina de la fuerza laboral que exigen las multinacionales hoteleras representa el cambio más drástico. Además de imponerse la puntualidad en medios aletargados por el calor tropical, también se impone la diligencia y presteza de los servicios. Porque esto implica una agilidad tipo alemana o japonesa, alterando el desgano que otrora dominaba esas prácticas, los efectos son modernizantes. Por osmosis y con efectos similares, todo el tinglado de suplidores locales de la industria turística se ve afectado al tener que cumplir con normas y estándares más exigentes.

Los empleados hoteleros de los departamentos de actividades son los más propensos a adoptar nuevos estilos de baile, de vestir y pensar. Pero los vendedores ambulantes, taxistas y todo el personal que tiene contacto con los visitantes extranjeros también son susceptibles. Al juzgar los cambios de conducta, se debe tener en cuenta que una cosa es que las prácticas del trabajo exijan puntualidad a los empleados de los resorts, otra que el comportamiento de desfogue de los huéspedes se traduzca en conducta licenciosa de los empleados. Eso no sería desarrollo.

Asimismo, aquellos que ven su lujuria estremecida por unos senos al aire de las turistas en la playa, pronto se acostumbran y ya no se inmutan por escenas similares que podrían encontrar cuando regresan a su medio rural. El activista simpático que se ve acosado constantemente por europeas o canadienses interesadas posiblemente se aburra cuando, en su propio medio ambiente, le sea requerido iniciar la comunicación y conducir a su consorte nacional hasta la cama.

Los alterados patrones de conducta social y económica no se limitan a lo reseñado. También el turismo tendrá un impacto sobre los sistemas gubernamentales y de apoyo en cualquier país anfitrión. Como resultado de su demanda por seguridad jurídica, por ejemplo, las autoridades anfitrionas tendrán que mejorar los servicios de la jurisdicción inmobiliaria y agilizar los procesos judiciales. Esa presión debe verse como positiva y desarrollista. De hecho el turismo impregna a la sociedad anfitriona con una visión del mundo globalizado y competitivo que solo puede eventualmente mejorar los niveles de bienestar de la población.

Las más aceptables críticas a la transculturación se concentran en lo relativo al medio ambiente y a los patrones culturales considerados "sagrados". En relación a lo primero hay que descartar a los turistas extranjeros porque tienden a tener niveles de conciencia ambiental superiores a los de la población local. Donde se delinque es a nivel del empresariado, al algunos empresarios irrespetar ecosistemas que son frágiles y vulnerables. Respecto a los patrones "sagrados" viene a la mente los aspectos religiosos y de pudor público. Cuando un turista se pasea con su torso desnudo por el Malecón de Santo Domingo, los locales se escandalizan. De igual modo cuando entra en bermudas o descalzo a una iglesia.

Sin duda el turismo cambia a los anfitriones. Las evidencias se ven tanto en la conducta económica como sexual, en las preferencias musicales y artísticas, en los patrones de vestir y hasta en la manera de conducirse en público. Pero al enjuiciar esos cambios tendremos que pensar también en el impacto de los medios masivos de comunicación (prensa, TV, web, etc.) y en los que generan los visitantes de la diáspora. Siempre será difícil precisar cual es la influencia predominante, aunque tal vez no la conducta nueva.

Al final, la política turística del país anfitrión debe definir cuáles patrones de conducta son deseables y cuales no. Para saberlo bastaría con ponderar los cuatro ejes de política que, según la OMT, hacen al turismo sostenible: "la planificación eficaz para la sostenibilidad; la maximización de los beneficios sociales y económicos para la comunidad local; el mejoramiento del patrimonio cultural; y la reducción de los impactos negativos sobre el ambiente". Chupe usted y déjeme el cabo.